Capítulo Décimo
Procedimientos para la extirpación de las cicatrices emotivas o maneras de adquirir un nuevo optimismo
Cuando el individuo es víctima de un daño físico, tal como un corte en el rostro, el mismo cuerpo forma tejidos cicatrizantes más tensos y espesos que la carne original. El propósito del tejido de la cicatriz consiste en formar una cubierta o concha que es el modo natural de proteger la herida contra otro daño que se pudiera ocasionar en el mismo sitio. Si un zapato mal conformado roza contra una parte sensitiva del pie, el primer resultado de la rozadura es de dolor y sensaciones molestas. Pero de nuevo la Naturaleza nos protege contra ulteriores dolores y daños mediante la formación de callos que son a modo de cubiertas protectoras
Estamos muy inclinados a hacer la misma cosa siempre que recibimos un agravio emocional, cuando alguien nos “hiere” o “nos frota a contrapelo”. Formamos cicatrices para autoprotección, nos sentimos muy aptos para llegar a ser duros de corazón, insensibles hacia el mundo y recogernos dentro de una corteza protectora
Cuando la Naturaleza necesita ayuda o asistencia Al formar los tejidos de las cicatrices, la Naturaleza tiene la intención de ayudarnos. No obstante, en nuestra moderna sociedad, los tejidos de las cicatrices, sobre todo si se nos forman en el rostro, pueden actuar contra nosotros en vez de desempeñar un papel que resulte en nuestro favor. Consideremos, por ejemplo, el caso de Mr George T., un joven abogado que tiene por delante un porvenir lleno de promesas. Era un individuo afable, lleno de amabilidad personal cuando, de pronto, sufrió un accidente automovilístico que le dejó una cicatriz horrible en medio de la mejilla izquierda, próxima al ángulo izquierdo de la boca. Ello parecía amenazarle el buen éxito de su carrera. Otro corte, precisamente encima del ojo derecho, le hacía elevar la ceja superior poniéndosela tensa cada vez que hablaba, de tal modo que le hacía cobrar una apariencia grotesca. Cada vez que se miraba en el espejo del cuarto de baño veía una imagen repulsiva. La cicatriz de la mejilla le produjo una risa perpetua de soslayo, o, como él se expresaba, que le había impreso un aspecto terrible. Después de haber abandonado el hospital, perdió su primer caso en los tribunales y estaba seguro de que su “terrible” y grotesca apariencia había influido en los jurados. Sentía que a sus viejos amigos les repelía y repugnaba ahora debido a su nuevo aspecto. ¿Era sólo imaginación suya el creer que incluso su propia esposa le rechazaba débilmente cuando la besaba? George T. Comenzó a abandonar los casos que le habían encomendado. También empezó a beber durante el día. Se hizo irritable, hostil y con algo así como si fuera un recluso
El tejido de la cicatriz del rostro le formó una correosa protección contra los futuros accidentes automovilísticos. Mas en la sociedad en que George vivía, los daños físicos que había experimentado en la cara no contribuirían a favor de su buena suerte
Se hizo más susceptible que nunca a las heridas sociales, a las injurias y a los diversos peligros en vez de constituir una protección de su persona
Si George hubiera sido un hombre primitivo y hubiese recibido las cicatrices faciales en un encuentro con un oso o un tigre furioso, estas mismas cicatrices habrían contribuido a hacerle más aceptable aun entre sus amistades. Inclusive en tiempos recientes los viejos soldados tenían a orgullo el mostrar sus “cicatrices de los combates”, y hoy mismo, en las ilegales sociedades de duelistas en Alemania, una cicatriz de sable constituye una señal de distinción
En el caso de George, la naturaleza tuvo buenas intenciones pero necesitaba una ayuda. Requería que le restaurasen su antiguo rostro extirpándole el tejido de la cicatriz y retornándole sus antiguos rasgos
Luego de la intervención quirúrgica el cambio que experimentó en su personalidad fue verdaderamente notable. Otra vez se convirtió en un hombre de buen carácter y lleno de confianza en su destino. Inmediatamente cesó de beber. Abandonó su actitud de lobo solitario, regresó a la sociedad y otra vez tornó a ser un miembro de la especie humana. En realidad, había vuelto a hallar una “nueva vida”
Esta nueva vida, sin embargo, había vuelto a surgir sólo indirectamente mediante la operación de cirugía plástica que se le aplicó en los tejidos físicos. El agente curativo real consistió en la extirpación de las cicatrices emocionales, la adopción de la seguridad contra las “heridas” sociales, la curación de los daños y agravios emotivos y la restauración de su autoimagen como miembro aceptable de la sociedad, lo cual en su caso, hizo posible la cirugía
Cómo las cicatrices emocionales alejan de la vida al individuo Hay mucha gente que posee cicatrices emocionales internas sin haber nunca padecido heridas físicas. El efecto que éstas producen en la personalidad es el mismo que en las heridas reales. Estas personas han sido agraviadas o heridas en el pasado por algún sujeto. Para resguardarse en el futuro de los agravios procedentes de esas fuentes se forman los callos espirituales o cicatrices emotivas con qué protegerse el ego. Estos tejidos cicatrizantes no sólo “protegen” a las víctimas que les causó el daño sino que también las “protege” contra todos los seres humanos, o sea, se erigen una muralla emocional a través de la cual no podrá pasar ningún amigo
Cierta mujer que había sido “agraviada” por un hombre, hizo el voto de no volver a confiar jamás en ningún varón. El niño cuyo cruel padre o maestro “le hace trizas” el ego, puede hacer la promesa de no tornar a fiarse de ninguna autoridad en el futuro. El hombre cuyo error ha rechazado una mujer, quizá se proponga no volver a apasionarse de ningún ser humano en el futuro
Como en el caso de una cicatriz facial, la protección excesiva contra la fuente original del agravio nos puede convertir en seres más susceptibles y, por lo tanto, más vulnerables al daño en otras áreas de nuestro espíritu. La muralla emocional que construimos como protección contra el daño que nos pueda hacer una persona determinada nos separa de los otros seres humanos y de nuestros egos reales. Como hemos señalado anteriormente, la persona que se siente solitaria o fuera de contacto con los otros seres humanos también se siente fuera de contacto con respecto a su ser real y a la propia vida
Las cicatrices emocionales cooperan en la formación de delincuentes juveniles El psiquiatra Bernard Holland ha señalado que aunque los delincuentes juveniles parecen ser sumamente independientes y tienen la reputación de mostrarse jactanciosos, particularmente con respecto al odio que suelen manifestar a cualquier autoridad, suelen protestar demasiado. Debajo de la dura concha exterior que ostentan, dice el doctor Holland, “son personas de vulnerables y blandas contexturas internas que desean siempre depender de otros individuos que se muestran más fuertes que ellos mismos”
Sin embargo, no pueden mantener estrechas relaciones con nadie porque tampoco se atreven a confiar en ningún ser humano. Alguna vez, en el pasado, fueron ofendidos por alguien a quien consideraban sumamente importante, y ahora no osan “abrirse”, para evitar volver a ser heridos. Permanecen constantemente manteniendo sus defensas psíquicas en situación de alerta, y, con el objeto de preservarse de ulteriores rechazamientos y dolores, suelen ser los primeros en atacar. De tal modo, se alejan de las personas que les amarían sinceramente si les dieran la mitad de una oportunidad para poder ayudarles
Las cicatrices emocionales crean una “auto-imagen” estropeada y repugnante Las cicatrices emocionales guardan, también, para nuestro ego otro efecto adverso: nos llevan al cultivo de una autoimagen estropeada, llena de cicatrices y repulsiva. Ello es, a la imagen de la persona que no gusta ni es aceptada por ningún ser humano y a la del individuo que no puede hallarse bien en el mundo en que vive
Las cicatrices emotivas provienen contra la vida creadora e impiden al hombre manifestarse libremente –así lo indica el Dr. Arthur W. Combs- “como individuo completo”. El doctor Combs, profesor de Psicología Pedagógica y consejero de la Universidad de La Florida, dice que el objetivo de cada uno de los seres humanos debiera consistir en convertirse “en individuo completo”. Ello, manifiesta, no es algo con que usted haya nacido sino algo que debe lograr. Las “individualidades completas” poseen las siguientes características: 1. Se ve a sí mismas como personas que gustan; poseen grandes capacidades y son queridas y aceptadas por todo el mundo
2. Poseen un alto grado de auto aceptación
3. Poseen un alto sentido de unión con el prójimo
4. Poseen un vasto “depósito” de informaciones y conocimientos
La persona marcada con cicatrices emocionales no sólo dispone de una autoimagen que la imposibilita para hacer nada, que no gusta ni es querida por nadie, sino que también es víctima de una imagen hostil del mundo en que vive. Su primera relación con el mundo está llena de hostilidad y sus tratos con el prójimo no se basan en el daca y toma, en la cooperación, en el trabajo conjunto, en el goce social, etc., sino en los conceptos de superar, de combatir y de protegerse. Tampoco es capaz de sentir caridad hacia nadie ni hacia sí misma. Las sensaciones de frustración, de agresión y de soledad forman el precio que paga por todo ello
Tres reglas para inmunizar los agravios emocionales 1. SEA DEMASIADO GRANDE PARA QUE PUEDA SENTIRME AMENAZADO Mucha gente se siente terriblemente ofendida por diminutos “picotazos”, o, como solemos decir en la “jerga” social, por cualquier “alfilerazo”. Todo el mundo conoce a alguien que, ya sea en el seno de la familia , la oficina o en el círculo de amigos, se muestra demasiado sensitivo y susceptible a las palabras y a los actos de los demás, de tal como que se halla constantemente en guardia tomando como ofensa cualquier acto o vocablo inocente que presencia u oye
Es un hecho psicológicamente bien conocido que la persona que se suele ofender con la mayor facilidad, posee también el grado más bajo de estimación propia. Nos sentimos ofendidos por aquellas palabras o actos que concebimos como amenazas a nuestro ego o a nuestra auto apreciación. Las supuestas amenazas emotivas, que resbalan desapercibidas por la sensibilidad de la persona que posee el conocimiento de su propia estimulación, producen, sin embargo, entre las personas descritas, terribles conmociones psíquicas. Incluso los punzazos y heridas reales que infligen terribles agravios al ego del individuo que posee un sentido de baja estimación, no causa ninguna mella al ego del sujeto que piensa bien de sí mismo. Es sólo el individuo que se siente indigno quien duda de sus propias capacidades, tiene pobre opinión de sí mismo y se siente celoso desde la punta del zapato hasta la copa del sombrero. Es la persona que duda secretamente de su propio valor y la que se siente insegura, la que ve amenazas hacia su ego donde no existen, la que suele exagerar y sobreestimar el daño potencial que le pueden producir las amenazas reales
Todos necesitamos cierta dosis de ego-sensibilidad y de flexibilidad para poder protegernos de las amenazas reales y supuestas que recaigan sobre nuestro ego. No sería prudente que todo nuestro cuerpo físico quedara cubierto completamente por una dura callosidad o una concha de tortuga. De esa forma, rechazaríamos los diversos placeres de las sensaciones. Pero nuestro cuerpo posee una capa de piel exterior, la epidermis, que nos ha sido dada con el propósito de protegernos de la invasión de bacterias, pequeñas hinchazones, magulladuras y pinchazos. La epidermis es lo suficientemente delgada y gruesa para ofrecernos protección contra las pequeñas heridas, pero no tan espesa y fuerte que pueda interferirnos todas las sensaciones. Mucha gente, sin embargo, carece de epidermis sobre su ego. Sólo posee la delgada y sensitiva piel interna. Estos individuos necesitan convertirse en sujetos de piel más espesa y emocionalmente más tensa, de tal modo que lleguen a ignorar simplemente las pequeñas heridas y las diminutas amenazas infligidas a sus egos
También necesitan formar su propia auto estimación, adquirir una autoimagen mejor y más adecuada a sus personas y a las circunstancias, de tal modo que no se sientan amenazados por alguna advertencia inoportuna o por cualquier acto inocente
Un hombre grande y fuerte no debe sentir pavor ante un pequeño peligro, pero un hombre pequeño sí se cree constantemente amenazado. Del mismo modo, un ego fuerte y sano y con plenitud de auto estimación, no se siente alarmado por la amenaza más débil
LAS AUTOIMAGENES SANAS NO EXPERIMENTAN FÁCILMENTE LAS “MARGULLADURAS”
La persona que siente amenazado su valor propio por una levísima alarma posee un ego débil y pequeño y muy escasa auto estimación. Es un sujeto concentrado en sí mismo, introvertido y de difícil trato que posee mucho de lo que llamamos “egotismo”
Mas no vamos a curar a un ego enfermo o más débil a través de la “autorrevelación”, quizás convirtiéndole en más egocéntrico todavía. La auto estimación es tan necesaria al espíritu como el alimento al cuerpo. La cura para el “autoconcentramiento”, la “introversión”, el “egotismo” y todos los males de este carácter que suelen ir juntos, consiste en el desarrollo de un ego sano y fuerte mediante la formación de una “alta- autoestima”. Cuando la persona posee adecuada auto estimación, los pequeños menosprecios no la amenazan en absoluto, pasan simplemente sobre ella y los ignora
Inclusive los agravios emocionalmente más profundos procura limpiárselos y sanárselos lo más rápidamente posible sin permitir que se extiendan sus venenos, le emponzoñen la vida y le destruyan la felicidad
2. CIERTA ACTITUD DE AUTOCONFIANZA Y RESPONSABILIDAD HARA AL INDIVIDUO MENOS SUSCEPTIBLE A LOS AGRAVIOS Como señaló el Dr. Holland, el delincuente juvenil posee, junto con la dura concha exterior, una personalidad blanda y vulnerable que quiere depender de algún otro individuo y también desea ser amado por el prójimo
Suelen decirme los vendedores profesionales que las personas que aparentemente oponen mayor resistencia a que les vendan, resultan ser, con frecuencia, clientes fáciles una vez que se consigue superar sus defensas. Esa clase de gente que suele poner carteles “prohibiendo la entrada a los vendedores” lo hace así porque sabe que es demasiado blanda y necesita protección
La persona de aspecto duro y sombrío suele manifestarse de esta manera porque, instintivamente, percibe que es tan blanda por dentro que necesita protección
La persona que posee ninguna o poca confianza en sí misma y se siente depender emocionalmente de otros individuos ofrece una gran vulnerabilidad o los agravios emotivos. Todo ser humano requiere afecto y cariño, pero el individuo lleno de confianza y además creador concibe también la necesidad de dar amor y se siente tan emocionado al darlo como al recibirlo. Nunca espera que le sirvan el amor en bandeja de plata. Tampoco siente la tremenda necesidad de que todo el mundo deba amarle y aprobarle. Posee la suficiente seguridad para el hecho de que a ciertas personas habrá de disgustar su presencia sin lograr nunca la aprobación de las mismas con respecto a su propia individualidad. Se da cuenta de que tiene cierto sentido de responsabilidad con respecto a su propia vida y se auto concibe, ante todo, como un individuo que actúa decide, da, y también camina en persecución de sus querencias con mucho más ardor que la persona que se muestra como recipiente pasivo de todas las cosas buenas de la vida
La persona dependiente y pasiva pone su destino a la disposición de los seres ajenos, las circunstancias y la suerte. La vida le debe el modo de vivir y las personas extrañas le adeudan, asimismo, consideración, aprecio, amor y felicidad. Se presenta ante el prójimo con demandas irrazonables y les reclama todos los bienes de que ella carece. Asimismo se siente hurtada, injuriada y ofendida al darse cuenta de que no es “una persona completa”. A causa de que la vida no está formada “de esa manera”, ella … busca lo imposible y se abandona a sí misma “abriéndose ampliamente” ante los agravios emocionales y a las injurias emotivas. Alguien ha dicho que la personalidad neurótica “estará siempre dándose de golpes” con la realidad
Cultive una actitud de mayor autoconfianza. Asuma responsabilidad en cuanto respecta a su propia vida y a las necesidades emocionales. Procure dar afecto, amor, aprobación, aceptación y comprensión a las otras personas y hallará que ellas se vuelven hacia usted en una especie de acción reflexiva.3. PROCURE ALIVIAR Y APARTAR DE SI LOS AGRAVIOS EMOCIONALES En cierta ocasión tuve un paciente que me hizo la siguiente pregunta: “Si la formación del tejido de una cicatriz constituye un proceso automático y natural, ¿por qué, entonces, el cirujano estético no procura formar un tejido de cicatriz cuando hace una incisión?” La contestación consiste en que si usted se corta el rostro y éste sana naturalmente habrá de formarse el tejido de la cicatriz debido a que existe un cierto grado de tensión en la herida, precisamente debajo de ella, el cual tira hacia atrás de la superficie de la piel y crea un “hoyo” que, para decirlo así, queda rellenado con el tejido de la cicatriz
Cuando opera un cirujano plástico, no sólo tira de la piel hasta ponerla en contacto con la sutura sino que también extrae una pequeña cantidad de carne de la que hay debajo de la piel de modo que no se produzca ninguna tensión. La incisión sana suave e igualmente y sin producir ninguna cicatriz superficial
Es interesante observar que acontece exactamente lo mismo en el caso de una herida de carácter emotivo: si ésta no presenta tensión, tampoco dejará ninguna cicatriz emocional que desfigure a la persona afectada
Usted se ha dado siempre cuenta de lo fácilmente que sus sentimientos son heridos “o causan ofensa”, cuando está sufriendo tensiones producidas, por frustración, miedo, cólera o depresión
Elaboramos toda clase de sentimientos o nos sentimos abatidos por la tristeza o se conmociona nuestra confianza a causa de alguna experiencia adversa. Pasa un amigo y nos dice algo de carácter jocoso. Nueve veces de cada diez es seguro que nos riamos de ello, que pensemos que es algo cómico, “que no pensamos nada acerca del asunto”, y naturalmente, le contestemos unas palabras llenas de buen humor. Pero no hoy. Hoy sufrimos las tensiones que nos producen la duda, la inseguridad y la ansiedad. Tomamos la broma, entonces, de manera equivocada, nos ofendemos y nos sentimos agraviados, y, en ese instante, comienza a formarse en nuestro ánimo una cicatriz emotiva
Esta simple y cotidiana experiencia nos ilustra muy bien al principio de que somos ofendidos y heridos emocionalmente no tanto por el prójimo no por lo que éste dice o deja de decir sino por nuestra propia actitud y nuestras mismas reacciones
El reposo mental alivia los golpes emocionales Cuando nos “sentimos agraviados” u “ofendidos”, “la sensación” concierne completamente a nuestra propia respuesta. De hecho el sentimiento que experimentamos es nuestra reacción
Son nuestras propias respuestas las que tienen que interesarnos y no las de las personas ajenas. Podemos ponernos en estado de aguda tensión, enfadarnos, sentir ansiedad o resentimiento y “sentirnos ofendidos”. O, al contrario, podemos también no experimentar respuesta alguna, quedarnos en reposo y no sentirnos agraviados. Los experimentos científicos han demostrado que es absolutamente imposible sentir miedo, ira, ansiedad o emociones negativas de cualquier clase cuando mantenemos los músculos del cuerpo en completo reposo. Tenemos “que hacer algo” para sentir miedo, ira o ansiedad. “Todo hombre es ofendido por sí mismo”, dijo Diógenes
“Nadie puede hacerme daño más que yo mismo”, dijo San Bernardo. “El agravio que sostengo lo llevo conmigo y nunca sufro más que mi propia falta”
Uno solo es el responsable de sus respuestas y reacciones. El individuo no tiene que responder a nada. El sujeto puede quedar en reposo y libre de toda injuria
El dominio del pensamiento crea una nueva vida para esta clase de personas En Shirley Center, en Massachussets, los buenos resultados obtenidos mediante los “grupos de psicoterapia” han superado por mucho –y en tiempo más corto- a los resultados que se obtuvieron a través del clásico psicoanálisis. Dos aspectos se señalan con especial énfasis: “Adiestramiento de grupo en el dominio del pensamiento” y los períodos de reposo cotidiano. El designio consiste en “la reeducación intelectual y emotiva, con objeto de hallar el camino que ha de conducir a una clase de vida que sea fundamentalmente exitosa y feliz”. (Winfred Rhoades, Group Training in Thought Control for Relieving Nervous Disorders”, Mental Hygiene, 1935)
Los pacientes, además de la “reeducación intelectual” y los consejos sobre el dominio del pensamiento, son enseñados a descansar extendiéndose en una posición cómoda mientras el director les describe un plácido “cuadro” hablando de alguna agradable y apacible escena campesina. Se les pide también a los pacientes que practiquen el reposo en casa cotidianamente y que procuren llevar consigo sentimientos de agradable calma durante todo el día
Cierta paciente, que halló en el centro una nueva forma de vivir, escribía: “Ya hacía siente años que estaba enferma y no podía dormir. Tenía ardiente temperamento
Era demasiado desgraciada para vivir con nadie. Durante años pensé que tenía un marido inservible. Cuando éste regresaba a casa, luego de haberse bebido un solo trago y el pobre estaba quizás luchando con su deseo, yo solía excitarme y emplear duras palabras logrando con ello que se emborrachara, en vez de ayudarle a su difícil lucha contra el vicio. Ahora no diga nada y me mantengo en calma. Eso le ayuda y hace que nos llevemos mejor. En realidad, yo vivía mi vida de manera contraria a como debía vivirla. También solía exagerar los pequeños contratiempos. A veces sentía deseos de suicidarme. Cuando comencé a venir a clase, llegué a percibir muy pronto que no era precisamente el mundo el culpable de cuanto me sucedía. Ahora estoy más sana que durante toda mi vida anterior y me siento también mucho más feliz. En los tiempos pasados nunca reposaba incluso ni en el sueño. Ahora tampoco me muevo tanto por todas partes como antes solía hacerlo, y aunque suelo hacer la misma cantidad de trabajo me canso muchísimo menos”
COMO EXTIRPAR LAS VIEJAS CICATRICES EMOCIONALES Podemos preveniros e inmunizarnos contra las cicatrices emocionales mediante la práctica de las tres reglas que vamos a exponer en seguida. Pero, ¿qué hay acerca de las viejas cicatrices emocionales que se nos fueron formando en el pasado, los antiguos agravios, rencores, ofensas injustas contra la vida y los resentimientos? Una vez que se ha formado la cicatriz emocional, sólo queda una cosa que hacer, y ello consiste en extirparla, mediante la cirugía, del mismo modo que si fuera una cicatriz física. Dese a sí mismo un maquillaje espiritual Uno mismo puede extirparse las viejas cicatrices emocionales. El sujeto puede convertirse en su propio cirujano plástico y hacerse a sí mismo un maquillaje espiritual, Los resultados consistirán en una nueva vida y nueva vitalidad y el hallazgo de una nueva paz del espíritu así como un estado completamente feliz
Al hablar de un maquillaje emotivo y del empleo de la “cirugía mental” estamos usando algo más que un símil
Las viejas cicatrices emocionales no pueden ser sometidas a la intervención de la medicina ni del médico. Deben extirparse, sacarlas por completo y erradicarlas totalmente. Muchos individuos suelen aplicar “bálsamos” diversos a las heridas de carácter emotivo, pero ello no opera en absoluto. Deben auto extirpárselas honestamente, de manera manifiesta, o bien tomarán venganza física procurando esconderse entre una multitud de caminos subterráneos. Un ejemplo típico de lo que estamos manifestando lo constituye el caso de la esposa que descubre la infidelidad de su marido. Influida por el consejo de su sacerdote o de su psiquiatra, consiente en que debe “perdonarle”. De acuerdo con su promesa ella no le reconviene en absoluto. Tampoco le abandona. En toda su conducta pública se manifiesta como una mujer que “sabe cumplir” con sus “deberes”. Mantiene el hogar libre de toda mancha, dispone bien las comidas, etc. Pero, por otra parte, convierte en un infierno la vida del marido valiéndose para ello de diversos subterfugios, y, mediante la frialdad de corazón, trata de mostrarle constantemente a su esposo la abrumadora superioridad moral que ella mantiene con respecto a éste. Cuando el marido se queja, ella de contesta: “Está bien, querido. Ya te he perdonado todo, pero no puedo olvidar” Su mismo “olvido” se convierte en una espina que siempre habrá de emplear a causa de que se halla consciente del hecho de que posee una moral y hubiera hecho a ella mucho más feliz, si la esposa hubiese rehusado este tipo de “olvido” abandonando al marido inmediatamente
El perdón es un bisturí que extirpa las cicatrices emocionales “Puedo perdonar, pero no sé olvidar”, constituye sólo otra manera de decir: “No perdonaré nunca”, manifestó Henry Ward Beecher. “EL PERDON debe ser como una cuenta cancelada que se rompe por la mitad y se echa al fuego en seguida para no tornar hallarla jamás”
El perdón, cuando es real, genuino y completo, se transforma en el bisturí que puede extirpar el pus de las viejas heridas emocionales, sanarlas, y, al mismo tiempo, eliminar los tejidos de la cicatriz
El perdón que solamente es parcial o concedido con la mitad del corazón resulta mejor que una operación quirúrgica que se ejecuta parcialmente. El pretendido perdón que se concede de manera dubitativa no es más efectivo que una operación facial simulada
El perdón debe ser olvidado exactamente lo mismo que la falta olvidada. El perdón que se recuerda y tenemos siempre presente, reinfecta la herida que el sujeto trata de cauterizar. Si se siente demasiado orgulloso de su perdón o lo recuerda con excesiva frecuencia, entonces, usted se halla dispuesto a reconocer que la otra persona le debe algo por haber sido perdonada. Usted le perdonó una deuda, pero al comportarse así, el pobre sujeto ha incurrido en otra, produciéndole el mismo caso en que incurren los operadores de una pequeña compañía de empréstitos cuando cancelan una cuenta para transformarla en otra que debe ser pagada cada dos semanas durante un período determinado
El perdón no debe ser utilizado como arma bélica Abundan las falacias relacionadas con el perdón y una de las razones de que no haya sido más reconocido su valor terapéutico consiste en el hecho de que el perdón real ha sido aplicado con suma rareza. Por ejemplo, muchos escritores nos han dicho que debemos perdonar para hacernos “buenos”. No obstante, pocas veces se nos ha aconsejado que debemos perdonar para ser felices. Otra falacia consiste en que el perdón nos coloca en una posición superior, o aquella otra que manifiesta que constituye un magnífico método para derrotar al enemigo. Esta idea ha aparecido en numerosas expresiones de “cliché”, tales como esta: “No intentes sólo ganar la concordia, perdona a tu enemigo y le adelantarás en cuanto desees”. Tillotson, el antiguo Arzobispo de Canterbury, nos decía: “No se podría obtener victoria más gloriosa sobre otro hombre que ésta: que cuando la ofensa se inicie por su parte, la bondad debe comenzar por la nuestra”. Esta es otra manera de decir que el perdón mismo debe ser empleado como una de las armas de la venganza, una de las más efectivas, que pudiéramos hallar. El perdón vengativo, sin embargo, no es el perdón terapéutico
El perdón terapéutico corta por lo sano, erradica, cancela y suprime el agravio como si jamás hubiese existido. El perdón terapéutico se parece a la intervención quirúrgica
Extírpese los rencores exactamente igual que lo haría con un brazo gangrenoso En primer término, el “agravio”, y particularmente nuestros propios sentimientos de condenación del mismo, debe ser visto como sujeto indeseable en vez de ser considerado como digno de deseo. Antes de que un hombre pueda ponerse de acuerdo consigo mismo para que le amputen un brazo, debe cesar de considerarlo como un miembro que desea retener, para pasar a verlo como miembro indeseable que está enfermo y le amenaza con la muerte
En cuanto atañe a la cirugía facial hemos de decir que no se pueden adoptar medidas parciales cuando nos referimos a una intervención quirúrgica. Extirpamos, pues, el tejido cicatrizante completa y totalmente. Debemos hacer todo lo posible para que la herida sane nítidamente. También hemos de dirigir nuestros cuidados a la consideración de que el rostro debe restaurarse de tal modo que aparezca con cada uno de sus detalles particulares exactamente igual como era antes del accidente padecido y como si nunca hubiese sido afectado por ningún daño
Podemos perdonar si estamos dispuestos a ello Él perdón terapéutico no es de difícil aplicación. La única dificultad consiste en asegurarse de la voluntad propia de olvidarlo todo y abandonar el sentido de la condenación, de tal modo que la voluntad llegue a cancelar totalmente la deuda sin quedarnos con reservas metales acerca de la misma
Hallamos tan difícil perdonar acaso porque nos gusta nuestro propio sentido de la condenación. Hallamos un gozo perverso y mórbido al mimar nuestras propias heridas
En tanto podamos condenar a otro individuo habremos de sentirnos superiores al mismo
Nadie podrá negar tampoco que forjemos cierto perverso sentimiento de satisfacción al apiadarnos de nuestras propias vidas
Las razones que tenemos para perdonar son de suma importancia Cuando aplicamos el perdón terapéutico cancelamos la deuda de otra persona, no porque hayamos decidido mostrarnos generosos o por hacerle a ésta un favor o porque seamos superiores moralmente a ella. Cancelamos la deuda, la proclamamos “nuda y sin efecto” no porque se la hayamos hecho “pagar” suficientemente a la otra persona sino porque hemos llegado a reconocer que la deuda no es válida por sí misma. El verdadero perdón tiene solamente lugar cuando somos capaces de ver y aceptar emocionalmente que no hay nada que perdonar por nuestra parte. En primer término, no debíamos haber condenado u odiado a la otra persona
No hace mucho tiempo acudí a una merienda organizada por un grupo de sacerdotes. El sujeto del perdón surgió en la conversación general y en particular juzgamos el caso de la mujer adúltera a quien Jesús se lo concedió. Apliqué mis oídos a una discusión sumamente erudita que concernía al tema de por qué Jesús fue capaz de perdonar a la mujer, cómo la perdonó y por qué aquel perdón resultó a modo de reconvención hecha a los hombres de Iglesia de aquel tiempo que estaban dispuestos a apedrearla, etc.
Jesús no perdonó a la mujer adúltera Resistí a la tentación de asombrar a aquellos caballeros señalándoles que en realidad Jesús no perdonó a la mujer en absoluto. En ninguna parte de la narración, tal como aparece en el Nuevo Testamento, se emplea la palabra “perdonar” o simplemente “perdón”, y, según recuerdo, nunca se menciona ésta. Ni tampoco se puede razonablemente deducir de los hechos tal como están presentados en la historia
Hablamos sólo de la parte en que se nos cuenta que ya se había ido los acusadores, y Jesús le pregunta a la mujer: “¿No te ha condenado ningún hombre?” Cuando ella contestó en forma negativa. Él le dijo: “Yo tampoco te condeno; vete, y no vuelvas a pecar”
Uno no puede perdonar a la persona, al menos que haya comenzado por condenarla. Jesús nunca condenó a la mujer, luego no tenía por qué perdonarla. Él reconoció el pecado o la falta que ésta había cometido, pero no se sintió movido a condenarla a causa de ello. Él fue capaz de ver todo antes de que se produjera el hecho, lo que nosotros sólo debemos ver después del hecho o sea poner en práctica el perdón terapéutico: que todos erramos cuando odiamos a una persona a causa de sus faltas, o cuando la condenamos o la clasificamos como perteneciente a cierto tipo de individuo, y así simplemente confundimos la individualidad con la conducta; o bien, cuando mentalmente condicionamos la deuda de la otra persona a que la pague, antes de restaurarla en nuestras buenas gracias y aceptación emocional
Ora se deba hacer esto o se pueda esperar razonablemente a hacerlo es un asunto que no compete a este libro y que además se halla fuera de mi campo de especialización. Sólo puedo decirle como médico que si usted llega a hacerlo habrá de obtener mayor felicidad, más salud y, desde luego, mayor paz mental. No obstante, me gustaría indicarle que ello es sólo el perdón terapéutico y que es el único tipo de perdón que “opera” realmente a favor de nuestra salud psíquica. Por otra parte, si el perdón es algo menos que esto, debemos también cesar de hablar acerca del mismo
Perdone al prójimo como a sí mismo No sólo los otros nos infligen ofensas emocionales sino que también la mayor parte de nosotros solemos autoinflingirnoslas
Solemos golpearnos la cabeza con auto condenas, remordimientos y lamentaciones. También solemos derrotarnos con los tormentos inherentes a la duda y herimos con excesivos sentimientos de culpabilidad
El remordimiento y la lamentación constituyen atentados contra nuestra anterior vida emocional. Mediante el excesivo sentimiento de culpabilidad tratamos de justificarnos de algo que hicimos o que pensamos haber hecho mal en nuestro pasado
Las emociones suelen ser correctas y apropiadas cuando nos ayudan a responder o a reaccionar a alguna realidad del ambiente en que ahora vivimos. Teniendo en cuenta que no podemos vivir en el pasado, es evidente que tampoco podremos reaccionar emocionalmente a cuanto respecte a nuestra vida anterior. El pasado debe ser borrado simplemente, cerrado y olvidado en lo que concierna a las reacciones emocionales. No necesitamos adoptar “una posición emotiva”, de uno u otro modo, en cuanto se refiera a las desviaciones de la vida que hayamos experimentado en todos tiempos. Lo que sólo nos debe importar es la dirección que adoptemos en el presente así como nuestros objetivos actuales
Desde luego, necesitamos reconocer tanto nuestros propios errores como las equivocaciones en que incurramos. De otra manera nos sería imposible corregir el curso de nuestras vidas, así como la conservación de un “rumbo” y “guía” apropiados, mas nos resultaría baldío y fatal que nos odiásemos o nos condenásemos por nuestros propios errores
El individuo incurre en errores, mas los errores no hacen al individuo Asimismo, al pensar en nuestras propias faltas (o en las del prójimo), nos servirá de ayuda y ello sería realista que pensásemos acerca de esto en términos de las que cometimos o no cometimos en vez de pensar en lo que ellas nos hicieron a nosotros
Uno de los más grandes errores que podemos cometer consiste en que confundamos nuestra conducta con nuestro “ser”… para concluir que debido a cierto hecho que realizamos quedamos caracterizados como “cierta clase de persona”
Habremos de aclarar nuestras ideas si podemos ver que los errores que envuelven a algo de lo que hacemos –hacemos se refiere a hechos-, y para ser realistas debiéramos emplear los verbos en el sentido de acción inherente a los mismos en vez de emplearlos como nombres que solamente denotan en estado del ser o una descripción del mismo
Por ejemplo, al decir “yo fracasé” (forma verbal), reconocemos que hemos cometido un error, y ello nos puede ayudar a conducirnos al logro de algún éxito futuro. Más al decir “Soy un fracaso” (forma nominal), no describimos lo que hemos hecho si no lo que creemos que el error nos ha hecho a nosotros. Al emplear esta clase de lenguaje no contribuimos a un buen estudio sino que tendemos a “fijar” el error y a hacerlo permanente. Ello ha sido sumamente comprobado y demostrado en los diversos experimentos de la psicología clínica
Al parecer, todo el mundo reconoce que los niños, cuando están aprendiendo a andar, deben caerse alguna que otra vez. Solemos decir entonces que se cayó el niño o que “perdió el equilibrio”. Nunca decimos con respecto al sujeto que es un “caedor” o “que es un mal equilibrista”
No obstante, hay mucho padres que parecen no darse cuenta de que también todos los niños, al aprender a hablar, cometen diversos errores y se expresan sin la debida fluencia conversativa: dudas, roturas de vocablos y repeticiones de sílabas y palabras
Es común que un padre lleno de ansiedad se exprese así con respecto a su pequeño hijo: “Es un tartamudo”. Con tal actitud o juicio, que no se refiere a los actos del niño sino al niño en sí mismo, llega a influir en el chiquillo y este comienza a pensar acerca de que sí es, en efecto, un tartamudo. El proceso del aprendizaje de la lengua quedó fijo en el muchacho y éste se convierte en un tartamudo perpetuo
El Dr. Wendell Jonson, la autoridad más notable sobre la tartamudez que existe en el país, manifiesta que esta clase de conceptos constituye la causa principal de esta enfermedad. Ha averiguado que los padres de los sujetos que no son tartamudos hállanse inclinados a emplear términos descriptivos (“El no hablaba”), mientras que los padres de los tartamudos tienden a emplear términos con juicios implícitos (“El no podía hablar”). En un artículo que escribió en el Saturday Evening Post –5 de enero de 1957), manifestaba el doctor Jonson: “Lentamente comenzamos a comprender el punto vital que había sido descuidado durante tantos siglos. Caso tras caso ha revelado, luego de haber sido diagnosticado como tartamudez, que esta enfermedad se debe a la influencia ejercida sobre el sujeto por personas super susceptibles que no tenían conocimiento de los hechos inherentes al desarrollo de la dicción. Así, al parecer, las personas que requieren mayor instrucción y comprensión respecto a este asunto son los padres más que los propios hijos afectados por la enfermedad y los que escuchan más que los que hablan”
El Dr. Knight Dunlap, que consagró veinte años al estudio de los hábitos, a la manera de formarlos y al modo de desprenderse de ellos y a cuanto se relaciona al conocimiento de los mismos, descubrió que el mismo principio de que el doctor Jonson nos habla más arriba podemos aplicarlo, virtualmente, a todos “los malos hábitos”, incluyendo los malos hábitos de carácter emocional. Es esencial, solía decir, que el paciente aprenda a cesar de culparse a sí mismo, a auto condenarse y a sentir remordimientos por sus malos hábitos en el caso de que quiera curárselos. Halló particularmente dañina la conclusión a que suelen llegar algunos pacientes: “Estoy destrozado”, o aquella otra, también típica, de que “no valgo para nada”, sólo a causa de que el enfermo hizo o estuvo haciendo cierta clase de actos
Debemos, por último, tener en cuenta que el individuo comete diversos errores, pero que las faltas no forman, en absoluto, a la persona
¿A quién gusta ser una ostra solitaria? Déjenme decirles unas palabras finales acerca de la prevención y extirpación de los agravios emotivos. Para vivir de una manera creadora debemos permitirnos ser un poco vulnerables. También debemos mostrarnos un tanto condescendientes respecto a dejarnos ofender un poco, y, si ello fuere necesario, a cuanto respecta a la vida creadora
Mucha gente necesita tener una piel emocional más espesa y tensa que la que posee, pero sólo requiere una especie de piel delgada y flexible –a modo de epidermis emocional-, y no una concha protectora. El confiarnos demasiado, el amar, el abrirnos con exceso a todas las comunicaciones emotivas en cuanto respecta a nuestros tratos con las demás personas nos puede llevar a correr el riego de ser ofendidos. Si una vez nos sentimos agraviados, podemos adoptar una de las dos siguientes alternativas: formarnos una espesa concha protectora o tejido cicatrizante para prevenirnos de ser ofendidos otra vez viviendo como ostras solitarias y evitar toda clase de ofensas; o bien, “volver la otra mejilla” permaneciendo vulnerables a toda clase de ataques, y proseguir, sin hacer caso a las ofensas, cultivando una vida creadora
Una ostra no se ofende nunca. Esta posee una espesa concha que protege a su cuerpo de cualquier daño. La ostra se halla siempre solitaria. La vida de la “ostra” es segura y tranquila pero no es creadora. La ostra no persigue ninguna querencia sino que espera que todo venga en su busca. La ostra no conoce los agravios de las comunicaciones emocionales con el ambiente, pero tampoco conocerá nunca las alegrías ni los goces que proporciona al sujeto el trato con la sociedad
El “maquillaje emocional” le hará verse y sentirse más joven Procure hacerse “un maquillaje espiritual”. Esta expresión encierra en sí algo más que un simple juego de palabras: abre ante el individuo una perspectiva de vida mucho más amplia proporcionándole mayor vitalidad ya que este “maquillaje espiritual” se compone del material más efectivo de que está hecha la juventud. Mediante éste el sujeto se sentirá más joven y, en realidad, tendrá también un aspecto más juvenil. Más de una vez he visto a un hombre o a una mujer que aparentemente se ha hecho cinco o diez años más joven cuando ha logrado extirparse las viejas cicatrices emocionales
Mire en su derredor. ¿Quiénes son las personas que conoce mayores de cuarenta años, que poseen aspecto más juvenil? ¿El gruñón? ¿El resentido? ¿El pesimista? ¿Los que están amargados de la vida, o los alegres, los optimistas, los sujetos que siempre están llenos de buen humor? Cuando el sujeto se encuentra cargado de envidia o rencores contra alguien o contra la vida misma, crece desproporcionadamente en años igual que si llevara constantemente una pesada carga sobre sus hombros. Los individuos a quienes afectan las cicatrices emocionales, las envidias y otros rencores de la misma clase, viven en el pasado lo cual constituye la más importante característica de la vejez. La actitud y espíritu juveniles que arrancan las arrugas del alma lo mismo que las del rostro y llenan los ojos de chispas luminosas, miran hacia el futuro y sienten grande curiosidad hacia todo lo que esperan debe producirse en el porvenir
Así, pues, ¿por qué no hemos de someternos a la experiencia de un “maquillaje espiritual”? Para ello, la actitud del individuo debe consistir en procurarse un alivio o reposo completo en cuanto atañe a las tensiones nerviosas con el objeto de prevenir las cicatrices y poner en práctica “el perdón terapéutico” mediante el que se pueden extirpar las viejas cicatrices procurándose, al mismo tiempo, una piel flexible que carezca de dureza, o sea, una epidermis –en vez de una concha- que no le impida el desarrollo de una vida creadora junto al deseo simultáneo de ser un poco vulnerable y autoformarse un sentimiento de nostalgia por el futuro el lugar de autoformárselo por el pasado.
Capítulo Décimo Primero
Como encerrar la personalidad real La “PERSONALIDAD”, ese algo tan misterioso y magnético que es tan fácil de reconocer, pero tan difícil de definir, no es tanto un algo que es adquirido sin ayuda de nada como un algo que es revelado desde adentro
Lo que denominamos “personalidad” constituye la evidencia externa de ese ser creador, único e individual, que fue hecho a la imagen y semejanza de Dios –esa chispa divina que poseemos dentro de nosotros- a que podemos llamar la expresión libre y completa del “Yo” real
Ese ser real, que existe dentro de cada persona, es sumamente atractivo. Es, también, magnético. Además, es susceptible de asestar impactos de poderosa influencia sobre los otros seres humanos. Poseemos el sentido de que nos hallamos constantemente en contacto con algo real y básico. Por otra parte, el individuo que imita a los demás suele disgustar y hacerse detestable al resto de las personas
¿Por qué todo mundo gusta de los niños que se hallan en su primera infancia? En realidad, no es por lo que éste hace, por lo que sabe o por lo que posee sino simplemente por lo que es. Todo niño posee una personalidad altamente definida. En ella no hallamos superficialidades, imitaciones, ni hipocresías. En su propia lengua, compuesta generalmente de gritos, llantos y arrullos, el niño expresa sus sentimientos reales. “Dice siempre lo que quiere decir”. En ello no hay nunca dolo ni superchería. El niño es honesto en su emotividad. Ejemplificada hasta la enésima potencia el dictado psicológico de “sea usted mismo”. No tiene escrúpulos en cuanto concierne a su propia expresión no tampoco experimenta la más pequeña inhibición
Todo el mundo encubre su propia personalidad Todo ser humano posee ese misterioso algo que llamamos personalidad
Cuando decimos que una persona determinada posee una buena personalidad, queremos decir que ésta ha liberado las potencias creadoras que existen dentro de ella, de tal modo que es capaz de expresar su “Yo” verdadero
Las expresiones “pobre personalidad” y “personalidad inhibida” poseen exactamente el mismo significado. Se ha encerrado en sí misma, “se ha metido dentro de un puño”, ha dado dos vueltas a la llave y ha arrojado ésta al espacio. La palabra “inhibit” (inhibir) significa, literalmente, cesar, andarse prevenido, prohibir, restringir o “ceñirse a algo”. La personalidad inhibida se ha impuesto una restricción en cuanto atañe a la expresión de su ser real. Por una u otra razón teme manifestarse con franqueza, teme ser ella misma y ha encerrado su ser verdadero en una especie de prisión interna
Los síntomas de la inhibición son diversos y variados: vergüenza, timidez, autoacusación, hostilidad, sentimientos excesivos de culpabilidad, insomnio, nerviosismo, irritabilidad y falta de capacidad para permanecer en sociedad con otros individuos
La frustración es la característica principal que se acusa en casi cada una de las áreas y actividades a que se dedica la persona inhibida. La frustración real y básica de la misma consiste en el fracaso de “ser ella propia” y en el fracaso de expresar, en forma adecuada, su propio yo. Esta frustración básica colorea y tiñe todo lo que hace el sujeto de “personalidad inhibida”
Una retroacción excesivamente negativa es la llave que conduce a la inhibición La ciencia de la cibernética nos proporciona un nuevo y más profundo conocimiento de la personalidad inhibida, mostrándonos, al mismo tiempo, el camino que nos puede conducir a la liberación de las inhibiciones, a la libertad y al modo de aliviar a nuestro espíritu de las ligaduras con que hayamos constreñido
La retroacción negativa de un servomecanismo cumple una labor de crítica. La retroacción negativa dice realmente: “Está equivocado, se está desviando de su camino y necesita aplicar la debida corrección para tornar a apuntar en el rumbo que persigue”
El propósito de la retroacción negativa consiste, sin embargo, en modificar la respuesta y en cambiar el curso de la acción ulterior sin DETENER conjuntamente a la una y al otro
Si la retroacción negativa está trabajando con propiedad, un obús dirigido o un torpedo habrán de reaccionar a la “crítica” en el grado que baste para hacerles corregir el curso que siguen, y así mantener constantemente hacia delante la puntería que ha de llevarles hasta dar en el blanco requerido. Este curso consistirá, como hemos explicado anteriormente, en una larga serie de zig-zags
No obstante, si el mecanismo se muestra demasiado sensible a la influencia de la retroacción negativa, el “servomecanismo” habrá, entonces, de super corregirse, y, en vez de progresar en su carrera hacia el blanco, ejecutará exagerados zig-zags laterales o habrá de detener sus avances ulteriores
El propio “servomecanismo” interno, que nosotros mismos nos hemos ido creando, opera en forma idéntica. Debemos, pues, tener nuestra retroacción en orden con objeto de hacerla operar adecuadamente y de que nos sirva para seguir el rumbo prefijado con que ha de guiarnos a la consecución del fin que nos proponemos
La excesiva retroacción negativa iguala a la inhibición
La excesiva retroacción negativa dice constantemente: “Deje lo que está haciendo o el modo como lo está haciendo y haga alguna cosa más”. Su propósito consiste en modificar la respuesta o en cambiar el grado de la acción ulterior, pero no en detener toda la acción. La retroacción negativa no dice “Pare… ¡Punto!”. Lo que dice es esto: “Todo lo está haciendo mal”. Pero no dice: “Es malo hacer algo”
No obstante, cuando la retroacción negativa es excesiva o cuando nuestro propio mecanismo se muestra demasiado sensitivo con respecto a aquél, el resultado no consistirá en la modificación de la respuesta sino en la inhibición total de ésta
La inhibición y la excesiva retroacción negativa son dos cosas idénticas. Cuando super-reaccionamos a la retroacción negativa o la “crítica”, nos hallamos dispuestos a concluir que no sólo se ha desviado nuestro curso ligeramente de la aguja indicadora y ha seguido un camino erróneo sino que también sería equivocado para nosotros que tratásemos de seguir hacia delante
El visitante de un bosque o el cazador suele orientarse, para regresar a donde dejó su automóvil, mediante la selección de algún punto prominente de la tierra que se halle cerca de su coche, o bien escoge un árbol tan alto que se distinga tanto de los demás que pueda divisarlo desde algunas millas de distancia. Cuando se halla dispuesto a regresar al sitio en que dejó el automóvil, mira hacia el árbol previamente escogido (o sea, a su blanco) y comienza a caminar en dirección al mismo. De vez en cuando, puede perder de vista el árbol, pero tan pronto como le es posible “coteja el rumbo” mediante la comparación del curso que sigue y el ubicamiento del árbol preseleccionado
Si ve que su rumbo se le ha reparado quince grados a la izquierda del árbol, podrá reconocer fácilmente que sigue una ruta equivocada. Corrige su rumbo de inmediato y torna a caminar en dirección del árbol. Sin embargo, no llega por ello a la absurda conclusión de que el caminar sea malo para él
No obstante, muchos de nosotros somos culpables de llegar a una conclusión tan absurda y estúpida. Cuando nuestra atención logra captar que el modo de expresarnos se halla fuera de lo usual, que “ha perdido la señal” o que es erróneo, concluimos en que la “autoexpresión” por sí misma no es buena o que la consecución del éxito, para nosotros, (el alcanzar a nuestro árbol particular), es perjudicial
Procure tener en mente que la excesiva retroacción negativa tiene la propiedad de interferir o de hacer cesar completamente la respuesta apropiada
La tartamudez como síntoma de la inhibición La tartamudez ofrece una excelente ilustración de cómo la excesiva retroacción negativa conduce a la inhibición e interfiere la respuesta apropiada
La mayor parte de nosotros no percibimos conscientemente el hecho de que mientras nos hallamos hablando estamos recibiendo los datos de la retroacción negativa a través de lo que oímos decir a nuestra propia voz. Esta es la razón por la que los individuos afectados de mudez total raramente llegan a hablar bien. No tienen modo de conocer el momento en que sus voces chillan, gritan o producen murmullos ininteligibles. Esta es también la razón por la que las personas que nacen mudas no aprenden a hablar en absoluto, excepto si se hallan dotadas de buenos maestros. Si usted hace señas, se sorprenderá de que no pueda hacerlas en clave o en armonía con otras personas, en tanto se haya padeciendo una mudez temporal a causa de un resfriado
De todos modos, la retroacción negativa por sí misma no constituye un impedimento o una desventaja con respecto a una dicción perfecta. Por el contrario, nos capacita para que hablemos correctamente. Los maestros de lenguas recomiendan que debemos grabar nuestras propias voces en una cinta magnética, y volver a oírlas, de tal modo que ello nos sirva como método para perfeccionar nuestra pronunciación, entonación, etc. Al hacer esto, nos damos cuenta de los errores que cometemos al hablar en forma tal que nunca habíamos notado anteriormente. Ello nos capacita a ver con claridad lo que solemos hacer mal, para, de este modo, poder corregírnoslo
Sin embargo, si la retroacción negativa ha de ayudarnos a hablar mejor, debiera mostrarse 1) más o menos automático o subconsciente, 2) producirse espontáneamente, o sea, mientras estamos hablando, y 3) el responder a la retroacción no debiera producirse tan sensitivamente que en vez de ayudarnos nos produzca una inhibición
Si nos manifestamos conscientemente supercríticos con respecto a nuestra dicción o si nos conducimos con demasiado cuidado al tratar de evitar los errores por adelantado, en vez de reaccionar espontáneamente, lo más probable es que concluyamos tartamudeando
Por otra parte, si la excesiva retroacción del tartamudo puede descender de carga o si se le puede hacer espontáneo mejor que anticipatorio el perfeccionamiento en su dicción se producirá de inmediato. El auto criticismo consciente obliga a hacer mal cuanto se emprende Ello ha sido comprobado por el Dr. E. Colin Cherry, de Londres, Inglaterra. En un artículo publicado en la revista científica británica “Nature”, el doctor Cherry afirma la opinión de que la tartamudez es producida por un exceso de monitorismo o instrucción
Para comprobar esta teoría hizo que 25 estudiantes se equiparan de audífonos a través de los cuales pudieran oír sus propias voces en una fuerte tonalidad. Cuando les pidió que leyesen en voz alta un texto preparado en estas condiciones, eliminando el auto criticismo, la mejoría se acusó en forma notable. Otro grupo, compuesto también por tartamudos, fue entrenado en oír “conversaciones en voz baja”, para que las siguieran en tanto como les fuese posible e intentaran hablar con una persona que estuviese leyendo un texto, o una voz en la radio o en la televisión. Luego de una breve práctica, los tartamudos aprendieron a “hablar en voz baja” fácilmente y a acompañar a estas voces, y la mayor parte de ellos fueron capaces de hablar normal y correctamente bajo estas condiciones que les obligó a apartarse del “criticismo por adelantado” y les forzó, literalmente, a hablar con espontaneidad o a sincronizar sus modos de hablar y a “corregírselos”. Una práctica adicional de las “conversaciones en voz baja” capacitó a los tartamudos a que aprendiesen a hablar con corrección a todas horas
Cuando la excesiva retroacción negativa o auto criticismo, es eliminado, la inhibición desaparece y mejora la ejecución de lo que nos hallamos haciendo. Cuando no disponemos de tiempo para preocuparnos o mostrarnos “demasiado cuidadosos” por adelantado, la expresión mejora de inmediato. Todo esto nos proporciona una clave valiosa para que podamos liberarnos de las inhibiciones o abrir una personalidad demasiado encerrada, y, por consiguiente, nos ayuda a obtener el perfeccionamiento de la ejecución en cualquier otra área o actividad que nos hallemos desempeñando
La preocupación excesiva conduce a la inhibición y a la ansiedad ¿Ha intentado alguna vez enhebrar una aguja? Si es así, y no tenía experiencia en eso, debe haber notado que usted apenas podía sostener el hilo y que lo mantenía firme, tenso y duro como una roca hasta lograr aproximarlo al ojo de la aguja e intentar pasarlo a través de la pequeñísima abertura
Cada vez que trataba de meter la hebra por el diminuto agujero, su mano, sin duda, le temblaba continuamente, y, sin que lo pudiese evitar, el hilo perdería, a cada instante, el pequeño hoyo por donde debería haber atravesado
Cuando intentamos verter un líquido en el interior de una botella que tiene el cuello sumamente estrecho se produce de ordinario una experiencia del mismo género
El individuo puede mantener la mano completamente firme hasta que trata de realizar su propósito; entonces, por alguna extraña razón, ésta se pone a temblar y a moverse agitadamente
En los círculos médicos denominamos a esta experiencia “el temblor del deseo”
Ocurre eso, como en los ejemplos mencionados, cuando los individuos normales se preocupan demasiado o se muestran excesivamente cuidadosos de no errar sus intentos en la ejecución de un determinado propósito. En ciertas circunstancias y condiciones patológicas, tales como los daños que se ocasionan a ciertas áreas del cerebro, este “temblor del deseo” puede resultar sumamente pronunciado. Un paciente, por ejemplo, puede ser capaz de mantener firme la mano en tanto no trate de hacer nada. Pero dejémosle que intente meter la llave en la cerradura de la puerta de su casa, y, entonces, podremos observar que la mano se le mueve en zigzag hacia delante y atrás unos cuantos centímetros. Quizás sea usted capaz de mantener la pluma suficientemente firme hasta el momento en que se decide a echar una firma. En este instante, la mano se le pondrá a temblar esto y se dispone a mostrarse más cuidadoso con respecto a sus actos y procuran no cometer errores en presencia de gente extraña puede ser que se muestre entonces incapaz de firmar un nombre en absoluto
A este tipo de individuos se les puede ayudar, y con frecuencia de manera notable, ejercitándoles en las técnicas del reposo por medio de las cuales aprenderán a descansar cuando se hayan excedido en los esfuerzos que dedicaron a cuanto atañe a la realización de sus “propósitos”, y enseñándoles, al mismo tiempo, a no mostrarse demasiado cuidadosos en lo que concierne a evitar errores y fracasos
El cuidado excesivo o el sentir demasiada ansiedad para no cometer un error constituyen una forma de exceso de carga la retroacción negativa. Lo mismo que el caso del tartamudo, que intenta anticiparse a los posibles errores sintiéndose extremadamente preocupado para no cometerlos, el resultado a que conducen todas estas tensiones es siempre idéntico: la inhibición y el deterioro del hecho que tratamos de ejecutar. La preocupación excesiva y la ansiedad son dos sensaciones que guardan entre sí estrecho parentesco. Ambas ejercen extraordinaria influencia en lo que respecta a los posibles “fracasos” o la “hacer mal las cosas”, al mostrar demasiado esfuerzo consciente para hacerlo todo bien
“No me gustan esas gentes frías, precisas, perfectas, que, con el objeto de no equivocarse nunca, jamás hablan de nada, y que, por no hacer nada mal, tampoco nunca hacen nada”, dijo Henry Ward Beecher
El consejo de William James a los estudiantes y a los maestros “¿Quiénes son los estudiantes que hablan aturdidamente en el aula de declamación?”, pregunta el sabio psicólogo. “Los que creen en la posibilidad del fracaso y sienten la gran importancia del acto en que están tomando parte”. James prosigue: “¿Quiénes son los que recitan bien? Con frecuencia los que se muestran más indiferentes al acto que realizan. Las ideas de éstos van saliendo en sus memorias, como el hilo del carrete, de pleno acuerdo con la que están haciendo. ¿Por qué oímos tan a menudo la queja de que la vida social de Nueva Inglaterra es menos rica, expresiva y más cansada que en cualquier otra parte del mundo? El hecho en sí, si es cierto que existe, ¿no deberá, quizás, consistir en la disposición conscientemente “superreactiva” de sus habitantes, temerosos de decir algo demasiado trivial y obvio, o algo insincero, o algo indigno de sus interlocutores o algo que de una u otra manera no sea adecuado a la ocasión? ¿Cómo, pues, se podría llevar una conversación a través de un mar lleno de responsabilidades y de inhibiciones como éstas? Por otra parte, la conversación sólo fluye y refresca a la sociedad cuando ni las unas ni las otras personas que toman parte en ella quedan exhaustas a causa del esfuerzo que se imponen para producirse con perfección, o sea, cuando los agentes olvidan sus escrúpulos y quitan los frenos a sus corazones y dejan que sus lenguas se muevan y meneen tan automática e irresponsablemente como sus voluntades les sugieran
“Se habla mucho en los círculos pedagógicos de hoy acerca del deber que tiene el maestro de preparar sus lecciones por adelantado. Parcialmente, ello es útil. Más nosotros, los yanquis, no somos, con seguridad, de esas personas a las que se pueda rogar que cultiven una doctrina de carácter tan general. Nos mostramos demasiado preocupados con respecto a la misma. El consejo que me atrevería a ofrecer a la mayor parte de los maestros hallase implícito en las palabras de un individuo que es por sí mismo un maestro admirable. Prepárese tan bien sobre el sujeto, que constantemente pueda dominarlo; luego, en el aula, confíe en su espontaneidad y trate de alejarse de otras preocupaciones
“Aconsejo a los estudiantes, especialmente a las estudiantas, poco más o menos la siguiente cosa. Igual que la cadena de una bicicleta puede estar demasiado tirante, así puede la rectitud de conciencia y la atención de uno manifestarse tan tensas que lleguen a perturbarle el libre funcionamiento de la mente. Tomemos, por ejemplo, esos períodos llenos de inquietud en que se suceden los días de los exámenes. Una onza de buena tonalidad nerviosa en los exámenes vale lo que muchas libras de vehemente estudio hecho por adelantado. Si el alumno quiere realmente comportarse lo mejor posible en un examen, el estudiante debe apartar de sí los libros el día anterior y decirse a sí mismo: ‘no quiero perder un minuto más en este miserable asunto, y, además, me importa un comino si salgo bien o no’. Dígase esto sinceramente, siéntalo y váyase a jugar o a dormir, y aseguro que los resultados que se han de obtener al siguiente día habrán de animar al estudiante a emplear este método constantemente”. (William James, On Vital Reserves. New York, Henry Holt and Co., Inc.)
El “autoconocimiento” interno es realmente “el conocimiento interno” de otros La relación de “causa-a-efecto” entre una excesiva retroacción negativa y lo que solemos denominar “conciencia de sí mismo” o “autoconocimiento interno” puede verse de inmediato
En cualquier clase o suerte de relaciones sociales recibimos constantemente, mediante otras personas, datos procedentes de la retroacción negativa. Una sonrisa, un guiño o bien centenares de otras señas diversas que nos indican aprobación o reprobación, las cuales pueden manifestarse llenas o carentes de interés y nos están aconsejando constantemente “lo que debemos hacer”, a dónde debemos ir o, para decirlo así, cuándo vamos a esconder o a perder la “señal” que nos hemos marcado. En cualquier clase o suerte de situación social existe una constante interrelación entre el que habla y el que escucha y entre la persona que actúa y la que observa. Pues bien; sin esta comunicación constante, hacia delante y atrás, las relaciones humanas y las actividades sociales carecerían de toda posibilidad, virtual, y si acaso fueren posibles, se manifestarían groseramente, sin facetas, carentes de inspiración, como muertas y enterradas y sin “chispas” de ninguna clase
Los buenos actores y actrices, lo mismo que los locutores públicos, participan y “sienten” esta comunicación con el auditorio y ello les ayuda a representar mejor sus papeles. Los individuos de “buena personalidad”, que son populares y poseen magnetismo en las diversas circunstancias sociales, sienten esta comunicación con la demás gente, y, automática y espontáneamente, responden a la misma en forma creadora. La comunicación con las otras personas se emplea como retroacción negativa y ésta capacita al individuo a comportarse mejor en sociedad. Si un determinado individuo no puede responder a esta comunicación con otras personas, se convierte en un tipo frío y de “mala sombra”, en el tipo de “personalidad” reservado que no se manifiesta cordial con la gente; en fin, sin esta comunicación el sujeto humano se convierte en un mundo social, en el tipo difícil de conocer que no interesa a ninguna persona. No obstante, este tipo de retroacción negativa debe ser creadora para que surta el efecto deseado. Es decir, debe manifestarse poco más o menos libre de “autoconciencia” y producirse con automatismo y espontaneidad, más que sujeto a las auto quejas conscientes o al pesar acerca de sí mismo
La preocupación en “lo que el prójimo piensa acerca de mí” produce inhibición Cuando el individuo se manifiesta demasiado consciente con respecto a lo que otros piensan acerca de él y muestra excesivo cuidado en cuanto concierne a complacer al prójimo y, además, llega a sentirse susceptible en exceso a la reprobación que puedan expresarle las otras personas, ya sea ésta real o imaginada, entonces es seguro que posee una exorbitante retroacción negativa, sobra de inhibición y, sometido a la influencia de estas presiones, jamás podrá desempeñarse bien en ninguno de sus actos
Si el sujeto trata, constante y conscientemente, de vigilar y dirigir cada uno de sus actos, palabras o maneras de conducirse, otra vez habrá de convertirse en una persona inhibida y de excesiva autoconciencia
El individuo, en este caso, habrá de sentirse excesivamente preocupado en cuanto concierne a producir una buena impresión y, debido a ello, otra vez tornará a reprimir sus impulsos naturales, a inhibir su “Yo” creador y a causar una impresión pobre
La manera de producir una buena impresión a las gentes extrañas consiste en: No tratar nunca de producir una buena impresión; jamás procurar hacer nada que sea producido por efecto de ideas imaginarias conscientemente. Tampoco debe “preguntarse” uno nunca lo que pueda estar pensando otra persona acerca de nosotros ni preocuparnos la opinión en que ésta pueda tenernos
De cómo un agente de ventas logró curarse de la preocupación acerca de su propia persona James Mangan, el famoso agente de ventas, autor y conferenciante, manifiesta que cuando abandonó su casa por primera vez era un individuo que se sentía turbado por el exagerado sentimiento que tenía respecto a su propia individualidad, especialmente cuando se hallaba comiendo en un lujoso restaurante de algún hotel de primera clase
Así, pues, en el mismo instante en que atravesaba la sala del comedor creía sentir que los ojos de los demás comensales se dirigían a su persona para juzgarla y criticarla
Cuidábase penosamente de sí mismo a cada instante; fijábase en la manera de caminar, la forma en que se sentaba, y, sobre todo, trataba de tener siempre en cuenta los modales y el comportamiento que observaba en la mesa, así como en la forma en que estaba comiendo. En todos estos movimientos mostrábase extrañamente tenso y desmañado
“¿Por qué me comporto con tan rara dificultad?”, solía preguntarse. Sabía que tenía buenos modales de mesa y conocía la suficiente etiqueta social para poder comportarse con la corrección que le demandaran las diversas circunstancias. ¿Por qué nunca había sentido tanta preocupación acerca de sus propios modales cuando comía en la cocina con su madre y su padre? Decidió que ello era debido a que cuando se hallaba comiendo con sus padres nunca pensó ni molestarse en preguntarse en cómo se estaba comportando. En pocas palabras, no se mostraba preocupado ni autocrítico ni tampoco le importaba el efecto que pudiera producir en su familia. Sentíase libre, desenvuelto y confiado, y, a causa de esto, todo le salía a las mil maravillas
Así, pues, James Mangan curó al excesivo sentimiento que poseía acerca de su propia individualidad, acudiendo al recuerdo de cómo se había sentido y comportado “cuando iba a la cocina a comer con papá y mamá”. Luego, en el momento en que se disponía a atravesar la sala de un restaurante lujoso, no tenía más que imaginarse “que iba a comer con sus padres” y conducirse de acuerdo con esta idea
El equilibrio y el reposo se presentan cuando el individuo ignora la carga excesiva de las retroacciones negativas También Mangan descubrió que pudo superar su “temor social” y la demasiada consideración acerca de sus actos cuando se presentaba ante sus más grandes clientes o se hallaba en los altos círculos sociales tornando a repetirse su consabida consigna de “Voy a comer con papá y mamá”, y, de esta manera, lograba reprimir en su imaginación lo que había sentido, y ello le permitía conducirse con la misma libertad que si hubiera estado con sus padres. En su famoso libro The Knack of Selling Yourself, Mangan aconseja a los agentes de ventas que empleen el “¡Voy a ir a casa a comer la sopa con mi padre y mi madre! Ya he pasado por esto un millar de veces y nada nuevo puede acontecer aquí”. Esta actitud la adoptaba el citado autor en todas las circunstancias nuevas y extrañas en que solía hallarse
“Esta actitud de mostrarse inmune a la influencia de las personas ajenas o a las situaciones extrañas, este menosprecio total hacia todo lo desconocido o inesperado tiene su propio nombre: se llama ‘equilibrio’. El equilibrio produce el alejamiento deliberado de todos los temores que surgen de las circunstancias y situaciones nuevas e incontrolables”. (James Mangan, The Knack of Selling Yourself, The Dartnell Corp., Chicago)
El individuo necesita preocuparse de su propia individualidad El difunto Dr. Albert Edward Wiggan –famoso educador, psicólogo y conferenciante- decía que en sus primeros años de vida se mostraba tan preocupado acerca de su propia individualidad que le era imposible decir las lecciones en la escuela
Evitaba a las personas ajenas y no podía hablar con ellas sin inclinar la cabeza
Constantemente hacía todo lo posible para superar esta disposición que padecía, pero no lograba nada. Entonces, cierto día, le surgió una nueva idea. Aquella terrible molestia no tenía que ver nada con la obsesión que creía padecer con respecto a la continua auto vigilancia consciente de sus actos y de sus palabras. Era, realmente, otra cosa: el extremado cuidado que sentía con respecto a lo “que los otros individuos pudieran pensar de él”. Mostrábase penosamente susceptible a cuanto los otros pudieran pensar de cualquier cosa que él dijera o hiciese o que concerniere a cada uno de sus movimientos. Eso le maniataba fuertemente y obligábale a no pensar con claridad y a no poder decir ni hacer nada. Más no se sentía así cuando se hallaba solo. Entonces encontrábase en perfecta calma y en buen equilibrio y podía recrearse en toda una serie de interesantes ideas que le habría gustado expresar. Además, hallábase perfectamente consciente de ello cuando se encontraba en casa consigo mismo
Pues bien; al darse cuenta de ello, cesó de preocuparse y comenzó a conquistar el concepto que debía tener de sí mismo, de sus actos e ideas y palabras. Así, pues, empezó a cultivar sus aptitudes de examen de la autoconciencia: sus sentimientos, conducta y las ideas de cuando se hallaba solo, sin preocuparse en absoluto de cómo le pudiera juzgar el prójimo o de cómo éste podría sentir acerca de él. Esta separación total de la opinión y del juicio de las otras personas no le produjo, sin embargo, un encallecimiento en su conducta ni tampoco le hizo mostrarse con arrogancia ni absolutamente insensible hacia las demás personas. No hay ningún peligro en tratar de erradicar la retroacción negativa por mucha fuerza e interés que ponga en procurar conseguirlo. Ahora bien, si desarrolla el mismo esfuerzo en la dirección opuesta, reducirá la totalidad del mecanismo extra sensitivo de su retroacción. Por fin, el individuo de que hablamos entabló mejores relaciones sociales con toda la gente y llegó a ganarse la vida desempeñando la profesión de consejero social y pronunciando discursos a grandes grupos de personas “sin sentir jamás el menor grado de perturbaciones o causa de censuras autoconscientes”
“La conciencia nos hace cobardes a todos” Así dijo Shakespeare. Esto mismo expresan también hoy los más modernos psiquiatras y los pastores más ilustrados. La conciencia por sí misma constituye un mecanismo de dos datos negativos, aprendidos y cargados en la retroacción que tiene mucho que ver con la moral y con la ética. Si el dato aprendido y fichado es correcto (concepto que concierne a lo que está “bien” y está “mal”) y el mecanismo de la retroacción no es extra sensitivo, sino realista, el resultado es (exactamente igual que en cualquier otra situación de perseguir un objetivo) que somos relevados de la terrible obligación de tener constantemente que “decidir” sobre lo que es “bueno” o de lo que es “malo”. La conciencia nos “pone en el rumbo” o nos “guía” hacia “lo directo y lo estrecho”, a la meta de lo correcto y lo apropiado, al objetivo de la conducta realista en tanto ello pueda concernir a la ética y a la moral. La conciencia opera automática y subconscientemente lo mismo que cualquier otro sistema de retroacción
No obstante, el Dr. Harry Emerson Fosdick dice al referirse a lo que más arriba hemos tratado: “La conciencia puede engañarle”. En efecto, la conciencia, por sí misma, puede estar equivocada. Ello depende de cómo sus creencias básicas entiendan el bien y el mal. Si sus creencias básicas se hallan saturadas de verdad y son realistas y sensibles la conciencia puede convertirse en un valioso aliado cuando usted está tratando con el mundo real y navega por el mar de la ética. Actúa, entonces, como una brújula que le mantiene “fuera de los lugares peligrosos”, lo mismo que la brújula de marinero preserva a éste de que choque contra los arrecifes. Mas si sus creencias básicas son falsas por sí mismas, insinceras, irrealistas e insensibles, éstas mismas le “desviarán” la brújula manteniéndole fuera de norte lo mismo que los pequeños pedazos de metal magnético pueden perturbar la función del compás del marinero y llevarle a la perdición en vez de salvarle la vida
El vocablo “conciencia” no tiene el mismo significado para todo el mundo. Si el sujeto se ha formado en un ambiente en el que se cree, como lo han sido muchas personas, que es pecaminoso usar botones en los vestidos, habrá de sentir ciertos reparos en el momento en que los use. Si, por otra parte, el individuo ha crecido en un medio en el que se piensa que cortarle la cabeza a otro ser humano, achicarla y colgarla luego de la pared es algo que está bien hecho, es apropiado y manifiesta un signo de humanidad, entonces el sujeto habrá de sentirse culpable e indigno en el caso de no ser capaz de encoger una cabeza. (Los salvajes cazadores de cabezas no dudarían de denominar a esto “una falta de omisión”).La función de la conciencia tiene por objeto hacernos felices y no desgraciados El propósito de la conciencia consiste en ayudarnos a alcanzar la felicidad, para que podamos ser sujetos productores, y en nada más que eso, pero si el individuo deja “que la conciencia le sirva de guía”, ésta debe basarse entonces en la pura verdad y, desde luego, habrá de apuntar solamente hacia el norte verdadero. De otra manera, si, por ejemplo, nos ponemos a obedecerla ciegamente, sólo nos meterá en dificultades, en vez de sacarnos de ellas convirtiéndonos, de paso, en seres no solamente desgraciados e inadaptados sino también en sujetos incapaces de hacer nada
La autoexpresión es ajena a la moral Cuando adoptamos actitudes morales en asuntos que no tienen que ver nada con la moral, solemos enfrentarnos a multitud de resultados erróneos. Por ejemplo, la autoexpresión –o la carencia de ella- no representa, básicamente, un problema de ética, aparte del hecho de que nuestro deber consiste en emplear los talentos que Dios nos concedió
No obstante, la autoexpresión puede convertirse en una “falta” moral –en tanto guarde relación con la conciencia- si el sujeto es obligado a callar, o bien se le humilla y se le avergüenza o quizás se le castiga como a un niño en el momento en que manifiesta sus ideas. De esta manera “aprende” el niño a saber que es “malo” el tratar de expresarse y ello le mantiene aparte de toda conversación sin que, quizás, se atreva a hablar en absoluto
Si un niño se le castiga por mostrar su enfado o se le avergüenza en demasía cuando manifiesta alguna señal de miedo o se ríen quizá de él por expresarle amor a alguien, entonces éste “aprenderá” a saber que es “malo” manifestar sus sentimientos reales. Algunos niños aprenden que sólo es “mala” la expresión de las “malas emociones”: la ira y el miedo. Mas cuando el sujeto inhibe las “malas”, también inhibe las “buenas” emociones. Ahora bien, el metro con que se juzgan las emociones no tiene marcado en sus polos contrapuestos los conceptos de “bueno” o “malo” sino de “adecuado” o “impropio”. Es propio que el hombre que se encuentre de pronto con un oso experimente temor. Es apropiado experimentar ira si hay una legítima necesidad de destruir un obstáculo y este sentimiento nos proporciona la fuerza y el valor para ello
La ira dominada y “dirigida con propiedad” es un elemento importantísimo del valor
Si se le hace callar a un niño cada vez que expresa sus opiniones, “aprenderá” a que es mejor para él “no ser nadie” y que es malo el tratar de convertirse en alguien
Una conciencia así de turbada y de irrealista no puede producir más que cobardes
Nos convertirá en sujetos super susceptibles y nos obligará a estar pensando siempre en si “tenemos derecho” a alcanzar el éxito en cualquier tarea que emprendamos. Nos sentiremos, también, extremadamente preocupados acerca de “si merecemos esto o no”
Muchos individuos, que se sienten “inhibidos” por esta clase de “mala conciencia”, “se mantienen siempre atrás” o toman “un asiento trasero” en cualquier clase de empresa en que se les ocurra intervenir, incluyendo las actividades que desempeñan en sus iglesias
Sienten, secretamente, que no sería bueno para ellos “señalarse como líder” o “presumir de ser alguien”, ya que piensan demasiado en lo que la demás gente “puede pensar acerca de mí”
“El temor a la escena” es un fenómeno común y universal. Conviértese en subconsciente cuando es producido por un exceso de retroacción negativa que procede de una conciencia “en declinación”. “El miedo a la escena” manifiesta el temor “a ser castigados” por hablar alto al expresar nuestras opiniones, por presumir de “ser alguien” o por manifestar cosas que la mayoría de nosotros aprendimos que eran “malas” y dignas de castigo ya en los primeros años de la infancia. “El miedo a la escena” ilustra cuán universalmente se halla extendida la inhibición de la “autoexpresión”
La desinhibición: un gran paso en la dirección opuesta Si usted se halla entre los millones de personas desgraciadas que han experimentado la derrota y el fracaso a causa de la inhibición, entonces necesita practicar la desinhibición en forma contundente y deliberada. Necesitará practicar los procedimientos que han de hacer de usted un sujeto más despreocupado, menos dado a pensar “en lo que sucede” e inclinado a examinar con menos rigor sus ideas y sentimientos. Necesitará ejercitarse en hablar antes de pensar y a actuar sin pensar, en vez de pensar y “considerar cuidadosamente” lo que se dispone hacer
Es común, que cuando aconsejo a un paciente que practique la “desinhibición” (las personas más inhibidas suelen ser las que presentan mayores objeciones, tenga que oír cosas como estas: “Es seguro que usted no cree que necesitemos hacer ejercicios para convertirnos en sujetos absolutamente despreocupados, que no nos importe nada de nada ni incluso los resultados de los problemas personales que consideramos más importantes. Me parece que el mundo necesita cierta cantidad de inhibición porque, en otro caso, viviríamos como salvajes y la sociedad civilizada experimentaría un colapso rotundo. Si nos llegáramos a manifestar con libertad absoluta, expresando libremente todos nuestros sentimientos, iríamos por todas partes dando puñetazos a la gente que nos desagrada”
“Si, digo en esos casos. Usted se expresa correctamente: el mundo necesita cierta cantidad de inhibición, pero no usted. La expresión clave es ‘una cierta cantidad’. Usted posee tal exceso de inhibición que parece ser un enfermo que estuviera padeciendo una fiebre de cuarenta y un grados y que dijese: ‘El cuerpo humano requiere calor para conservarse sano. El hombre es un animal de sangre caliente y no puede vivir sin experimentar cierta cantidad de temperatura; todos necesitamos el calor, y, sin embargo, usted me dice que debo reducir la temperatura e ignorar completamente el peligro que representaría el no tener calor’
El tartamudo, que es un individuo al que tienen casi inválido “las tensiones morales”, los excesos de la retroacción negativa, el análisis autocrítico y la inhibición, privándole de la palabra en absoluto, hállase también inclinado a argüir de esta manera cuando se le dice que debe ignorar totalmente la retroacción negativa y la autocrítica. Le tratará, entonces, de citar numerosos proverbios, apotegmas y cosas parecidas con el objeto de demostrarle que uno debe pensar antes de hablar, que una lengua vaga y descuidada le habrá de producir multitud de problemas y dificultades y que uno debe tener mucho cuidado de lo que habla y en cómo le dice porque las buenas palabras son siempre importantes y que una palabra dicha ya no puede ser recogida. En fin, todo lo que trata de decir es que, en efecto, la retroacción es tan útil como benéfica. Pero no para él. Cuando llega a ignorar totalmente la retroacción negativa, debido a la impresión que le causan las palabras dichas en voz alta o las “conversaciones de ‘sombra’ o acompañamiento”, habla correctamente
El recto y estrecho sendero que existe entre la inhibición y la desinhibición Alguien ha dicho que la personalidad del sujeto inhibido y atormentado por la preocupación tartamudea en todos sus actos
El balance, el equilibrio y la armonía es lo que se necesita. En el momento en que la temperatura asciende demasiado alto, el médico hace todo lo posible para bajarla; cuando desciende demasiado, entonces el doctor trata de hacerla subir. Si un individuo no puede dormir lo suficiente, se le receta algo para que pueda dormir más; si duerme mucho, entonces se le prescribe un estimulante para poderlo mantener despierto, etc. No se trata de lo que sea mejor: una temperatura alta o baja, un estado de somnolencia o un estado de vigilia. La “curación” consiste en dar un gran paso en la dirección opuesta. En esto, el principio de la cibernética torna otra vez a la imagen. Nuestro objetivo consiste en la obtención de una personalidad completa y creadora. La senda que ha de conducirnos a la meta deseada debe pasar por entre el exceso inhibitorio y la inhibición escasa. Cuando hay demasiada inhibición, debemos corregir el curso que seguimos por medio de la práctica de una mayor desinhibición e ignorando totalmente la inhibición
Como indicar si se necesita la desinhibición He aquí las señales de la retroacción que pueden indicarnos cuando nos hallamos fuera de curso debido al exceso o a la escasez inhibitoria: Si el sujeto se halla constantemente metido en dificultades a causa de su extrema confianza; si halla habitualmente los caminos por donde los mismos ángeles temen meterse; si de manera habitual se suele hallar metido en agua hirviente a causa de sus impulsos y mal consideradas acciones; si el fuego cae sobre él porque siempre practica el principio de “primero hacer y preguntar después; ni nunca puede reconocer su equivocación; si acostumbra hablar con voz recia y con lengua demasiado suelta, entonces, lo probable es que experimente muy poca inhibición. El individuo, en este caso, necesita pensar en las consecuencias antes de atreverse a hacer nada. Debe, con sumo cuidado, cesar de actuar y de planear sus actividades
No obstante, la mayoría de la gente no se clasifica dentro de la mencionada y descrita categoría. Si el sujeto se muestra tímido entre las gentes extrañas; si teme una situación nueva y rara; si se siente inadecuado al ambiente, demasiado preocupado, lleno de ansiedad, se cuida en demasía de lo que piensa y dice; si se encuentra nervioso y piensa con exceso acerca de sí mismo; si padece algunos síntomas nerviosos tales como tics faciales, innecesarios guiños de ojos, temblores, dificultad de conciliar el sueño; si se siente fácilmente mal en ambientes sociales; si se mantiene siempre “detrás” y toma constantemente un asiento trasero, entonces, todos estos síntomas muestran que el individuo padece demasiadas inhibiciones y, en este caso, el sujeto se preocupa con exceso en todo cuanto emprende, y, además, “planea” demasiado. El sujeto necesita practicar, entonces, el consejo que San Pablo dio a los efesios: “No te preocupes de nada…”EJERCICIOS PRACTICOS: 1. No se pregunte por adelantado “lo que va a decir”
Abra la boca y dígalo sin empacho. Improvise en tanto que habla. Este consejo puede parecer radical, pero es, en efecto, el único que obligará a todos sus servomecanismos que operen en su propio beneficio (Jesús nos aconseja que no pensemos demasiado en lo que vayamos a expresar si tenemos que declarar ante un jurado, ya que el espíritu nos habrá de aconsejar, a su debido tiempo, respecto a lo que debemos decir)
2. No “planee” (no piense en el mañana). No piense antes de hacer. Haga, corrija sus actos en tanto los está haciendo. Este consejo puede parecernos demasiado radical; sin embargo, es, en efecto, el modo en que todos los servomecanismos se ponen a operar en nuestro propio beneficio. Un torpedo no “piensa en sus errores” por adelantado, y tampoco trata de corregírselos antes de empezar a operar, sino que primero actúa –comienza a correr hacia el objetivo-, y luego corrige cualquier error con que pueda enfrentarse u ocurrirle. “No podemos pensar primero y hacer después” dijo A. N. Whitehead. “Desde el momento en que nacemos nos hallamos implicados en la actividad, y sólo ésta puede guiarnos a adoptar una idea o una decisión”
3. Cese de autocriticarse. La persona inhibida se abandona continuamente al análisis autocrítico. Luego a cada acto, por simple que sea, se dice a sí misma. “Me pregunto si debiera haber hecho eso”. Después de haberse provisto del suficiente valor para manifestar algo, dícese inmediatamente: “Puede ser que no debiera haber dicho eso. Quizás el otro lo tome de manera errónea”. Cese de hacerse aparte todas estas lamentaciones. La provechosa y benéfica retroacción opera subconsciente, espontánea y automáticamente. La autocrítica, el autoanálisis y la introspección consciente son buenos y útiles si se la emplea no más de una vez por año. Pero empleada día a día, momento a momento, en la forma de un segundo y subterráneo descubridor de su propia personalidad, o desempeñando el papel de contador de sus hechos pasados cada lunes por la mañana, entonces se convierte en un agente que indefectiblemente habrá de llevarle a la frustración y a la derrota. Observe, pues, la autocrítica, deje que desempeñe un tanto sus labores, pero cuídese de detenerla en seguida
4. Fórmese el hábito de hablar más alto de lo que acostumbra. La gente inhibida habla notoriamente en voz baja. Procure aumentar el volumen de su voz. No tiene tampoco por qué vocear a la gente ni emplear un tono de enfado, pero practique conscientemente hablar un poco más alto de lo que acostumbra. La conversación en voz alta, por sí misma, se manifiesta como poderoso desinhibidor. Mediante recientes experimentos se ha demostrado que el individuo puede reforzar su voz en un 15% e inclusive levantar una carga mayor si vocea, gruñe o gime fuertemente mientras alza el peso. La explicación de ello estriba en que los gritos fuertes contribuyen a la desinhibición y permiten expresar toda la fuerza incluyendo a la que ha sido bloqueada o amarrada por las circunstancias inhibitorias
5. Deje saber a la gente cuándo le gusta a usted. La personalidad inhibida teme tanto expresar los “buenos” como los “malos” sentimientos. Si manifiesta amor, teme ser juzgado como sentimental; si expresa amistad, teme que se le considere un adulón y “limpiachaquetas”. Si felicita a alguien, teme que éste piense de él superficialmente o sospeche algún motivo ulterior. Procure ignorar en su totalidad estas señales de la retroacción negativa. Felicite por lo menos a tres personas distintas al día
Si gusta de lo que alguien está haciendo, o usa o dice, déjeselo saber al interesado
Hable y compórtese de manera directa. “Me gusta eso, Joe”. “Mary, llevas un sombrero muy bonito”. “Jim, eso me demuestra que eres una persona excelente”. Ahora bien, si usted está casado, dígale precisamente a su esposa “te quiero”, por lo menos dos veces al día.
Capítulo Duodécimo
Hágase sus propios tranquilizadores los cuales le ayudarán a obtener la paz del espíritu LAS DROGAS TRANQUILIZANTES, que se han hecho tan populares desde hace algunos años, producen la paz espiritual, la calma y reducen o eliminan los síntomas nerviosos mediante una “acción de sombrilla”. Lo mismo que un paraguas nos protege de la lluvia, los diversos tranquilizadores levantan una pantalla física entre nosotros y los estímulos perturbadores
Nadie comprende totalmente cómo se las arreglan los tranquilizadores para formar esta “sombrilla”. Lo mismo que un paraguas nos protege de la lluvia, los diversos tranquilizadores levantan una pantalla física entre nosotros y los estímulos perturbadores
Nadie comprende totalmente cómo se las arreglan los tranquilizadores para formar esta “sombrilla”, pero sí comprendemos por qué los mismos nos producen la tranquilidad
Los tranquilizadores operan mediante la enorme reducción o eliminación de nuestras propias respuestas a los estímulos perturbadores que nos llegan desde afuera
Los tranquilizadores no alteran el ambiente. Los estímulos perturbadores se quedan allí todavía. Aún nos mostramos capaces de reconocerlos intelectualmente, pero no respondemos a ellos de una manera emocional
Recuerde que en capítulo en que tratamos de la “felicidad”, dijimos que nuestros propios sentimientos no dependen de causas externas, sino de nuestras mismas actitudes, reacciones y respuestas. Los tranquilizadores, pues, ofrecen una evidencia convincente de este mismo hecho. Esencialmente, estos reducen la tonalidad de nuestras super-reacciones a la retroacción negativa
La super reacción constituye un mal hábito que debe ser curado Vamos a suponer que mientras estamos leyendo este libro, nos quedamos pacíficamente sentados “en nuestro propio antro”. De súbito, suena el teléfono. Por hábito y por experiencia este repiqueteo forma una “indicación” o estímulo que hemos aprendido a obedecer. Sin pensarlo siquiera, ni adoptar una decisión consciente respecto al sonido del timbre, respondemos al mismo inmediatamente. Saltamos del cómodo sillón en que estamos sentados y salimos corriendo a atender al teléfono. El estímulo externo ha producido el efecto “de hacernos mover”. Ha alterado, pues, nuestra actitud mental o nuestra “disposición” de auto determinar el curso de los hechos. Nos habíamos dispuesto a pasar una hora leyendo en paz y completa calma. Nos hallábamos interiormente preparados para ello. Ahora bien, todas nuestras disposiciones se alteraron de repente en el momento en que nos dispusimos a responder a los estímulos externos del ambiente
Precisamente, el punto que deseo señalar es este mismo. Uno no tiene que contestar al teléfono. No tenemos por qué obedecerle. Uno puede, si quiere, ignorar por completo el timbre del aparato. Podemos, si así lo preferimos, continuar sentados en paz y reposo manteniendo nuestro primitivo plan de disposición mediante el rechazamiento de reaccionar a la señal que se nos ha dado. Procure captar claramente en su propio cerebro esta imagen mental porque puede servirle de ayuda extraordinaria en el caso de que tenga que superar la fuerza de los estímulos externos que puedan producirle diversas perturbaciones. Contémplese sentado en calma y dejando que suene el teléfono, ignore las “señales” del aparato y no se mueva al oír la indicación de mando que el mismo le hace. Aunque el individuo se halla consciente de lo que el aparato trata de decirle ya que no piensa en el teléfono ni le obedece. Procure también que su mente capte, con toda claridad, el hecho de que la “indicación” exterior por sí misma no posee ningún poder sobre su persona, ningún poder para hacerle moverse del sitio en que se encuentra. En el pasado usted le había obedecido y había reaccionado a su llamada por puro hábito. Usted podrá, si quiere, formarse el nuevo hábito de no reaccionar a las demandas del aparato
Procure advertir, también, que su abstención a la “respuesta” no consistió en “hacer algo”, en esforzarse, en resistir o en luchar, sino en “el no hacer”, en la alteración del descanso por “el hacer”. Usted sólo guardó reposo ignorando la señal y dejándola producirse pero sin atenderla ni en una mínima parte
Disposiciones que se deben adoptar para adquirir la ecuanimidad Exactamente lo mismo que obedecemos o respondemos automáticamente al timbre del teléfono, nos volvemos susceptibles –nos “condicionamos”- de responder, en cierto modo, a los diversos estímulos del ambiente en que nos hallamos
La palabra “condición” apareció en los círculos de los expertos en psicología luego que Pavlov, mediante sus famosos experimentos, hubo logrado “acondicionar” a un perro a que salivase al oír el sonido de una campanilla, agitándola precisamente segundos antes de alimentar al animal. Este proceso lo repitió multitud de veces el célebre sabio. Primero, el repiqueteo de la campanilla. Unos segundos después, la aparición de la comida. El perro “aprendió” a reaccionar al tañido de la campanilla salivando poco antes de que le fuera dado el alimento. Originalmente, la respuesta formó el sentido. El repiqueteo de la campanilla significaba que se aproximaba el momento de recibir la comida y el perro salivaba disponiéndose a comérsela. No obstante, luego que el proceso se repitió numerosas veces, el perro continuó salivando cada vez que oía tocar una campanilla, estuvieran o no dispuestas las gentes que le servían a traerle, en seguida, el alimento. El perro había llegado a convertirse en un sujeto “condicionado” a la salivación mediante el simple tañido de la campanilla. Su respuesta no tenía sentido y no servía a ningún buen propósito, pero continuó reaccionando del mismo modo a causa del hábito
Existen multitud de campanillas o estímulos perturbadores en las diversas circunstancias de nuestro ambiente a las que hemos llegado a “condicionarnos” y a las que constantemente respondemos debido a los hábitos que hemos contraído, tengan o no sentido las respuestas que producimos
Muchas personas han aprendido a desconfiar de las gentes extrañas debido a las numerosas admoniciones que recibieron de parte de sus padres, para que no tuviesen trato con individuos desconocidos y, sobre todo, “no aceptar dulces de las manos de éstos”, “no subir a un automóvil con un extraño”, etc. La reacción de evitar a los extraños cumple con un excelente propósito si se trata de niños pequeños, pero, sin embargo, hay mucha gente que continua sintiéndose mal con facilidad en presencia de cualquier sujeto desconocido, inclusive cuando saben que viene como amigo en vez de llegar como adversario. Las gentes extrañas se convierten en “campanillas” y la respuesta aprendida se transforma en “temor”, en ganas de evitarlas o en deseos de rehuirlas. Aún hay personas que pueden reaccionar ante las multitudes, los espacios cerrados o abiertos, a los individuos revestidos de autoridad, tales como “el patrón”, con sentimientos de miedo o de ansiedad. En cada uno de estos casos particulares, el espacio abierto o cerrado, el patrón, etc., desempeña el papel de la “campanilla”, que advierte “hay peligro, corre, huye, siente miedo”. Y así, debido al hábito contraído, continuamos respondiendo del modo acostumbrado. Obedecemos, pues, a “la campanilla”
Cómo extinguir las reacciones condicionadas Podemos, sin embargo, extinguir las respuestas condicionadas si nos proponemos practicar el reposo en vez de ejercitar la reacción. También podremos, si así lo deseamos, lo mismo que en el caso del teléfono, aprender a ignorar el repiqueteo del timbre y a continuar sentados calmadamente “dejándole sonar”. La idea clave que debemos llevar siempre consigo para emplearla en cualquier momento en que nos enfrentemos a los estímulos perturbadores es la siguiente: “El teléfono está llamando, pero no tengo por qué contestar. Voy a dejarle que suene cuanto quiera”. Esta idea debe servirle de clave en su imagen mental, ya que mediante ella, se verá sentado tranquilamente sin responder, sin hacer nada y dejando que siga sonando el teléfono sin prestarle atención, y ello cada vez que las circunstancias le exijan evocar esta actitud
Si no es posible la respuesta, demórela En el proceso de extinguir las actitudes “condicionadas”, el sujeto puede enfrentarse a diversas dificultades que le impidan, especialmente al principio, ignorar en absoluto el rentintineo del timbre, sobre todo cuando éste suena inesperadamente. En estos casos el individuo puede lograr el mismo resultado final –la extinción de la actitud condicionada- adoptando el principio de la dilación de la respuesta
Cierta mujer, a quien llamaremos Mary S., se llenaba de angustia y enfermaba fácilmente cuando se hallaba entre grandes multitudes. No obstante, mediante la práctica de la mencionada técnica, logró el dominio de la tranquilidad y la inmunidad, en la mayoría de las ocasiones, contra los estímulos perturbadores. No obstante, algunas veces, los deseos de correr y de huir le resultaron, sencillamente, imposibles de dominar
“¿Recuerda usted a Scarlett O’Hara en Lo que el viento se llevó?” – le pregunté
“Esta era su filosofía: ‘No quiero preocuparme acerca de eso ahora; ya tendré que preocuparme mañana’.” Y así fue capaz de mantener su equilibrio interno y adaptarse completamente al ambiente a pesar de la guerra, el fuego, la pestilencia y el amor no correspondido, y todo ello mediante la demora de la relación
La dilación de la respuesta interrumpe e interfiere el funcionamiento automático de la actitud condicionada
“El contar hasta diez” cuando el sujeto está dispuesto a sentirse enfadado se basa en el mismo principio y constituye un consejo estupendo: si cuenta con lentitud, retardará de hecho la verdadera reacción y ello evitará el enfado que habría de expresarse dando algunos soberbios puñetazos sobre la mesa del despacho. La “respuesta” de la ira consiste en algo más que en ponerse a dar gritos o en sacudir puñetazos al “buró”. El sujeto no podrá experimentar “el sentimiento” de la emoción, de la ira o del miedo si los músculos del mismo se hallan en perfecto reposo. Por lo tanto, si el individuo logra retardar, durante unos diez segundos, “el sentirse enfadado”, la moratoria habrá de responder de todo y la persona afectada logrará extinguir el reflejo automático que produce la ira
Así, Mary S. Logró extinguir su miedo condicionado a las multitudes mediante la detención de la respuesta. Cuando sentía que, simplemente, tenía que echarse a correr, solía decirse: “Muy bien, pero no en este mismo instante. Dejaré pasar dos minutos antes de abandonar la habitación ¡Sólo puedo resistirme a obedecer durante dos minutos!” El reposo forma una pantalla psíquica produciendo un tranquilizador Estaría bien que procurase ver claramente en su cerebro el hecho de que nuestras emociones perturbadoras –la ira, la hostilidad, el miedo, la angustia, y la inseguridad- son producidas por nuestras propias reacciones y no por respuestas externas. Reacción significa tensión. Carencia de respuesta indica reposo. Ha sido comprobado mediante experimentos científicos de laboratorio que el sujeto no puede sentir en absoluto ira, temor, angustia, inseguridad, etc., en tanto los músculos permanecen en perfecto reposo
Todo ello representa, en esencia, a nuestros propios sentimientos. La tensión muscular “dispone a la acción” o, para decirlo con otras palabras, “nos prepara para que respondamos”. La relajación de los músculos produce “el reposo mental” o “una pacífica actitud de calma”. De tal modo, la relajación constituye nuestro más apropiado tranquilizador natural y forma o construye una pantalla psíquica o una sombrilla que nos separa de los estímulos perturbadores
El descanso físico, por la razón mencionada más arriba, sirve de poderoso desinhibidor. Según vimos en el capítulo anterior, la inhibición es sólo el resultado del exceso de la retroacción negativa, o mejor aún, nuestra super-reacción a la retroacción negativa. La relajación indica que no hay reacción. Por consiguiente, con la práctica diaria del reposo uno no sólo aprende a desinhibirse sino también a proveerse del tranquilizador que elabora la propia naturaleza de la persona y la cual debe acompañar al sujeto en cada una de sus cotidianas actividades. Protéjase, pues, de los diversos estímulos perturbadores procurando mantenerse en permanente actitud de reposo
Constrúyase en su propio cerebro una “sala de reposo” “Los hombres buscan diversos lugares a donde poder retirarse: casas en el campo, en las playas y en las montañas; y tú estás demasiado acostumbrado a desear tales cosas”, decía Marco Aurelio. “Mas ello es sólo una muestra del carácter de los hombres más comunes, porque está en tu poder el que puedas retirarte dentro de ti mismo
Porque no hay nada que nos calme y libere mejor de nuestras inquietudes cuando el hombre se retira dentro de su propia alma, particularmente cuando siente dentro de él tales ideas que al mirarse dentro de sí se halla inmediatamente en perfecta calma; y yo afirmo que la tranquilidad no es otra cosa que el buen ordenamiento de la mente. Busca tu retiro constantemente en ti mismo y renuévate…” (Meditaciones de Marco Aurelio)
En los últimos días de la II Guerra Mundial alguien, en todo de comentario, dijo al Presidente Harry Truman que parecía haber soportado el presión y la tirantez del poder mejor que ningún otro de los presidentes anteriores; que las funciones que había desempeñado no parecían haberle “envejecido” o minado la vitalidad, y que ello resultaba bastante notable teniendo en cuenta, sobre todo, los diversos y tremendos problemas a que tuvo que enfrentarse como presidente de tiempos de guerra. A lo cual Truman contestó: “Tengo una cueva de zorro en mi mente”. Prosiguió diciendo que lo mismo que el soldado se refugia en su chabola para protegerse, descansar y recuperarse, él también se retiraba periódicamente a su propia chabola mental donde no permitía que nada le molestase
La Cámara de liberación de presiones Cada uno de nosotros necesitamos un compartimiento tranquilo dentro de nuestra propia mente igual a las profundidades del mar que nunca son perturbadas por el oleaje ni el movimiento de las aguas, estén como estén éstas de agitadas en la superficie
Este calmado espacio mental, que nos construimos con la propia imaginación, opera como una cámara de liberación de las presiones mentales y emotivas. Esta libera al sujeto de las tensiones, las preocupaciones, las violencias y los esfuerzos, la refresca y le capacita para retornarle a su trabajo cotidiano y a acoplarse mejor con el mundo
Creo firmemente que cada personalidad posee algún centro calmado dentro de ella misma, el cual nunca siente las perturbaciones y es inamovible lo mismo que el punto matemático del centro exacto de la rueda que permanece estacionario. Lo que necesitamos haber es hallar este centro lleno de paz, que existe dentro de nosotros, y retirarnos al mismo con el objeto de descansar, recuperarnos y renovar nuestro vigor
Una de las recetas más valiosas que haya dado nunca a mis pacientes consiste en la recomendación de que aprenda a retornar, de vez en cuando, a este centro lleno de calma balsámica. Ahora bien, uno de los mejores medios que he descubierto para entrar a esta región pacífica consiste en que nos construyamos en la imaginación un pequeño gabinete mental. También debemos amueblar esta “habitación” con cualquiera de los elementos que más contribuyan al descanso y al refrescamiento de la persona: quizás unos hermosos paisajes, si gusta de la pintura; un volumen de poemas favoritos, si le gusta la poesía. Los colores de las paredes deben ser los que le produzcan mayor placer, pero debieran seleccionarse entre los que mayor grado contribuyen al logro del reposo: azul, gris claro, dorado, amarillo. El lugar de retiro es sencillo y está amueblado simplemente y no existen en el mismo, elementos que distraigan al sujeto. Se halla muy limpio y todo permanece en perfecto orden. La simplicidad, la calma y la belleza constituyen las claves definitivas para el logro de lo que nos proponemos. Al través de la pequeña ventana, el individuo puede contemplar una hermosa playa. Las olas ruedan de allá para acá y de aquí para allí, mas el sujeto no puede oírlas ya que el pequeño gabinete de retiro está muy tranquilo y es muy silencioso
Ponga tanto cuidado en la construcción de este gabinete imaginativo como pondría en la construcción de una verdadera casa. Trate de mostrarse profundamente familiar con cada uno de los detalles
Disfrute a diario de unas pequeñas vacaciones En cualquier día que disponga de unos instantes de sombra, entre dos citas, al ir en autobús, etc., retírese a su “pacífico gabinete”. En el mismo minuto en que comience a sentir una tensión de cualquier clase, se sienta con prisa o lleno de ansiedad, retírese, por unos segundos, a su “habitación” en la que reina la calma. Por pocos que sean los minutos que emplee de esta manera en un día muy agitado, éstos le recompensarán con creces. Piense que no es tiempo perdido, sino tiempo que invierte en su propio beneficio. Dígase; “Voy a descansar un momento en mi tranquilo gabinete”. Luego, procure verse en su imaginación cómo asciende las escaleras que le conducen a su habitación. Dígase: “Ahora estoy subiendo las escaleras; ya abro la habitación. Bien; ya me encuentro adentro del gabinete”. Procure tomar nota imaginativamente de todos los detalles de quietud y de descanso que hay en el mismo
Véase sentándose en un sillón favorito, en maravilloso descanso y en paz con todo el mundo. Su habitación es segura. Nadie le podrá tocar mientras usted se halla allí. No existe, pues, nada por qué preocuparse. Usted dejó sus preocupaciones al pie de la escalera. Aquí no hay decisiones que adoptar ni nada que dé prisa ni le moleste
Todos necesitamos cierta dosis de escapismo Sí, esto es “escapismo”. También el sueño lo es. Llevar un paraguas cuando llueve también es “escapismo”. La construcción de una verdadera casa que ha abrigarnos contra las inclemencias del tiempo es la misma cosa. También lo es la decisión de tomarse unas vacaciones. Pero, ciertamente, nuestro sistema nervioso necesita de cierta dosis de escapismo. Necesitamos alguna libertad y cierta protección contra el continuo bombardeo de los estímulos externos. Tenemos necesidad de unas vacaciones anuales para “vaciarnos” físicamente de las viejas escenas, los viejos deberes y las viejas responsabilidades. Todo ello “tenemos que enviarlo de vez en cuando al viento o al mismísimo diablo”
Tanto su alma como su sistema nervioso necesitan un gabinete de descanso, un gabinete en donde pueda recuperar y proteger cada pedazo de ellos exactamente lo mismo que su cuerpo físico necesita de una casa real por razones idénticas. El gabinete mental le ofrece a su sistema nervioso un breve descanso cada día. Por un momento usted “se vacía” de todas sus obligaciones de trabajo, de sus responsabilidades, decisiones y presiones, y todo ello lo manda mentalmente al viento, mediante el sencillo procedimiento de retirarse a su “cámara” de reposo
Los cuadros mentales impresionan al mecanismo automático mucho mejor que las palabras. Especialmente si esos cuadros contienen un fuerte sentido simbólico. Uno de los grabados mentales que ha hallado más efectivo es el siguiente: En una visita que hice a Yellowstone National Park, hallábame esperando pacientemente a que el géiser “Old Faithful” arrojase una bocanada de vapor, lo que suele suceder, aproximadamente, en intervalos de una hora. De súbito, el géiser eructó una gran masa de silbante vapor igual que una gigantesca caldera en la que hubiese reventado su válvula de seguridad. Un niño pequeño que permanecía cerca de mí, preguntó, entonces, a su padre: “¿Por qué hace eso?” “Mira”, le dijo el padre. “Yo creo que la vieja Madre Tierra es igual que cada uno de nosotros. Forma una cierta cantidad de vapor, y una vez a cada rato tiene que soltar el sobrante con el objeto de conservarse en buen estado de salud”
“¿No sería maravilloso, pensé, entre mí, si los seres humanos pudiésemos “soltar el vapor” sin daño alguno, lo mismo que el géiser, cuando las presiones emocionales se forman dentro de nosotros? No poseía un géiser ni tampoco una válvula de vapor encima de mi cabeza, pero sí tenía mi propia imaginación. Así que comencé a emplear este cuadro mental cuando me retiraba a descansar a mi gabinete mental de reposo. Tendría, pues, que recordar el géiser “Old Faithful” y formarme un cuadro mental del momento en que la presión del vapor emotivo daba salida a éste, por la punta de mi cabeza, para evaporarse sin daño alguno. Procure probar este cuadro en el momento en que se sienta cansado o tenso
Ambas ideas de “soltar el vapor” y “de soltarlo por la punta de la cabeza” pueden presentarle estupendas asociaciones con las características de su propia maquinaria mental
“Limpie” su mecanismo antes de tratar de resolver un nuevo problema Si va usted a emplear una máquina de sumar o un computador electrónico, debe “quitar” de la máquina los problemas anteriores antes de tratar de solucionar uno nuevo
De otra manera, algunas partes del viejo problema o de la antigua situación, penetrarán en la nueva circunstancia y habrán de producir una respuesta errónea
Este ejercicio de retirarse por breves instantes a su gabinete de reposo puede realizar en su mente la misma clase de “limpieza” de su mecanismo del éxito, y, debido a esta razón, es muy útil que lo practique entre las diversas tareas, situaciones o ambientes que requieren diferentes modos, ajustes o tendencias mentales
Ejemplos comunes de las preocupaciones “que uno lleva consigo” o de los sentimientos de culpabilidad que deben “limpiarse” de la máquina mental son los siguientes: Un ejecutivo de negocios lleva consigo a su casa las preocupaciones y el mal humor producidos por la jornada de trabajo. Durante todo el día se ha sentido como “cogido en una trampa”, ha sentido impulsos de apresuramiento y como algo que le empujaba “para que se pusiese a andar”. Quizás haya experimentado un poco de frustración que le ha obligado a mostrarse irritable. Cesó de trabajar físicamente cuando marchó a casa. No obstante, lleva consigo a su hogar un residuo de frustración, agresividad, prisa y preocupaciones. Todavía siente impulsos de seguir trabajando y no puede reposar. Se irrita con su esposa y la familia. Aún piensa en los problemas de la oficina aunque, por otra parte, no puede hacer nada acerca de ellos
El insomnio y la rudeza son producidos frecuentemente por las emociones no superadas que el sujeto lleva aún consigo Mucha gente suele irse a dormir cargada de preocupaciones cuando lo mejor sería que fuese a descansar. Mental y emocionalmente, está intentando todavía hacer algo acerca de una situación determinada a una hora en que “el hacer” es absolutamente impropio
Durante todo el día hemos estado necesitando diversos tipos de organización mental y emotiva. El sujeto requiere entonces un “humor” y una disposición mental distinta para conversar con su jefe o con un cliente. Ahora bien, si el individuo ha estado hablando con un cliente airado e irritable, necesita cambiar su disposición “de humor” antes de ponerse a hablar con un segundo cliente. De otra manera, “la carga emocional” que todavía lleva consigo será completamente impropia al tratar con la otra persona
En una gran compañía se averiguó que los ejecutivos de la misma contestaban al teléfono, sin conocer al interlocutor, con tonos duros, agrios e irritados. El timbre del teléfono repiqueteaba en medio de una junta bastante violenta, de la cual saltaba el ejecutivo sumido en sus sentimientos de frustración y hostilidad, y, por una u otra razón, ofendía al inocente interlocutor con su tono de voz hostil y enfadado. Esta compañía ordenó, entonces, a todos sus ejecutivos que hicieran el favor de detenerse unos cinco segundos y sonreír antes de recoger el auricular. Las emociones no superadas como causa de accidentes Las compañías de seguros y otras agencias que investigan las causas de los accidentes han descubierto que muchos de los accidentes automovilísticos se deben a las emociones no superadas. Por ejemplo, si el conductor acaba de tener una agria disputa con su patrón o con su esposa y ha experimentado cierta dosis de frustración o bien acaba de abandonar una situación que exigía un comportamiento agresivo, es muy probable que sufra un accidente. Se siente lleno de emociones incontroladas y manifiesta actitudes que resultan absolutamente inadecuadas para el hecho de conducir un vehículo. En realidad, no está enfadado con los otros choferes. Hállase en situación parecida a la del hombre que en la mañana despierta de un sueño en el cual ha experimentado un acceso de ira violenta. Percibe, sin embargo, que la injusticia que se cebó con él no se manifestó más que en el sueño. ¡Pero todavía se siente enfadado! ¡Y eso es todo! El estado de temor puede prolongarse en nuestros ánimos de manera parecida
El estado de calma y serenidad también podemos prolongarlo Ahora bien, el objeto optimista que también debemos conocer acerca de todo esto consiste en que la amistad, el amor, la paz, la quietud y la calma también son emociones que podemos prolongar en nuestros ánimos
Es imposible, como ya hemos dicho, experimentar o sentir temor, ira o angustia cuando nos hallamos en completo reposo, quietud y equilibrio. El retirarse entonces a su gabinete de descanso contribuirá a una limpieza ideal de su mecanismo con respecto a las diversas emociones y estados de humor. Las viejas emociones se evaporan y desaparecen. Al mismo tiempo, el sujeto ha de experimentar la calma, la paz y un estado de bienestar que ha de prolongarse a las actividades que sigan de inmediato. Ese período de quietud habrá de lavar la pizarra, por así decirlo, limpiará la máquina y le proporcionará una nueva página limpia para el ambiente que ha de seguir a ello
Yo mismo suelo practicar “los períodos de reposo” inmediatamente antes y después de someter a un paciente a una operación quirúrgica. La cirugía requiere un alto grado de concentración, calma y autodominio. Por otra parte, sería desastroso, en el momento de una operación, convertirse en víctima de los impulsos de la prisa, la agresividad y de los sentimientos de preocupaciones personales. Por consiguiente, procuro limpiar mi maquinaria mental trasladándome por unos cuantos minutos a mi imaginado “gabinete de reposo” donde procuro aquietar todas mis tribulaciones. Pero, al contrario, el alto grado de concentración, de resolución y abstracción, que son tan necesarios en la circunstancia de una operación quirúrgica, serían totalmente impropios en una nueva situación social, si ésta tuviera que consistir en una entrevista en mi consultorio o en la asistencia o un gran baile. Así, pues, luego de haber hecho una operación, también suelo gastar un par de minutos en retirarme a mi gabinete de reposo, para limpiar las mesas, por así decirlo, y dejarlas listas para un nuevo tipo de acción
Hágase sus propias sombrillas psíquicas Mediante la práctica de las técnicas que presento en este capítulo, el sujeto podrá hacerse sus propias “sombrillas” psíquicas, las cuales deber ser a manera de pantallas que habrán de alejarle de los diversos estímulos perturbadores, proporcionándole mayor paz de espíritu y capacitándole para que pueda desempeñarse mejor en la vida
Por encima de todo, procure mantener “in mente””, y persista “golpeando” durante sobre ello en casa, que la clave del asunto para que el individuo se sienta tranquilo o turbado, temeroso o en equilibrio, no consiste en los estímulos externos, sean éstos cuales fueren, sino en sus propias respuestas y reacciones. La respuesta propia es, pues, lo que le hace a uno sentirse temeroso, lleno de angustia e inseguro. Si no responde en absoluto “y deja que el timbre del teléfono continúe repiqueteando”, será imposible que se sienta usted perturbado, independientemente de lo que esté aconteciendo a su alrededor. “Sé como el promontorio sobre el que las olas rompen continuamente, pero ten en cuenta que aquél permanece firme y detiene la furia de las aguas que se abaten a su alrededor”, dijo Marco Aurelio
El Salmo 91 constituye un vívido cuadro oral del hombre que experimenta sentimientos de salvación y de seguridad en el mero centro de los terrores de la noche, de las flechas que vuelan por el día, de las plagas, las intrigas, las trampas de los enemigos, los peligros (cayeron diez mil a su lado), a causa de que había encontrado “el lugar secreto” dentro de su propia alma y allí permanecía inamovible –ello es, el sujeto no reaccionaba ni respondía emocionalmente a las campañas que anunciaban el espanto de que había sido hecho presa el ambiente en que se encontraba-. Emocionalmente, ignorábalos por completo, así como William James recomendó la ignorancia total del mal y de los “acontecimientos y hechos” desgraciados con el objeto de que podamos preservar la felicidad, y lo mismo que James T. Mangan recomienda la ignorancia total de las situaciones adversas que se produzcan en nuestro ambiente para que podamos sentirnos en perfecto equilibrio
El sujeto es fundamentalmente “actor” y no “receptor”. A través de todo este libro hemos hablado constantemente acerca de la conveniencia de reaccionar y responder con propiedad a los diversos factores con que tengamos que enfrentarnos en cualquiera de los ambientes en que nos hallemos. El hombre, sin embargo, no es originalmente “preceptor” sino “actor”. No sólo debemos reaccionar y responder, de una u otra manera, a cualquiera de los factores ambientales que se nos puedan presentar de la misma forma que un barco que sigue el camino al que le impulsa el viento. Como seres que perseguimos objetivos determinados, lo primero que tenemos que hacer es ACTUAR. Nos proponemos nuestra propia meta y determinamos el curso de la misma
Luego, dentro de la idea estructural de la persecución del fin, tenemos que responder y reaccionar adecuadamente, ello es, de una manera que haya de servirnos para el progreso ulterior que ha de llevarnos a la meta perseguida
Al responder y reaccionar a la retroacción negativa no tenemos que proseguir “bajando el camino” que lleva a la meta –o que sirve a nuestros fines-, ya que no hay que responder a nada en absoluto. Ahora bien, si una respuesta de cualquier clase nos desvía de la ruta u opera contra nosotros, entonces debemos cortar de inmediato la respuesta, ya que el “no responder” constituye, en este caso, la respuesta apropiada
El estabilizador de las emociones En casi cada una de las situaciones que se forman cuando perseguimos una meta, nuestra propia estabilidad interior constituye, por sí misma, un importante objetivo que debemos mantener. Debemos mostrarnos sensibles a los datos de la retroacción negativa que nos anuncian cuando nos desviamos de la ruta, de tal forma que podamos cambiar la dirección para proseguir acertadamente nuestro camino. Pero, al mismo tiempo, debemos conservar nuestro propio “barco” a flote y estabilizarlo. Nuestro barco no debe tropezar con las rocas o quizás hundirse por la acción de cualquier ola que encuentre al paso ni tampoco por las tempestades más serias con que tenga que enfrentarse. He aquí lo que dice Prescott Lecky: “Debemos mantener la misma actitud sean como fueren los cambios que se produzcan en el ambiente”
La “disposición de dejar que suene el teléfono” es una actitud mental que contribuye a mantener nuestra estabilidad. Esta nos ayuda a no tropezar con nada, a no ser desviados de la ruta o destrozados por cualquier ola o arrecife que haya en nuestro ambiente
Cese de luchar con “los hombres de paja” Otro tipo de respuesta inadecuada que nos produce preocupaciones, inseguridad y tensión, lo constituye el mal hábito de tratar de responder emocionalmente a algo que sólo existe en nuestra imaginación. No satisfechos con responder solamente a los verdaderos estímulos menores de un ambiente real, muchos de nosotros creamos hombres de paja en nuestras propias imaginaciones y lo peor es que respondemos emocionalmente a estos cuadros imaginativos. Además de las circunstancias negativas que realmente existen en el ambiente, nos imponemos aún las creadas por nosotros mismos: Puede acontecer esto o lo otro; qué pasaría si sucediera eso, etc. En el momento en que nos sentimos preocupados solemos formar cuadros mentales –cuadros mentales adversos de lo que puede existir en el ambiente o de lo que puede acontecer
-Entonces, respondemos a estos cuadros negativos como si fueran reales. Recuerde que su sistema nervioso no puede notar la diferencia que existe entre una experiencia real y otra imaginada vívidamente
“El no hacer nada” es la respuesta apropiada a un problema inexistente Torno a repetirlo, el sujeto puede conquistar la tranquilidad contra esta clase de perturbaciones no por lo que haga sino por lo que no haga, es decir, negándose a responder. En tanto como concierne a las emociones, la respuesta adecuada a los cuadros de preocupaciones imaginadas consiste en expresar hacia los mismos una ignorancia total. Viva emotivamente el momento presente. Analice el ambiente en que se desenvuelva –hágase más consciente en todo lo que respecta, de manera real, a su ambiente- y procure responder y reaccionar al mismo en forma espontánea. Con el objeto de hacerlo así, el individuo tiene que prestar toda su atención a lo que está haciendo ahora. Usted tiene que mantener puesto el ojo en la pelota. Entonces, su respuesta será apropiada y no tendrá tiempo de notar lo falso o de reaccionar a ningún ambiente ficticio
El primer marco de ayuda El llevar constantemente consigo estas ideas es una especie de primer marco de ayuda: Cualquier conmoción interna –o sea, lo opuesto a la tranquilidad- prodúcese, casi siempre, debido a una super-respuesta, esto es, a una “reacción de alarma” demasiado sensible. Ahora bien, cuando el sujeto crea dentro de sí un “tranquilizador” –una pantalla psíquica entre el ser interno y los estímulos perturbadores- y se ejercita en “la no respuesta”, “deja siempre que el teléfono continúe sonando”
El individuo, mediante este procedimiento, cura sus viejos hábitos de “super- reacción”, y extingue los viejos reflejos condicionados, cuando practica el hábito de “dejar hacer” o “dejar pasar”, el cual es automático y consiste en la respuesta inconsciente
El reposo constituye nuestro propio “tranquilizador” natural. Ahora bien, el reposo estriba en la carencia de reacción. Aprenda, pues, a conquistar el reposo físico mediante la práctica cotidiana. Luego, cuando necesite practicar la carencia de reacción en las actividades diarias “haga precisamente lo que está haciendo” en tanto descansa
Emplee la técnica del “gabinete de reposo” mental como su tranquilizador cotidiano con el objeto de tonalizar sus reacciones nerviosas y de limpiar su mecanismo emocional de las emociones que carga consigo y que resultarían inadecuadas en cualquier nueva situación con que tenga que enfrentarse
Cese de producirse espantos de muerte con sus propias figuraciones. No continúe luchando contra los hombres de paja o las fantasmagorías. Responda emocionalmente a lo que es en realidad, aquí y ahora, e ignore el resto de las cosas
EJERCICIO PRACTICO: Prodúzcase en su imaginación un vívido grabado mental de su propia persona en el que se vea sentado pacíficamente, en completa quietud, dejando que suene el timbre del teléfono en la misma forma en que hemos señalado anteriormente en este mismo capítulo. Luego, procure “transportar consigo” en sus actividades diarias esta misma actitud llena de paz, inamovible y equilibrada, mediante el procedimiento de evocar el grabado mental descrito. Dígase: “Voy a dejar que suene el teléfono”, en cualquier momento que estuviese tentado de “obedecer” o responder a alguna alarma de temor o de ansiedad. Inmediatamente después, emplee su imaginación en los ejercicios correspondientes a las diversas situaciones en que encuentre necesario el uso de la “carencia de reacción”: véase, entonces, sentado pacíficamente y sin hacer ningún movimiento mientras un colega suyo disparata y sueña. Véase cumpliendo sus tareas diarias una por una, y todo ello con calma, mesura y sin prisa alguna, independientemente de las presiones propias con que le trate de apresar un día lleno de actividad febril. Véase manteniendo la misma constante y estable compostura a pesar de las diversas “alarmas de la prisa” y las “alarmas de presión” que puedan presentársele en el ambiente. Véase en las diversas situaciones que le llegaban a irritar en el pasado, pero tenga en cuenta que HOY debe quedarse usted guardando una sola compostura llena de calma y de equilibrio, y que no va intentar responder a nada que le perturbe
El termostato espiritual Su cuerpo físico posee un termostato interno autoconstruido. Este es un servo- mecanismo que mantiene constantemente su temperatura interna a treinta y seis grados y medio y jamás tiene en cuenta la temperatura que reina en el ambiente. El tiempo que hace a su alrededor puede ser sumamente frío, supongamos de unos quince grados bajo cero. No obstante, su cuerpo mantiene su propia temperatura: treinta y seis grados y medio constantemente. Sin embargo es capaz de funcionar con absoluta propiedad en el ambiente en que se encuentra a causa de que no toma para sí el clima que reina en su derredor. Sea cálido o frío, haga frío o calor, el cuerpo continúa manteniendo su propia temperatura. El sujeto también posee un termostato espiritual interno, construido por él mismo, que le capacita para que pueda mantener un clima y atmósfera emocionales constantes a pesar del tiempo EMOCIONAL que le circule. Mucha gente no suele hacer empleo de este termostato espiritual debido a que no saben que lo poseen; no saben que este género de cosas sea posible y tampoco logran comprender que no tienen por qué recoger para sí el clima externo. Además, el termostato espiritual es precisamente tan necesario para la salud emotiva y el bienestar psíquico como el termostato físico lo es para preservar la salud del cuerpo. Comience, pues, a usarlo ahora mismo empleando las técnicas que le describo en el presente capítulo.
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