Capítulo Quinto
Cómo aplicar la fuerza del pensamiento racional
Muchos de mis pacientes llegan francamente a desilusionarse cuando les prescribo algo tan simple como lo es la aplicación de la fuerza de la razón, que Dios les dio, como método que ha de ayudarles a transformar sus creencias negativas y su conducta. A algunos todo ello les parece demasiado candoroso y carente de principios científicos
Sin embargo, esto tiene una ventaja: funciona y alcanza objetivos. Luego hemos de ver, también, que el sistema que propongo se halla basado en rigurosos descubrimientos de la ciencia
Existe, además, una falacia ampliamente extendida, según la cual el proceso del pensamiento lógico y racional no ejerce influencia alguna ni tampoco tiene poder sobre los procesos inconscientes o los diversos mecanismos mentales, y que, para transformar las creencias negativas, los sentimientos o la conducta del hombre, es necesario “cavar” en el inconsciente y extraer el material, que allí yace, hasta la superficie o conciencia
El mecanismo automático –que los freudianos llaman el inconsciente-, es absolutamente impersonal. Opera como una máquina y no posee voluntad propia. Trata siempre de reaccionar en correspondencia con las creencias e interpretaciones comunes y corrientes que interesan al ambiente. Trata siempre de proporcionarle los sentimientos apropiados a los cuadros mentales, que usted guarda, y alcanzar las metas que usted mismo se ha propuesto conscientemente lograr de una manera determinada. Opera a base de los datos con que usted lo haya alimentado en formas de ideas, creencias, opiniones e interpretaciones
Es el “pensamiento consciente” el que constituye “el botón de control” de la máquina inconsciente. Fue mediante el pensamiento consciente, aunque quizá de modo irracional e irrealista, que su máquina inconsciente desarrolló formas de reacción inapropiadas y negativas, y es mediante la idea racional consciente como podrán transformarse las formas automáticas de reacción
El Dr. John A. Schindler, antiguo miembro de la famosa Clínica Monroe – Monroe, Wisconsin-, alcanzó bien merecida la fama nacional por los notables éxitos que llegara a conquistar en cuanto respecta a la ayuda que prestó a numerosos individuos que se sentían desdichados, los cuales no eran nada más que personas neuróticas que habían rechazado el gozo de vivir o retornar a la vida productiva y feliz. El porcentaje de sus curaciones sobrepasó con mucho al que alcanzaron los psicoanalistas. Una de las claves de su método de tratamiento consistía en lo que él llamó “control consciente de la ideación”. “…Sean cuales fueren las obras omitidas o los actos que se hayan cometido con respecto a otras personas en el pasado” –decía-, “el individuo tiene que comenzar a adquirir madurez en el presente con el objeto de que el futuro sea superior a su pasado
El presente y el futuro dependen de la adquisición de nuevos hábitos y de modos nuevos de mirar los viejos problemas. No se logrará conquistar un buen futuro mediante la inquietud y examen continuos acerca del pasado… los problemas emocionales que se destacan entre unos y otros pacientes poseen el mismo común denominador para cada uno de éstos. Este común denominador consiste en que el paciente ha olvidado cómo –o probablemente nuca lo haya aprendido- controlar su pensamiento presente, para que pueda producirle el placer de la vida”. John A. Schindler, How To Live 365 Days a Year, Englewood Cliffs, N. J., Prentice-Hall, Inc.)Déjelas dormir profundamente El hecho que los recuerdos de los fracasos del pasado se hallen enterrados en el inconsciente, lo mismo que las experiencias desagradables y dolorosas, no significa que deban ser extraídos o descubiertos, en uno u otros caso, ni tampoco expuestos ni examinados a la superficie, con el objeto de efectuar las necesarias transformaciones de la personalidad. Como habíamos señalado anteriormente, la capacidad de aprendizaje se asimila poco a poco mediante las pruebas y los errores, haciendo o intentando hacer, perdiendo la señal, tomando en cuenta conscientemente el grado de error y ejecutando las correcciones necesarias para la siguiente prueba hasta conseguir dar en el blanco, o sea, hasta conseguir lo que nos proponemos o través de un último y feliz intento. La forma de reacción con que alcanzamos el éxito es, entonces, recordada o “evocada”, y, por fin, “imitada” en pruebas ulteriores. Ello es verdad para el hombre que aprende a montar a caballo, a arrojar dardos, a cantar, conducir un automóvil, jugar al golf, entrar en contactos sociales con otros seres humanos, en el perfeccionamiento de cualquier otra habilidad, etc. Es también verdad con respecto al “instrumento substituto mecánico”, que nos enseña la manera de poder salir de un laberinto o de una serie de ideas confusas. Todo ello, del mismo modo que sucede con todos los “servomecanismos”, debido, principalmente, a la misma naturaleza del contenido de recuerdos de los errores, los fracasos y las experiencias negativas y dolorosas del pasado. Todas estas experiencias negativas no inhiben al sujeto, sino que contribuyen al proceso de aprendizaje del mismo en tanto sean usadas apropiadamente como datos negativos del feedback (depósito retentivo de datos negativos), y son consideradas, por tanto, como desviaciones del camino que conduce a la meta positiva que se desea alcanzar
Sin embargo, tan pronto el error haya sido reconocido con tal y hecha la debida corrección en el proceso que se dirige hacia la meta deseada, importa también que el error sea conscientemente olvidado, y recordado, no obstante, el intento que nos condujo a la consecución del fin propuesto, conservando a éste, además, en el consciente
Estos recuerdos de los fracasos del pasado dejan de molestarnos tan pronto como enfocamos el pensamiento consciente y la atención al fin positivo que debe ser alcanzado y satisfecho. Así, pues, es mejor que dejemos reposar a estos “perros dormidos”
Tanto nuestros errores como nuestras fallas y faltas, y algunas veces las humillaciones experimentadas, nos sirvieron a modo de peldaños en el proceso del aprendizaje. Sin embargo, hay que tener en cuenta que sólo sirvieron como medios para un fin y que nunca constituyeron un fin por sí mismos. Así, pues, cuando han servido a un propósito, tienen que ser olvidados. Si nos detenemos conscientemente en el error, o nos sentimos conscientemente culpables a causa de la falta y hemos quedado zaheridos por ésta, entonces, y de manera involuntaria, aquél, o el fracaso por sí mismo, se convertirán en el objetivo que la imaginación y la memoria conserva en la conciencia
El más infeliz de los mortales es aquel hombre que insiste en revivir el pasado una y otra vez en la imaginación –el que de modo continuo se critica a sí mismo por los errores del pasado. En pocas palabras, el pobre hombre que se está condenando continuamente por los pecados que alguna vez cometiera
Nunca olvidaré a una pobre paciente que se autotorturaba con la rememorización de las desdichas de su vida, y ello en tal grado que llegó a destruir cualquier oportunidad de ser feliz en el presente. Había vivido durante años llena de amarguras y resentimientos a causa de la calumnia que le hizo rehuir a la gente y desarrollar una personalidad, a través de los años, áspera y ruda y a aparecer completa y constantemente indispuesta contra todo el mundo y las cosas que la rodeaban. No tenía amigos porque imaginaba que no habría una sola persona que se quisiera mostrar amistosa con una mujer de tan horroroso aspecto. Evitaba a la gente de forma deliberada, o, lo que era peor, enfurecía a los individuos que llegaban a tratarla con su agria actitud defensiva. La cirugía corrigió, por fin, su defecto físico. Trató de adaptarse al medio y comenzó a vivir con la gente en armonía y amistad, mas las experiencias del pasado la impedían avanzar por este nuevo camino. Sentía que a pesar de su nueva apariencia, no podía hacer amistades y ser feliz porque nadie podría olvidar cómo había sido antes de que la operasen. Prosiguió, pues, cometiendo los mismos errores y fue tan infeliz como siempre lo había sido. No pudo, realmente, comenzar a vivir hasta que hubo aprendido a cesar de condenarse por lo que había sido en el pasado y a detener las remembranzas, en su imaginación, de todos los acontecimientos desdichados que le habían ocurrido e impulsado a visitarme en mi consultorio de cirujano
Las continuas críticas con respecto a los errores y las faltas del pasado no nos ayudan en absoluto y, por otra parte, tienden a perpetuar esa misma conducta con que el sujeto desea transformarse. Los recuerdos de los fracasos del pasado pueden afectar de manera adversa sobre la conducta del presente si el sujeto continúa reteniéndolos y haciendo estúpidamente esta conclusión: “Fracasé ayer, de ello sigue que tenga que fracasar también hoy”. No obstante, ello no prueba que las formas de reacción del inconsciente posean tanto poder en sí para hacerse repetir y perpetuarse, o que todos los recuerdos enterrados de los fracasos deban extirparse antes de llegar a la transformación de la conducta. Si llegamos a convertirnos en víctimas ello es debido a la conciencia y a la idea mental y no al inconsciente. Es por esto que la parte pensante de nuestra personalidad es la que nos ha de conducir a las conclusiones y a seleccionar las “imágenes objetivo” sobre las que nos debemos concentrar. En el instante en que transformemos nuestras mentes y cesemos de proporcionarle fuerza a nuestro pasado, el mismo pasado con todos sus errores perderá influencia sobre nosotros
Ignore los fracasos del pasado y fragüe su futuro Otra vez aquí la hipnosis nos proporciona una prueba convincente. Cuando a un sujeto tímido, vergonzoso y pusilánime se le hace hablar en una sesión de hipnosis, y cree o piensa que es un individuo audaz o un orador que confía en sí mismo, en sus formas de reacción cambian instantáneamente. Se conduce corrientemente como comúnmente se cree. Su atención se concentra ahora, en forma completa, en el fin positivo deseado y no presta consideración alguna a los fracasos que en el pasado cometió
En el encantador libro Wake Up and Live, la autora, Dorotea Brande, nos cuenta cómo, en cierta ocasión, una beneficiosa idea la capacitó para escribir más y obtener mayor éxito, e incluso para desarrollar talentos y habilidades que nunca antes supo que poseía. Quedose llena de curiosidad y asombro después de haber presenciado una demostración de hipnosis. Posteriormente tuvo oportunidad de leer un juicio del psicólogo F.M.H. Myers, el cual, dice la escritora, logró transformarle toda su vida. El juicio de Myers explicaba que los talentos y las capacidades que muestran sujetos sometidos a estado hipnótico eran debidos a una “purga de mnemotecnia” de fracasos del pasado. Si ello era posible en estado hipnótico –se preguntó Miss Brande-, si la gente ordinaria mantenía dentro de su ser talentos, capacidades y potencias que eran tenidos ocultos y no los aplicaban debido solamente a los recuerdos de los fracasos del pasado, ¿por qué, pues, no podría una persona, en estado de vigilia, aplicar estas mismas potencias tratando de ignorar dichos fracasos y “desempeñándose como si fuera imposible caer en ellos?” Determinó, entonces, someter este juicio a la experiencia. Ella se comportaría adoptando la suposición de que poseía esas fuerzas y disposiciones, y que, desde luego, podría aplicarlas con solamente proseguir su carrera “ACTUANDO COMO SI”, en vez de aplicar un medio de “pseudo-confianza”. Un año después su producción de escritora había aumentado. Del mismo modo, multiplicáronse también las ventas de sus obras. Además, obtuvo un resultado que la sorprendió sobremanera: descubrió en sí misma un formidable talento de oradora pública, lo cual, al mismo tiempo, hizo que le llovieran las ofertas para pronunciar charlas, gustándole, además, todo ello inmensamente, aunque en tiempos anteriores no sólo no mostró ninguna capacidad para hablar ante auditorios, sino que también le disgustaba en grado sumo
El método de Bertrand Russell Bertrand Russell, el célebre filósofo británico, dijo en su libro La conquista de la felicidad : “No nací feliz. Cuando era niño, mi himno favorito decía así: ‘Abrumado por el pecado, siento el peso de la tierra’… En la adolescencia, aborrecía la vida y hallábame constantemente al filo del suicidio, del cual me sacó el inmenso deseo de aprender más matemáticas. Ahora, al contrario, me gusta la vida y gozo de ella; podría decir, inclusive, que con cada año que transcurre me atrae más la vida y gozo más de ella… En su mayor parte, ello se debe al debilitamiento de mis preocupaciones acerca de mi mismo. Como otros individuos que tuvieron una educación puritana, yo tenía el hábito de pensar en mis pecados, estupideces y defectos. Parecíame a mí mismo –sin duda, justamente- un espécimen miserable. Poco a poco, fui aprendiendo a mostrarme indiferente con respecto a mí mismo y a mis deficiencias; comencé a dirigir mi atención a los objetos externos: la situación del mundo, a diversas ramas de la sabiduría, hacia los individuos por quienes sentía afecto”. (Bertrand Russell, The Conquest of Happiness, New York, Liveright Publishing Corporation)
En el mismo libro, el autor describe los métodos que empleó para cambiar las formas de reacciones automáticas que se basaban en falsas creencias. “Es bastante fácil superar las sugestiones infantiles del inconsciente e inclusive cambiar el contenido del inconsciente empleando la debida clase de técnica. En cualquier instante que usted comience a sentir remordimiento por una acción que su razón le dice que no es mala, examine las causas de este sentimiento de compunción y trate de convencerse de lo absurdo del mismo. Haga que sus creencias conscientes se manifiesten tan vívida y enfáticamente que logren ejercer una impresión tan fuerte sobre su inconsciente como las mismas impresiones que su madre o su niñera ejercieron sobre usted cuando era niño. No se contente con momentos alternativos de racionalidad e irracionalidad
Procure, por todos los medios posibles, que no le domine la irracionalidad. Cualesquiera que sean los sentimientos e ideas estúpidas que logren penetrar en su conciencia, ataque a unos y otras en sus propias raíces, examínelos profundamente y rechácelos. No permita quedarse en un estado de vacilación, dominado a medias por la razón y a medias por los caprichos infantiles… “Mas si la rebelión procura la felicidad individual y capacita al hombre para que viva consecuentemente según el patrón general, no vacile entre dos tendencias, entonces será necesario que piense y sienta éste profundamente con respecto a lo que su razón le dice. La mayoría de los hombres, cuando han logrado rechazar superficialmente las supersticiones de la infancia, creen que ya no tienen que hacer nada más. No saben que estas supersticiones permanecen escondidas en lo más interno del ser. Cuando llegamos a tener una convicción perfectamente racional, es necesario que permanezcamos consecuentes con respecto a la misma, que sigamos todas sus consecuencias y que tratemos de buscar dentro de nosotros cualesquiera de las ideas o creencias incompatibles que pudieran haber sobrevivido con la nueva convicción… Lo que sugiero es que el hombre debe decidirse, enfáticamente, a optar por aquello en que cree racionalmente, y que nunca debe dejar cabida dentro de sí a cualquier idea irracional, independientemente de la brevedad con que se lo permita. Ello consiste, pues, en que usted razone consigo mismo es esos momentos en que siente la tentación de tornarse hacia el mundo infantil, mas el razonamiento, si es lo suficientemente intenso, deber ser breve”
Las ideas cambian no por un acto volitivo sino debido a la acción de otras ideas
Podemos observar que la técnica del hallazgo de las ideas que resultan incompatibles con alguna convicción profundamente sentida es, en esencia, la misma del método comprobado clínicamente, con impresionante éxito, por Prescott Lecky. El mencionado método de Lecky consiste en que el sujeto “vea” que ciertas de sus concepciones resultan incompatibles con algunas de sus otras creencias profundamente arraigadas. Lecky creía que ello era consubstancial con la misma naturaleza de la mente, que todas las ideas y los conceptos que forman el contenido total de la personalidad deben verse como compatibles las unas con las otras. Si la inconsecuencia de una idea dada es conscientemente reconocida, entonces ésta debe ser rechazada
Uno de mis pacientes recibió un “susto de muerte” cuando fue citado a ver a los “grandes”. Su miedo y nerviosidad lograron ser superados en una sola sesión de consejos, en el lapso de la cual le hice la pregunta siguiente: “¿Se siente físicamente débil y como andando a gatas o rastreando cuando entra a la oficina de un individuo, y, además, suele postrarse usted ante una persona que considera superior?” “¡Yo diría que no!” –estalló con aspereza
“¿Por qué, entonces, adula y se arrastra mentalmente?” Otra pregunta: “¿Entraría, pues, al despacho de un individuo con la mano extendida como un mendigo y le pediría de limosna algo de comer o una taza de café?” “Seguro que no”
“¿No ve usted que hace exactamente eso cuando entra y se pone a pensar si va o no a dispensarle el mencionado individuo una buena acogida? ¿No ve que, realmente, le extienden usted su mano como implorándole de limosna que le acepte y apruebe como persona? Lecky halló que existen dos poderosas “palancas”, mediante la utilización de las cuales se facilita la transformación de las creencias y de los conceptos. Hay convicciones de “tipo general”, que casi cada persona suele mantener con todas sus fuerzas. Estas son: 1) el sentimiento o creencia de que uno es capaz de hacer su parte manteniendo la vista en el fin que se propone y esforzándose por permanecer independiente en la ejecución de la tarea propuesta, y 2) la creencia de que hay algo dentro de uno que no va a dejarle experimentar ninguna indignidad
Examine y torne a evaluar sus propias creencias Una de las razones por las que no se suele reconocer la fuerza del proceso de la racionalización consiste en la escasa frecuencia con que ésta se emplea
Trate de representarse la creencia que tiene sobre su misma persona, o la que posee respecto al mundo, o la que concierne a otro u otros individuos, esa misma creencia que permanece oculta bajo las sombras de su conducta. ¿”Acontece siempre algo” que le haga perder la oportunidad de alcanzar el objetivo, en el preciso memento en que le parecía que el éxito iba a estar de su parte? Quizás se sienta usted, en su interior, “Indigno” del éxito, o puede ser que, de manera secreta, crea que no merecía la obtención del mismo. ¿Se siente usted fácilmente incómodo cuando se halla rodeado de gente? Quizá usted se crea inferior a esas personas, o puede ser que los otros individuos, por sí mismos, se muestren hostiles e inamistosos con respecto a usted. ¿Suele ser presa de ansiedad y de temor, sin razón fundamental, en situaciones relativamente seguras? Quizá crea que el mundo en que vive le es hostil y se le muestra inamistoso, que es un “lugar” lleno de peligros o que usted merece un castigo
Recuerde que tanto la conducta como los sentimientos manan de la fuente de su creencia. Para extirpar la creencia responsable de su conducta y sentimientos, procure preguntarse constantemente: “¿Por qué?” ¿Hay alguna tarea que a usted le gustaría ejecutar, algún medio en el que usted le gustaría manifestarse, pero ante los cuales retrocede sintiendo que “no puedo hacerlo”? Demándese, entonces, “¿POR QUÉ?” “¿Por qué creo que no puedo hacerlo u obtenerlo?” Luego pregúntese “¿Se halla basada esta creencia en un hecho real o en una suposición, presunción o conclusión falsa?” En seguida, hágase las preguntas siguientes: 1. ¿Existe algún motivo racional que me haga mantener esa creencia? 2. ¿Estaré equivocado con respecto a esa creencia? 3. ¿Llegaría a la misma conclusión acerca de otra persona en una situación similar? 4. ¿Por qué debo continuar desempeñándome y sintiendo como si ello fuera verdad si no existe ningún buen motivo para creerlo? No intente pasar sobre estas preguntas como “por casualidad”. Deténgase en ellas
Piense arduamente en las mismas. Logre un estado emocional acerca del contenido que encierran. ¿Puede observar que se ha engañado y vendido a sí mismo, no a causa de un “hecho”, sino sólo por la influencia que ha ejercido sobre usted una creencia estúpida? Si ello es así, procure alcanzar cierto estado de indignación e inclusive de enfado e ira con respecto a esa falsa creencia. Tanto la indignación como el enfado y la ira suelen a veces actuar como liberadoras de las falsas ideas. Alfred Adler se puso furioso consigo mismo y su maestra, y ello le facilitó extirpar la definición negativa que tenía acerca de sí mismo. Esta experiencia suele manifestarse con mucha regularidad
Un anciano granjero me dijo, en cierta ocasión, que abandonó el vicio de fumar, cierto día en que hubo olvidado el tabaco en casa y comenzó a caminar dos millas para ir a buscarlo. En el camino “vio” el trato humillante a que el mal hábito le sometía. Se pudo furioso, dio la vuelta, regresó al campo y nunca volvió a fumar
El famoso procurador Clarence Darrow solía decir que su éxito comenzó el mismo día en que se puso furioso al tratar de asegurar una hipoteca, por 2,000 dólares, con el objeto de comprar una casa. En el momento preciso en que iba a concluir la transacción, la esposa del prestamista expresose de esta forma: “No seas loco; él nunca ganará el suficiente dinero para poder pagarte el préstamo”. El mismo Darrow había tenido serias dudas respecto al asunto. Mas “algo aconteció” cuando oyó a la mujer configurar sus propias dudas. Indignose con la señora y consigo mismo, y decidió, entonces que tendría que lograr el éxito a toda costa
Un hombre de negocios, amigo mío, tuvo una experiencia muy parecida a la que acabo de contar. Luego de una quiebra a los cuarenta años, se preocupaba constantemente acerca de cómo le “irían a salir los negocios”, de sus inconveniencias y de si sería o no capaz de completar cada una de sus empresas comerciales. Temeroso y lleno de ansiedad intentó comprar a crédito alguna maquinaria que le hacía falta, cuando la esposa del individuo a que nos referimos le hizo algunas objeciones. Ella no creía que el hombre fuese capaz de pagar la deuda. Al principio se sintió confundido. Más en seguida fue presa de grande indignación. ¿Quién le empujó a ello? ¿Qué era lo que le hacía esconderse del mundo, temiendo constantemente al fracaso? La experiencia despertó algo dentro de él –un nuevo “yo”- y en seguida vio que la advertencia de la mujer, igual que sus propias opiniones acerca de sí mismo, constituían una afrenta a ese “algo”. No tenía dinero ni crédito y no disponía tampoco de ningún otro medio para conseguir la que deseaba. Más de pronto se encontró con que había hallado un recuerdo para ello y transcurridos tres años logró mayor éxito y felicidad que jamás hubiera soñado y, además, los éxitos no los obtuvo en un solo negocio sino en tres
La fuerza de lo profundamente deseado El motivo racional que puede hacer efectiva la transformación de la creencia y de la conducta deber ir acompañado de un profundo sentimiento de deseo
Preséntese a sí mismo como quisiera ser y con lo que deseara tener, y hágase la presunción por un momento de que todo ello es posible. Desarrolle un profundo deseo para obtener estas cosas. Conviértase en un entusiasta acerca de ellas. Insista, y déjelas persistir en su mente. Sus creencias negativas del presente fueron formadas por ideas y sentimientos. Genere, pues, bastante emoción o procure arraigar nuevos sentimientos en sus nuevas ideas y extirpará pronto sus antiguas y falsas creencias. Si usted analiza ello, hallará que está empleando un método que ya había usado anteriormente: la preocupación. La sola diferencia consiste en que usted va a cambiar los objetivos negativos por los positivos. Cuando se preocupa, lo primero que hace es forjarse en su imaginación un cuadro mental muy vívido de alguna consecuencia visible e indeseada, pero usted debe tratar de insistir “en el resultado final”. No trate de esforzarse ni de emplear la fuerza de la voluntad, pero insista –insista y torne a insistir, insista siempre- en representarse mentalmente el fin deseado como una “posibilidad”. Usted jugará, entonces, con la idea “de que ello puede acontecer”
La constante repetición y continuo pensar en los términos de “las posibilidades” harán que el resultado final se le aparezca con mayores visos de realismo. Luego de transcurrido cierto tiempo se generan automáticamente las emociones apropiadas. El miedo, la ansiedad y el descorazonamiento son emociones apropiadas al resultado que no se desea, y respecto al cual usted se está preocupando. Ahora, transforme el cuadro mental del objetivo a alcanzar, y podrá usted, con idéntica facilidad, generar las buenas emociones que han de conducirle al fin deseado. La constante representación que se haga a sí mismo y la continua insistencia que observe respecto al fin deseado, hará también que se produzca dentro de usted la idea y el sentir de la posibilidad de que le parezca más real y, a través de todo ello, se generarán automáticamente las emociones apropiadas de entusiasmo, alegría, valor y felicidad que han de conducirle, indefectiblemente, a la consecución del fin que usted ansía. “Al ir formándonos de los ‘buenos’ hábitos emocionales y al ir desprendiéndonos de los ‘malos’, dice el Dr.Knight Dunlap, tenemos que tratar, en primer lugar, los hábitos de la idea y de la ideación, ‘ya que el hombre piensa como siente y le sugiere su corazón’
Lo que se puede y no puede hacerse mediante la idea racional Recuerde que su mecanismo automático puede trabajar tan fácilmente como un “mecanismo de fracaso” o como un “mecanismo de éxito”, y que ello dependerá, exclusivamente de los datos que le proporcione para elaboración y de los objetivos que usted se proponga alcanzar. El mecanismo automático es, básicamente, un mecanismo dedicado a la persecución de objetivos. Las metas que se propone alcanzar son para servir a usted. Muchos de nosotros, aunque de manera inconsciente e involuntaria – debido a que solemos mantener actitudes negativas y nos representamos habitualmente en nuestra imaginación sólo los fracasos-, le proporcionamos al mecanismo automático nada más que los datos con que éste elabora las frustraciones
Procure recordar también que su mecanismo automático no razona ni pregunta acerca de los datos con que usted le alimenta; que sólo los elabora y reacciona apropiadamente con respecto a ellos
Es sumamente importante que el mecanismo automático reciba sólo los hechos verdaderos y exactos que conciernan al ambiente. Esta es la tarea de la idea racionalizada en el consciente: saber la verdad, formar cálculos correctos, opiniones y estimativas. En relación a esto, la mayor parte de nosotros nos inclinamos a estimarnos en poco y a sobrestimar las dificultades con que hemos de enfrentarnos. “Piense siempre que lo que ha de hacer es fácil, y ello será así”, dijo Emile Coué. “He hecho diversos y extensos experimentos con el objeto de descubrir las causas comunes del esfuerzo consciente que enfría la mente razonadora”. Dice el psicólogo Daniel W. Josselyn
“Parece que ello sea siempre debido, prácticamente, a la tendencia de exagerar las dificultades y la importancia de sus labores mentales, a tomarlas demasiado en serio y a temer hallarse incapaz para enfrentarse a las mismas. La gente que suele mostrarse elocuente en conversaciones incidentales llega a aparecer como idiotizada cuando asciende a la plataforma del orador. Simplemente debe de aprenderse que si uno puede interesar al vecino, también podrá atraer la atención de todos los vecinos o del mundo entero, y que uno no deben influirle, atemorizarle ni enfriarle las multitudes cualesquiera que sea la magnitud de las mismas”. (Daniel W. Josselyn: Why Be Tired? New York, Longmans, Green & Co., Inc.) Nunca podremos conocer lo que no probamos La tarea razonadora del pensamiento consciente consiste en examinar y analizar los mensajes que le llegan, a aceptar los verdaderos y en rechazar los falsos. Muchísima gente se siente alterada y zarandeada como una estera cuando llega un amigo y le dice de manera incidental: “Usted se ve de mal aspecto esta mañana”. Si el sujeto ha sido rechazado o reprendido por algún otro individuo, entonces se suele “tragar” ciegamente este concepto como un “hecho”, cuyo oculto significado consiste en que es, realmente, una persona inferior. La mayoría de las personas nos hallamos expuestas a la percepción continua de sugestiones negativas. Ahora bien, si nuestra mente consciente se halla entregada a su tarea no tendremos por qué aceptar “ciegamente” todas estas sugerencias
“Ello no es obligatoriamente así”, debemos contestarnos, empleando estas palabras como una excelente consigna. La tarea más importante de la mente racional consciente consiste en formar conclusiones lógicas y correctas. “Fracasé una vez en el pasado, así es que, probablemente, tornaré a fracasar en el futuro”. Pensar así, no es, desde luego, lógico, ni racional. Llegar por adelantado a la conclusión de que “no puedo” o “no podré”, sin siquiera intentarlo y sin tener la evidencia de lo contrario, no es un concepto racional
Sería la mismo que el caso del hombre a quién se le preguntó si podría tacar el piano
“No sé”, contestó. “¿Qué quiere decir con que ‘no sé’?” “Sencillamente, que no lo he hecho nunca”
Decida lo que quiere, no lo que “no quiere” Es también tarea del pensamiento racional consciente el decidir lo que usted quiere, así como seleccionar los objetivos que desea satisfacer y el concentrarse respecto a todo ello más intensamente que sobre ninguna otra meta que no desee alcanzar. Gastar tiempo y esfuerzo en concentrarse en algo que no quiere, no constituye una manera racional del proceso del pensamiento. Cuando se le preguntó al Presidente Eisenhower –cuando era el general Eisenhower en la II Guerra Mundial-, que efecto tendría sobre la causa aliada el hecho de que las tropas de invasión hubiesen sido rechazadas y obligadas a reembarcarse desde las costas de Italia, éste contestó: “Eso hubiera sido muy malo, pero nunca me permití pensar en ello”
Tenga el ojo fijo en la pelota Es, asimismo, tarea de su pensamiento consciente el tratar de prestar la mayor y más estricta atención a la obra que tiene entre manos, en lo que está usted haciendo y en lo que acontece a su alrededor, de tal manera que los mensajes sensoriales percibidos puedan mantener constantemente en estado de advertencia, con respecto al ambiente, a su mecanismo automático, y así lograr que éste responda a ellos de modo espontáneo. O sea, para expresarse en la jerga del béisbol “es necesario que tenga el ojo fijo en la pelota”
No es tarea apropiada de su pensamiento racional consciente, por otra parte, el que usted mismo cree o haga la obra que tiene entre manos. Habremos, sin duda, de enfrentarnos a diversas dificultades en el momento en que descuidemos el empleo del pensamiento consciente, del modo preciso en que debe ser usado, o cuando intentemos emplearlo en formas en que jamás deberíamos hacer uso del mismo. Nunca podremos extraer el pensamiento creador, mediante un esfuerzo consciente, de nuestro propio mecanismo de creación. Nunca podremos “hacer” la tarea que debe ser hecha mediante los más arduos esfuerzos conscientes. Por otra parte, aquello que intentamos ejecutar y, sin embargo, no logramos hacerlo, nos preocupa en demasía y sólo nos produce ansiedad y frustración. El mecanismo automático es inconsciente. Así pues, no podemos presenciar el girar de las ruedas. Tampoco podemos saber qué es lo que acontece, se produce o está teniendo lugar debajo de la superficie. Además, como éste funciona de manera espontánea, reaccionando de la misma forma ante las necesidades presentes y corrientes que se le enfrentan, no podemos obtener por adelantado la garantía de cuál sea la respuesta que el mecanismo automático habrá de producirnos. Nos encontramos, pues, forzados a mantener una disposición de confianza con respecto al mismo, y sólo mediante esta actitud de fe en su actuación podremos obtener las señales y las pruebas de las maravillas que ha de producirnos. En pocas palabras, el pensamiento racional consciente selecciona el objetivo, reúne la información, hace las conclusiones, calcula las estimaciones y pone las ruedas en movimiento. Sin embargo, nunca es responsable de los resultados obtenidos. Debemos, pues, aprender a hacer nuestro propio trabajo, a actuar sobre las mejores proposiciones obtenibles y dejar que los resultados se cuiden de sí mismos.
Capítulo Sexto
Quédese en estado lánguido y deje que el mecanismo del éxito trabaje para usted
La palabra TENSIÓN ha llegado a ser popular, recientemente en nuestro lenguaje cotidiano. Incluso llamamos a nuestros la época de la tensión. Las preocupaciones, la ansiedad, el insomnio y las úlceras del estómago, hemos llegado a aceptarlas como parte del mundo en que vivimos
No obstante, estoy perfectamente convencido de que ello no tendría por qué ser de ese modo
Podríamos aliviarnos de una vasta serie de cuidados, ansiedades y preocupaciones, solamente con proponernos reconocer la simple verdad de que nuestro Creador nos ha suministrado amplias provisiones para que podamos vivir felizmente, en ésta o en cualquier otra época, y que nos dotó de un mecanismo de creación
La dificultad consiste en que ignoramos las peculiaridades del mecanismo de creación y tratamos de hacer todo y de solucionar nuestros problemas sólo mediante el pensamiento consciente o la “ideación ante cerebral”
Podríamos comparar el “ante cerebro” al “operador” de un cerebro electrónico o a cualquier otro tipo de servomecanismo. Es precisamente con el ante cerebro como pensamos en “YO” y percibimos nuestro sentido de la identidad. Es también con el ante cerebro con el que ejercitamos la imaginación y nos proponemos los objetivos a perseguir. Empleamos al ante cerebro para reunir información, para hacer observaciones, para estimar los datos que se nos suministra y para formar nuestros juicios
Mas el ante cerebro no puede crear. Tampoco puede “hacer” la tarea que debe ser hecha, lo mismo que el operador de un cerebro electrónico tampoco puede “hacer” el trabajo de la máquina de que se halla encargado “hacer” funcionar
La tarea del ante cerebro consiste en proponer los problemas y en identificarlos; pero, por su propia naturaleza, no fue diseñado para solucionarlos
No sea demasiado escrupuloso Sin embargo, es precisamente lo que el hombre moderno trata de hacer: solucionar todos sus problemas por medio del pensamiento consciente
Jesús mismo nos dijo que el hombre no podrá añadir ni una sola pulgada de su estatura con sólo “ponerse a pensar”. El doctor Weiner nos dice que el hombre no puede, inclusive, ejecutar una operación tan simple como lo es la de recoger un cigarrillo de una mesa por medio del pensamiento consciente o de la “voluntad”
A causa de que el hombre moderno depende casi exclusivamente de su ante cerebro, se ha hecho demasiado cuidadoso, se ha llenado de ansiedad y se ha convertido en un ser demasiado lleno de temores con respecto a los “resultados”, y el consejo de Jesús de “no pensar en el futuro”, y de San Pablo de “No cuidarse de nada”, son tenidos hoy como solemnes tonterías carentes de sentido práctico
No obstante, este es precisamente el consejo que William James, decano de los psicólogos americanos, nos dio hace algunos años. En su pequeño ensayo “El evangelio del descanso” –The Gospel of Relaxation-, nos decía que el hombre moderno se halla en un estado de constante tensión nerviosa y cerebral, que se interesa demasiado por los resultados de cuanto emprende, demasiado lleno de ansiedad (esto lo decía en el año1899), y que existía un modo de vida más fácil y mucho mejor que éste el de preocuparse excesivamente acerca de todo. “Se deseamos que nuestras series de ideaciones y voliciones sean numerosas, diversas y efectivas, tendremos que forjarnos el hábito de liberarlas de las influencias inhibidoras de la reflexión continua sobre las mismas y de las egoisticas preocupaciones acerca de sus resultados. Tal hábito, lo mismo que otros hábitos, puede ser formado. La prudencia, la duda y los juicios introspectivos, las emociones de ambición y de ansiedad tienen, naturalmente, que desempeñar una parte necesaria en nuestras vidas. Más trate de confinarlas, tanto como le sea posible, a las circunstancias y las ocasiones en que usted ha de tomar resoluciones de carácter general y decidir con respecto a sus planes de campaña, y trate, desde luego, de apartarse de los detalles particulares. Cuando llega el momento de decidir algo, y la ejecución se halla en el orden del día, descarte en absoluto toda clase de responsabilidades y de preocupaciones acerca del resultado a obtener. Destape, para decirlo con pocas palabras, su maquinaria práctica e intelectual y déjela funcionar libremente y, entonces, el servicio que ésta ha de rendirle será doblemente satisfactorio
(Willian James, On Vital Reserves, Henry Holt and Co., Inc., New York)
La Victoria mediante la rendición Luego, en sus famosas Conferencias de Gifford, James cita ejemplo tras ejemplo de diversas que trataron, con resultados totalmente insatisfactorios, de liberarse de las ansiedades, las preocupaciones, los complejos de inferioridad, sentimientos de culpabilidad, etc., mediante tremendos esfuerzos conscientes, sólo para hallar que al final obtuvieron el éxito cuando abandonaron la lucha consciente y cesaron de intentar solucionar sus propios problemas mediante el pensamiento consciente. “En estas circunstancias –dijo James- el medio para conseguir la felicidad y el éxito, como se ha testimoniado al través de innumerables narraciones personales auténticas es el de… la rendición… la pasividad, no por la actividad sino mediante la relajación de las tensiones, y no por la intensidad de la atención; esa no sería actualmente la regla
Abandone los sentimientos de culpabilidad, resigne la preocupación de su destino en las altas potencias, hágase genuinamente indiferente con respecto a lo que será de todo ello…Sólo trate de proporcionar un descanso a su ser convulsivo y hallará que un Ser mayor está siempre allí. Los resultados, lentos o repentinos –grandes o pequeños- del optimismo combinado a la expectación, los fenómenos regenerativos que siguen al abandono del esfuerzo, quedan siempre registrados como hechos contundentes de la naturaleza humana”. (Willian James, The Varieties of Religious Experience, New York, Longmans, Green and Company)
El secreto del pensamiento creador y de la acción creadora Prueba el hecho de que cuanto hemos dicho es absolutamente cierto, las diversas experiencias que podemos observar al estudiar las vidas de los escritores, inventores y otras clases de personas dedicadas a trabajos de creación. Todos ellos nos dicen, de manera invariable, que las ideas creadoras no son elaboradas conscientemente por el ante cerebro pensante, sino que surgen de manera automática, espontáneamente, algo así como el rayo de una nube, en el instante mismo en el que la mente consciente se aleja del problema y piensa en cualquier otra cosa. Estas ideas creadoras no surgen por casualidad, sino que tienen como origen el pensar conscientemente acerca del problema de que se trata. Todo evidencia que para llegar a la conclusión de percibir una “idea inspiradora” o un “rayo de luz”, es necesario, en primer lugar, que la persona se halle intensamente interesada en la solución de un problema particular o en obtener una respuesta también particular. Debe pensar conscientemente acerca del problema que le interesa, reunir toda la información que pueda sobre el sujeto y tomar en consideración los posibles procesos que ha de seguir la acción. Lo más importante de todo, sin embargo, consiste en que debe tener un ardiente deseo de solucionar el problema. Más, antes de definir la ecuación, ve en su imaginación el resultado final deseado; debe también asegurarse de todas las informaciones y hechos que pueda. Luego, la lucha adicional –así como la preocupación acerca del problema- no sólo no ayuda, sino que parece contribuir a mantener oculta la solución
El célebre científico francés, Mr. Fehr, dice que en realidad todas las buenas ideas le acuden al cerebro en el momento en que no está ocupado activamente con un problema determinado, y que la mayor parte de los inventos y descubrimientos de sus contemporáneos fueron hechos cuando éstos se hallaban lejos de sus bancas de trabajo, por así decirlo
Es suficientemente conocido el hecho de que cuando Thomas A. Edison se sentía turbado por un problema solía acostarse y echarse una pequeña siesta
Charles Darwin nos relata cómo le vino repentinamente un deslumbramiento intuitivo, luego que durante algunos meses su pensamiento consciente había fracasado en proporcionarle las ideas que necesitaba para su “Origen de las Especies”. Dijo así “Puedo recordar el verdadero punto de mi camino, cuando me hallaba en mi carruaje, y, para mi mayor alegría, se me ocurrió la solución”
Lennox Riley Lohr, anterior presidente de la “Nacional Broadcasting Company”, escribió cierta vez un artículo en el que relataba cómo se le había ocurrido sus principales ideas respecto a los negocios: “Encuentro que las ideas acuden principalmente cuando uno se halla haciendo algo que mantiene la mente alerta sin presionar demasiado sobre ella. Afeitándose, conduciendo un automóvil, o pescando o cazando, por ejemplo. O quizá, también, entreteniéndose con un amigo en una conversación estimulante
Algunas de mis mejores ideas acudieron a mi mente gracias a la información recogida de manera casual y sin ninguna relación con la clase de mi trabajo”. (“Anyone Can Be and Idea Man,” the American Magazine, marzo, 1940)
C. G. Suits, Jefe de Investigaciones de la General Electric, decía que casi todos los descubrimientos de los Laboratorios de Investigación solían presentarse como golpes durante los lapsos de descanso luego de un periodo de intensa actividad del pensamiento y de recolección de hechos
Bertrand Russell dijo: “He hallado, por ejemplo, que si tengo que escribir sobre algún tópico que presenta serias dificultades, el mejor plan consiste en pensar acerca del mismo con gran intensidad –la mayor intensidad de que soy capaz- por unas cuantas horas o días y, al final de ese periodo, dar órdenes, por así decirlo, de que el trabajo continúe su proceso ‘subterráneamente’. Transcurridos algunos meses retorno conscientemente al tópico y hallo que el trabajo ha sido hecho. Antes de que hubiese descubierto esta técnica solía gastar meses preocupándome en vano por no haber logrado progresos sensibles. Llegué a la solución de que no adelantaría nada preocupándome y, aunque gaste ahora los mismos meses, puedo dedicarme, por lo menos, a otros asuntos”. (Bertrand Russell, The Conquest of Happiness, New York, Liveright Publishing Corporation).Usted es un “trabajador creador” El error que solemos cometer es creer que este proceso de “celebración inconsciente” se halla reservado a los escritores, inventores y a otros “trabajadores dedicados a actividades creadoras”. Todos nosotros trabajamos en actividades creadoras, ya seamos amas de casa que trabajamos en la cocina, maestros de escuela, estudiantes, agentes viajeros u hombres de negocios. Todos poseemos el mismo “mecanismo del éxito” dentro de nosotros y éste trabaja en la solución de nuestros problemas personales, dirigiendo un negocio o vendiendo mercancías lo mismo que en la redacción de la novela o en el proceso de un invento. Bertrand Russell recomendó que el mismo método que él empleaba en sus escritos podía ser empleado por sus lectores en la solución de sus problemas personales mundanos. El Dr. J. B. Rhine, de la Universidad de Duke, ha dicho que se inclina a pensar que lo que llamamos genio es un mero proceso mental: el modo natural con el que trabaja la mente humana para solucionar cualquier problema, pero al que equívocamente aplicamos el término de “genio” sólo cuando el proceso se emplea para escribir un libro o para pintar un cuadro
El secreto de la conducta y de la capacidad “naturales” El mecanismo del éxito que posee usted puede trabajar de la misma forma para gestar “la acción creadora” que para producir la “ideación creadora”. La capacidad y habilidad, en cualquier manifestación que se presente, ya sea con respecto a los deportes, tocando el piano, en la conversación o en cuanto respecta a la venta de mercancías, no consiste en la elaboración penosa y consciente del pensamiento, sino en la laxitud y en dejar que la tarea se ejecute por sí misma a través de usted. La ejecución creadora es espontánea y natural, opuesta, por lo tanto, a los estudiado y autoconsciente
El pianista más competente del mundo nunca podría ejecutar una simple composición si trata de pensar conscientemente con qué dedo debe golpear a cada tecla determinada mientras está tocando. Ha impreso, con prioridad, su pensamiento consciente a la materia, mientras estudiaba y practicaba, hasta lograr que la acción se convirtiera en automática y habitual. No fue capaz de convertirse en un habilidoso ejecutante, sino hasta el momento en que alcanzó el punto en que podía cesar en su esfuerzo consciente y llevar el hábito de tocar hasta el mecanismo del hábito inconsciente, el cual es parte del mecanismo del éxito
No atiborre su maquinaria creadora El esfuerzo consciente cohíbe y atiborra el mecanismo automático de la creación
La razón de que algunas personas se presenten como cohibidas y desmañadas en los medios sociales, consiste en que éstas se hallan demasiado conscientes de sí mismas y sienten excesiva ansiedad por hacer todo a la perfección. Háyanse penosamente conscientes de cada movimiento que hacen. Elaboran mentalmente cada una de sus acciones. Calculan el efecto que ha de producir cada una de las palabras que hablan
Cuando nos referimos a esas personas las llamamos “inhibidas”, y realmente son así, pero sería más apropiado decir que no son “inhibidas”, sino que “han inhibido” su propio mecanismo de creación. Si estas personas pudiesen cesar de “intentar”, de no preocuparse y no prestar atención a su conducta, podrían “actuar” de manera creadora y espontánea, y ser ellas mismas. CINCO REGLAS PARA LOGRAR LA LIBERACIÓN DE SU MAQUINA CREADORA 1. Preocúpese antes de comenzar la apuesta, no después que las ruedas hayan comenzado a girar
Estoy en deuda con un ejecutivo de cierta empresa comercial, cuya debilidad era la ruleta. La deuda se refiere a la expresión con que titulo este apartado, la cual “actuaba como si fuera mágica” con respecto a la ayuda que le prestó al señor de que hablamos en lo que concierne a la superación de sus preocupaciones, y, al mismo tiempo, en lo que respecta a una actuación más creadora y exitosa de su personalidad. Yo le había citado el consejo de William James, que mencioné anteriormente, el cual decía que el efecto de las emociones de ansiedad tienen su lugar propio en el planteamiento y decisión del proceso de una acción, pero que: “Una vez que se ha tomado la decisión, y la ejecución se halla a la orden, se deben descartar en absoluto todas las responsabilidades y preocupaciones acerca del resultado. Se debe abrir la maquinaria intelectual y práctica –para decirlo en pocas palabras-, y dejarla funcionar libremente”
Algunas semanas más tarde, este paciente entró como una tromba en mi consultorio con un entusiasmo sobre su “descubrimiento” igual al del escolar que ha encontrado su primer amor. “Me deslumbró repentinamente –me dijo-, durante una visita a Las Vegas. ¡Lo he probado y funciona!” “¿Qué es lo que le ha deslumbrado y funciona?” –le pregunté
“Ese consejo de William James. En realidad, no me hizo mucha impresión cuando usted me lo dijo, mas, cuando me hallaba jugando a la ruleta, vino de súbito a mi memoria. Advertí que algunas personas parecían no preocuparse en absoluto antes de hacer sus apuestas. Aparentemente, los números no significaban nada para ellos, pero una vez que la rueda comenzaba a girar, se quedaban como pasmadas comenzando a preocuparse se saldría o no el número a que habían hecho sus apuestas. ¡Qué tontería!, pensé. Si quieren preocuparse, o interesarse o imaginarse los números, el tiempo de hacer eso es ‘antes’ de decidirse a colocar las apuestas. Podrían hacer algo mejor si pensasen acerca de ello. Podrían imaginarse las mejores apuestas posibles o decidir no arriesgarse en absoluto. Pero luego que las apuestas han sido colocadas y la rueda comienza a girar, deberían relajar sus tensiones y gozar de ello, pensando que no les va a hacer ningún bien la pérdida de energías
“Luego, comencé a pensar que yo mismo había estado haciendo exactamente la misma cosa en cuanto respecta a los negocios de mi vida personal. Tomé con frecuencia decisiones, o me embarqué en algunas empresas, durante el mismo proceso de la acción, sin la preparación adecuada y sin considerar todos los riesgos que se mezclaban en ella, los cuales me impedían seleccionar las mejores alternativas posibles. Mas luego que había puesto en movimiento las ruedas, para decirlo así, solía preocuparme constantemente acerca de cómo iría a salir todo ello, en si había hecho la cosa correcta o no. Decidí, en ese mismo momento, que en el futuro tomaría en cuenta todas mis preocupaciones antes de hacer la decisión, y que, después de haberme decidido y haber puesto las ruedas en movimiento, descartaría en absoluto todas las responsabilidades e inquietudes acerca del resultado. Créase o no, esta nueva determinación mía funciona
No sólo me siento mejor, duermo más plácidamente y trabajo con mayor agrado, sino que también mis negocios funcionan de manera más halagüeña. “También descubrí que funciona el mismo principio de varios modos en diversas circunstancias personales. Por ejemplo, yo solía preocuparme y encolerizarme cuando tenía que ir al dentista o hacer otras tareas desagradables. Entonces me dije: ‘Esto es estúpido. Tú sabes que el desagrado se produce antes de que te decidas a ir. Si la sensación de disgusto no vale la pena de lo que voy a obtener, es mejor que no vaya
Más si la decisión es que el viaje te va a costar un pequeño desagrado, y te decides a ir de todas maneras, entonces procura olvidarte de ello. Considera el riesgo antes que las ruedas comiencen a funcionar’. También solía preocuparme en la noche de víspera en que tenía que pronunciar un discurso en la dirección de la empresa. Luego, me dije: ‘Voy a pronunciar el discurso o no lo voy a hacer. Si la decisión es que debo pronunciarlo, entonces no hay necesidad de considerar que no lo voy a hacer o tratar de rehuir mentalmente al compromiso. He descubierto que mucho del nerviosismo y la ansiedad es producida por el intento de escapar o rehuir mentalmente de algo que se ha decidido hacer en realidad. Si se ha decidido a hacer la cosa en la realidad –y no rehuirla físicamente-, ¿por qué, entonces mantener mentalmente la esperanza de escapar de ella?’ Solía, además, detestar las reuniones sociales y sólo concurría a ellas para complacer a mi esposa o por razones de carácter comercial. Yo iba, pero mentalmente resistía el ir y con frecuencia solía mostrarme un tanto rudo y poco comunicativo
Luego decidí que si tenía que ir físicamente, debería también acudir a ellas de una manera mental y desechar todas las ideas de resistencia. Anoche no sólo concurrí a lo que anteriormente solía llamar una estúpida reunión social, sino que también me sorprendí de hallarme completamente divertido”
2. Fórmese el hábito de reaccionar conscientemente al momento presente
Practique conscientemente el hábito de “no tener ideas de ansiedad para el día de mañana”, prestando toda su atención al momento presente. Su mecanismo de creación no puede funcionar o trabajar mañana, sólo puede funcionar en el presente, o sea hoy
Hágase grandes planes para mañana, pero no intente vivir en el mañana o en el pasado
Vivir creadoramente significa responder y reaccionar al ambiente con espontaneidad. Su mecanismo creador puede responder al ambiente presente, con toda propiedad y éxito, sólo en el caso de que preste su total atención a éste y le proporcione la información que concierne al respecto de lo que ahora está aconteciendo. Planee todo lo que quiera para el futuro. Prepárese también para ello. Pero no se preocupe con respecto a cómo habrá de reaccionar mañana o incluso cinco minutos más tarde que ahora. Su mecanismo creador reaccionará apropiadamente en la hora actual. Este no puede reaccionar con éxito con respecto a lo que puede acontecer, sino a lo que está aconteciendo
Viva dentro de los límites del día El Dr. William Osler decía que este simple hábito, que se puede formar como cualquier otro hábito, constituía el solo secreto de su éxito y felicidad en la vida. Vivan sus vidas dentro de “los límites del día”, solía aconsejar a sus alumnos. No miren ni adelante ni hacia atrás más allá del ciclo de las veinticuatro horas. Viva hoy lo mejor que pueda. Al vivir hoy bien, usted hace lo más que le es posible, dentro de su capacidad, para forjarse una vida mejor en el mañana. Si no ha leído el excelente, aunque pequeño ensayo de este autor A Way of Life –“Un modo de Vida”-, en el cual describe las ventajas que se obtienen al contraer el hábito mencionado, procure leerlo lo más pronto que pueda. (William Osler, A Way of Life, Harper & Brothers, New York).William James, al comentar esta misma filosofía con el principio cardinal de la psicología y la religión para curar las preocupaciones, decía: “Se contaba respecto a Santa Catalina de Génova, que ella sólo tomaba conocimiento de las cosas cuando se le presentaban en sucesión, momento por momento. Para su santa alma, el momento divino, era el momento presente… y cuando el momento presente era estimado en sí mismo y en sus relaciones, y cuando el deber que le era inherente estaba cumplido, se le permitía alejarse como si nunca hubiera existido, para dar lugar a enfrentarse con los deberes del momento que le había de seguir”
Los “Alcohólicos anónimos” emplean el mismo principio cuando dicen: “No intente cesar de beber para siempre, diga solamente: No beberé hoy”
¡Deténgase, mire y oiga! La práctica se hace más consciente mediante la observación del ambiente presente. ¡Cuántas veces las visiones los sonidos y los olores están presentes ahora mismo en su ambiente y, sin embargo, usted no se da cuenta de ello! Practique conscientemente el mirar y el escuchar. Póngase alerta para percibir los objetos. ¿Cuánto tiempo hace que usted sintió realmente el pavimento que existe debajo de sus pies mientras caminaba? Los indios americanos y los pioneros tenían que permanecer alerta a las visiones y a los sonidos y sentirse en su ambiente con el objeto de sobrevivir. Eso mismo hace el hombre moderno, pero por diferentes razones, no a causa de peligros físicos, sino con el objeto de prevenir “desórdenes de tipo nervioso” que se producen a causa de “ideaciones confusas”, por el fracaso en cuanto respecta a la consecución de un modo de vida espontáneo y creador, y en responder al ambiente con propiedad
El lograr hacerse más cauto con respecto a lo que está aconteciendo ahora, y el tratar de reaccionar sólo a lo que está aconteciendo en el instante, produce resultados casi mágicos en cuanto concierne a la curación de “heridas morales”. La próxima vez que sienta que se está poniendo tenso o nervioso, trate de dominarse y decirse: “¿Qué pasa aquí y ahora, y cómo he de reaccionar a ello? ¿Podré hacer algo acerca de esto?” La mayoría de los estados nerviosos intensos se producen por tratar de hacer algo involuntariamente, algo que no puede ser hecho aquí y ahora. Usted es impulsado a una “acción” y a un “hacer” para los que no hay lugar
Mantenga siempre en su mente la idea de que la tarea de su mecanismo creador consiste en responder con propiedad al ambiente presente, aquí y ahora. Muchas veces, si usted no se detiene a pensar acerca de esto, continuará reaccionando automáticamente a algún ambiente del pasado. No reaccionamos, entonces, con respecto al momento presente y a la situación también presente, sino a algún acontecimiento similar de un pasado más o menos cercano. Para decirlo con pocas palabras, no reaccionamos a la realidad, sino a la ficción. El reconocimiento completo de este principio y la comprensión de lo que usted está haciendo puede, con frecuencia, conducirle a una cura asombrosamente rápida
No luche contra los “hombres de paja” o los “fantasmas” de su pasado Por ejemplo, cierto paciente mío padecía ansiedad al asistir a las juntas comerciales, a los teatros, la iglesia o a cualquier otro lugar en donde se celebraban reuniones formales. “Grupos de gente” era la sensación común-denominadora que le producía esos estados de ansiedad a que nos hemos referido. Sin comprenderlo bien, el sujeto trataba de reaccionar a algún acontecimiento de su pasado cuando “los grupos de gente” constituyeron un factor importante para sus alteraciones nerviosas. Recordaba que cuando era niño y estudiaba en la escuela elemental se orinó cierta vez en los pantalones y un cruel maestro de escuela le llamó al estrado y le humilló delante de toda la clase. El pobre niño reaccionó con sentimientos de humillación y de vergüenza. Bien; un factor más en la situación: los “grupos de gente” le hacían reaccionar lo mismo que en la situación del pasado. Cuando era capaz de ver que se estaba comportando como si fuera un escolar de diez años, como si toda reunión constituyera una clase de escuela elemental y como si cada jefe de grupo fuera un cruel maestro de escuela, su ansiedad desaparecía de inmediato
Otros ejemplos típicos los forman las mujeres que reaccionan ante cada hombre que encuentran como si éste fuera algún hombre individual de su pasado; también es un ejemplo característico del tema que tratamos el que constituye el hombre que reacciona ante cada persona investida de autoridad como si “ésta” fuera algún individuo que hubiese ejercido imperio y dominio sobre él en anteriores momentos de su vida
3. Trate de hacer sólo una cosa a la vez Otra causa de confusión, con los correspondientes resultantes sentimientos de nerviosidad, prisa y ansiedad, la constituye el absurdo hábito de intentar hace muchas cosas de una sola vez. El estudiante que estudia y mira a la televisión simultáneamente; el hombre de negocios que en vez de concentrarse sólo en el texto de la carta está dictando ahora, piensa, con simultaneidad, en todas las cosas que debería hacer hoy o quizás esta semana, e inconscientemente intenta hacerlas, en forma imaginativa, de una sola vez. El hábito se muestra particularmente engañoso a causa de que raramente se le reconoce por lo que es en sí mismo. Cuando nos sentimos preocupados o angustiados al pensar en la gran cantidad de trabajo que nos aguarda, los sentimientos de ansiedad no son producidos por el trabajo, sino por nuestra actitud mental, que es: “Debería ser capaz de hacer todo eso en seguida”. Nos ponemos nerviosos porque tratamos de hacer lo imposible, y, por lo tanto, hacemos inevitable la futilidad y la frustración. La verdad es que sólo podemos dedicarnos a un asunto en un tiempo determinado. El creerlo y el estar convencidos de esta simple y obvia verdad, nos capacita a que cesemos mentalmente de tratar de hacer las cosas “futuras” y a concentrar todas nuestras capacidades de previsión y todos nuestros sentimientos de responsabilidad en la cosa determinada a que ahora estamos dedicados. Cuando trabajamos teniendo en cuenta esta actitud, estamos descansados y nos hallamos libres de los sentimientos de apresuramiento y de ansiedad, y somos capaces, entonces, de concentrarnos y pensar en lo que más nos conviene
La lección del reloj de arena En 1944, el Dr, James Gordon Gilkey pronunció un sermón titulado “Obtenga el equilibrio emocional”, el cual, al reimprimirse en el Reader’s Digest, logró convertirse en una obra clásica apenas en el transcurso de una semana. El autor halló, a través de muchos años de consejos y de observaciones, que una de las principales causas de la postración nerviosa, de las preocupaciones y de todas las clases de problemas personales, la constituye el mal hábito mental de sentirse como si se estuvieran haciendo muchas cosas al mismo tiempo. Al mirar el reloj de arena de su despacho tuvo una inspiración: lo mismo que un solo grano de arena puede pasar, en un instante determinado, a través de la garganta de la ampolleta, así el individuo podrá hacer una sola cosa en un lapso dado. No es, precisamente, la tarea, sino el modo en que insistimos en pensar con respecto a la tarea lo que nos causa las dificultades
La mayor parte de nosotros nos sentimos con prisa y celeridad, dice el doctor Gilkey, a causa de que nos formamos un cuadro mental falso de nuestros deberes, obligaciones y responsabilidades. Parece haber encima de nosotros un montón de cosas que nos presionan en un momento determinado; un montón de cosas diversas que hacer; una docena de diferentes problemas que solucionar; una docena de tensiones que soportar. No importa lo veloz y presurosa que pueda ser nuestra existencia, decía el doctor Gilkey, este cuadro mental es completamente falso. Inclusive en el día más ocupado y en las horas de mayor recargo de trabajo, siempre tendremos un momento sobrante; no importa con cuántos problemas, tareas o presiones tengamos que enfrentarnos, siempre nos llegarán éstos en una fila simple, el cual es el único modo con que pueden presentarse. Para obtener un cuadro mental verdadero, el doctor Gilkey sugería que nos fijásemos en la manera en que caían en el reloj los granos de arena: uno a uno. Este cuadro mental nos traerá el equilibrio emotivo, lo mismo que el cuadro mental falso habrá de conducirnos a la turbación emocional
Otro instrumento similar, en el que he hallado un formidable auxilio para el tratamiento de mis pacientes, consiste en decirles: “Su mecanismo del éxito puede ayudarle a hacer cualquier trabajo, a ejecutar cualquier tarea o a solucionar un problema cualquiera. Piense usted mismo como si estuviera ‘alimentando’ con tareas y problemas su mecanismo del éxito, exactamente igual que el científico alimenta con problemas un cerebro electrónico. El seleccionador de su mecanismo de éxito podrá manejar una sola tarea en un tiempo determinado. Lo mismo que un cerebro electrónico no puede suministrar la respuesta correcta si se le mezclan tres problemas distintos y se le alimenta en ellos al mismo tiempo, tampoco podrá hacerlo su mecanismo de éxito
Deseche toda clase de presiones. Cese de intentar introducir en la maquinaria, de una sola vez, más de una tarea”
4. Procure pensar el problema en el lapso anterior al sueño Si han estado luchando con un problema durante todo el día sin hacer ningún provecho aparente, procure desecharlo de su pensamiento y deje la decisión hasta que logre encontrar la circunstancia de “dormir sobre el mismo”. Recuerde que su mecanismo de creación funciona mejor cuando no existen excesos de interferencia en su “Yo” consciente. Durante el sueño, el mecanismo de creación tiene una oportunidad ideal para funcionar con autonomía respecto a la interferencia consciente si usted ha puesto las ruedas en marcha con la prioridad oportuna
¿Recuerda el hermoso cuento acerca del zapatero y los duendes? El zapatero halló que si cortaba el cuero y dejaba preparados los modelos antes de retirarse, llegaban los pequeños duendes y hacían el resto del trabajo, dejando los zapatos dispuestos y juntos mientras él estaba durmiendo
Muchos individuos que se dedican a actividades directamente creadoras emplearon una técnica muy similar a la descrita. Mrs. Thomas A. Edison –la esposa de Edison- ha dicho que cada tarde se marido dejaba en mente las cosas que esperaba hacer en el siguiente día. A veces solía dejar dispuesta una lista de las tareas que quería ejecutar y de los problemas que deseaba resolver. Se informa que Sir Walter Scott solía decirse a sí mismo en el momento en que las ideas no le acudían a la mente: “No importa; lo haré a las siete de la mañana, mañana mismo”
V. Bechterev señalaba: “Solía acontecerme que cuando me hallaba en la noche pensando en algún sujeto al cual le había dado forma poética, entonces, a la mañana siguiente, sólo tenía que coger la pluma y las palabras fluían con espontaneidad; solamente tenía que pulirlas algo más tarde”
Las bien conocidas “siestecillas” de Edison constituían algo de mucha más importancia que un simple respiro de la fatiga. Joseph Rossman dice así, en Psicología de la Invención: “Cuando algo le dejaba estupefacto, solía estirarse en su taller, y, medio adormecido aún, procuraba obtener alguna idea de su mente somnolienta que le ayudase a salir de la dificultad”
J.B. Priestly de Canterbury ha dicho: “Las ideas decisivas se forman detrás de las escenas; raramente sé cuándo ello tiene lugar… es seguro que la mayor parte de ello es durante el sueño. Henry Ward Beecher, en cierta época, pronunciaba un sermón diario durante dieciocho meses. ¿Cuál fue su método? Solía tener “incubándolas” una serie de ideas, y cada noche, antes de acostarse, seleccionaba una de estas ideas y “la agitaba” pensando intensamente acerca de ella. A la mañana siguiente, ya estaba dispuesto para pronunciar el sermón
El descubrimiento de Kekule, durante el sueño, con respecto al secreto de la molécula de la benzina; el descubrimiento del ganador del Premio Nóbel, Otto Loewi’s (que existen actividades químicas en la acción de los nervios); y los “Duendes”, de Robert Louis Stevenson, de los que solía decir que le proporcionaban las ideas más fructuosas mientras dormía, constituyen asuntos bien conocidos. Mucho menos afamado es el hecho de que no pocos hombres de negocios emplean la misma técnica. Por ejemplo, Henry Cobbs, el cual empezó su negocio a principios de 1930 con un billete de diez dólares y ahora opera pedidos por valor de muchos millones de dólares en North Miami, Florida, tiene siempre una libreta de notas en su mesita de noche con el objeto de apuntar las ideas creadoras una vez que ha despertado
Vic Pocker llegó al país desde su Hungría natal sin ningún dinero en el bolsillo y sin saber hablar inglés. Consiguió un empleo de soldador, iba por las noches a aprender inglés y se puso a ahorrar la mayor parte del dinero que ganaba, pero perdió todos sus ahorros en el período de la depresión. No obstante, no le decayó el ánimo, y, en 1932, abría un pequeño taller de soldadura al que llamó “Steel Fabricators”. Hoy este pequeño negocio ha crecido hasta convertirse en una firma que produce un millón de dólares
“Descubrí que uno tiene que hacer sus propios negocios –dice-. Algunas veces en mis sueños obtuve ciertas ideas con respecto a los problemas del pulimiento y, en esos instantes, solía despertarme excitadísimo. Más de una vez me he levantado a las dos de la madrugada y he ido al taller para ver si la idea se pondría elaborar”
5. Libérese de tensiones nerviosas mientras trabaja
Ejercicio práctico: En el Capítulo Cuatro hemos explicado la manera de obtener la relajación física y mental mientras se descansa. Continúe practicando a diario la relajación y usted se hará poco a poco más eficiente. Mientras tanto, usted podrá obtener algo de esa sensación de descanso y de actitud aliviadora de tensiones cuando acuda a sus labores diarias; pero, para ello es necesario que se forme un hábito de rememorar mentalmente esa bella sensación de descanso que usted ha logrado inspirarse poco a poco. Deténgase ocasionalmente durante el día; sólo necesitará que se tome un momento para recordar en todos sus detalles las sensaciones del proceso de la relajación de las tensiones. Recuerde cómo se sienten sus brazos, piernas, espalda, garganta, rostro, etc. Procure a veces formarse un cuadro mental en el que se vea extendido sobre la cama o sentado con abandono en un sillón. Todo ello le ayudará a evocar las sensaciones de descanso. Procure, además, repetirse mentalmente algunas veces: “Me siento más y más descansado”, eso también la ayudará a la obtención del mismo fin
Practique esto durante varias veces al día, procurando recordarlo todo con fidelidad
Usted quedará sorprendido al observar el modo con que todos estos ejercicios contribuyen a reducirle la fatiga y el grado sumo con que han de ayudarle a sortear y conducir toda clase de situaciones. Mediante el descanso y la observación de actitudes relajadas de tensiones, usted extirpará todos esos estados excesivos de inquietud, de tensión y angustia que interfieren el funcionamiento eficiente de su mecanismo de creación. Cuando su actitud de relajamiento llegue a convertirse en hábito, ya no necesitará usted volver a repetir conscientemente todo este proceso descrito.
Capítulo Séptimo
Usted puede adquirir el hábito de la felicidad En este Capítulo deseo hablar con ustedes respecto al sujeto de la felicidad, no desde un punto de vista filosófico sino médico. El Dr. John A. Schindler define la felicidad como: “Un estado de la mente en el cual nuestro pensamiento goza de una buena parte del tiempo”. Desde el punto de vista médico, así como desde el punto de vista ético, no creo que esta simple definición pueda ser ulteriormente superada. Ello es, pues, de lo que vamos a hablar en el presente Capítulo
La felicidad es una buena medicina La felicidad se genera en la mente humana y en su maquinaria psíquica
Pensamos, nos conducimos y sentimos mejor y estamos más sanos cuando somos felices. Inclusive nuestros órganos sensoriales fisiológicos funcionan mejor. El psicólogo ruso K. Kekcheyev experimentó con algunos individuos cuando estaban pensando ideas agradables y desagradables. Halló que cuando pensaban en ideas agradables veían mejor, tenían mejor sentido del gusto y del olfato y oían también de una manera superior, e incluso descubrían al tacto las cosas menos perceptibles. El Dr William Bates comprobó que el sentido de la visualización mejora inmediatamente cuando el individuo está pensando en cosas agradables a viendo escenas que le complacen. Asimismo, Margaret Corbett ha hallado que la menoría mejora extraordinariamente y que la mente se libera de tensiones cuando el sujeto piensa en asuntos que son de su agrado. La medicina psicosomática ha demostrado, por otra parte, que nuestro estómago, hígado, corazón y todos los demás órganos interiores funcionan mejor cuando nos sentimos felices. Hace millares de años el rey Salomón decía en sus Proverbios: “Un corazón alegre nos hace tanto bien como una medicina, mientras un espíritu quebrantado nos seca hasta los huesos”. Es significativo, también, que lo mismo el judaísmo que el cristianismo, prescriben la alegría, el contentamiento, el agrado y la satisfacción como verdaderos medios para la consecución de una buena vida
Los psicólogos de Harvard estudiaron la relación existente entre la criminalidad y los estados de felicidad, concluyendo que el viejo proverbio holandés que decía: “Las gentes felices no son nunca miserables” expresaba una verdad realmente científica
Hallaron que la mayoría de los criminales procedían de hogares desdichados y tenían una desgraciada historia en cuanto respecta a las relaciones humanas. Un estudio sobre la frustración, que se hizo en la Universidad de Yale durante un período de diez años, indicaba que la mayor parte de los casos que calificamos de inmorales y de hostilidad manifiesta respecto a los otros, se originan en nuestros propios estados de infelicidad. El doctor Schindler ha manifestado que la infelicidad es la sola causa de todas las enfermedades psíquicas y que la obtención de la dicha constituye el único medio posible de curación de las mismas. La propia palabra disease –enfermedad, en inglés- significa “estado de infelicidad” –también en inglés-: Dis-ease. Una encuesta reciente ha demostrado que los hombres de negocios “que miran al lado brillante de las cosas” obtienen en sus empresas mucho mayor éxito que los pesimistas
Parece ser, pues, que el sentido popular acerca de la felicidad se las ha arreglado de manera de conseguir la carreta antes del caballo. “Sé bueno –decimos-, y serás feliz”
“Sería feliz –solemos decir-, si obtuviésemos éxito y salud”. “Se bueno y ama a los demás, y obtendrás la felicidad”. Ello estaría más próximo a la verdad si dijésemos: “Se feliz, y serás bueno, tendrás más éxito en la vida, serás más sano y observarás mayor caridad hacia tu prójimo”
Conceptos comunes equivocados acerca de la felicidad La felicidad no es algo que se gana o se merece. La felicidad no es tampoco un proceso moral, lo mismo que la circulación de la sangre no constituye, en ninguna medida, un proceso de carácter ético. Sin embargo, tanto la felicidad como la circulación de la sangre son necesarias para mantener la salud y el bienestar. La felicidad constituye simplemente “un estado mental en el cual nuestro pensamiento funciona con agradabilidad la mayor parte del tiempo.” Si usted espera hasta que merezca pensar en ideas complacientes, se hallará inclinado a elaborar malas ideas acerca de su propia indignidad. “La felicidad no constituye la recompensa de la virtud – decía Spinoza-, sino que es la virtud en sí misma; no nos deleitamos en el estado feliz porque retengamos nuestros vehementes deseos, sino, al contrario, nos deleitamos en la felicidad, porque, a causa de ella, somos capaces de refrenar aquéllos”. (Spinoza, ETICA)
El propósito de la felicidad no denota egoísmo Muchas personas sinceras se desaniman al tratar de buscar la felicidad porque sienten que esa búsqueda constituiría una tendencia egoísta y moralmente detestable. La carencia de egoísmo no sólo no hace nada para la obtención de la felicidad, sino que, al inclinarnos a la introversión nos insta a que nos fijemos en nuestros defectos, pecados y dificultades (ideas desagradables), o a enorgullecernos de nuestra “bondad”, y todo ello nos impide expresarnos de una manera creadora, así como satisfacernos de la ayuda que proporcionemos al prójimo. Una de las ideas más agradables para cualquier ser humano consiste en pensar que se es necesario a alguien y que somos lo suficientemente importantes y competentes para ayudar a ser felices a otros sujetos. Sin embargo, si nos forjamos un compromiso moral con respecto a la felicidad y concebimos ésta como algo que debe ser ganado o como una especie de recompensa por habernos mostrado generosos, en ese caso, es probable que nos sintamos culpables del deseo de ser felices
La felicidad se produce por ser generosos y actuar generosamente –como complemento natural al “ser” y al “comportamiento”, y no como producto de un precio calculadamente elevado. Si somos recompensados por comportarnos sin egoísmo y ser “inegoístas”, el lógico paso siguiente consistirá en suponer que cuanto más abnegado y capaces de sufrimiento nos hagamos, más felices seremos. Esta premisa nos conduciría a la absurda conclusión que el camino para ser felices consiste en “ser infelices”
Si existe en ello algún proceso moral, éste hallaríase sin duda más inclinado a la felicidad que a la desgracia. “La actitud de la infelicidad no es sólo dolorosa sino que también posee algo que repugnante –dice William James-. ¿Qué puede ser más envilecedor e indigno que el mostrar rasgos serviles, ser gimoteador y mendigante, no importa qué males superficiales hayan engendrado estos vicios y defectos? ¿Qué ofende más al prójimo? ¿Qué es lo que menos ayuda a salir de una dificultad? Esto sólo acelera el proceso de la dificultad y perpetúa lo que la ocasionó, aumentando el mal total de la situación creada”. La felicidad no debe concebirse en el futuro, sino que debemos hallarla en el presente “No vivimos nunca, sino solamente estamos a la expectativa de poder vivir; mirando siempre hacia delante, para hallar la felicidad en el futuro, es inevitable que nunca vivamos felizmente”, decía Pascal
He hallado entre mis pacientes que una de las causas más comunes de la infelicidad consiste en que a veces intentamos vivir la vida constriñéndola a un plan de pago retardado. Las personas sometidas a tal disposición no viven ni gozan de la vida ahora, sino que esperan, para vivirla, algún acontecimiento o suceso ulteriores. Serán felices cuando lleguen a casarse, consigan mejor empleo o hayan pagado la casa; cuando los niños hayan salido del colegio, hayan cumplido alguna tarea prefijada u obtenido una victoria. Siempre, pues, estarán desilusionadas. La felicidad es un hábito mental, una actitud también mental y si no aprendemos esto y no lo practicamos en el presente nunca llegaremos a experimentarla. La felicidad no puede depender de la solución de un problema externo. Cuando solucionamos un problema aparece otro para ocupar el puesto anterior. La vida constituye una serie de problemas. Si usted va a ser feliz del todo, debe ser dichoso. ¡Punto! Nunca obtendrá la felicidad “a causa de”
“He reinado hasta ahora –escribió el Califa Abderramán-, en victoria o en paz, alrededor de cincuenta años; fui amado por mis súbditos, soñado por mis enemigos y mis aliados me respetan. Riquezas y honores, poder y placer aguardan mi llamada, parece ser que cada una de las bendiciones terrenales hayan sido evocadas para que concurriesen a mi felicidad. En esta situación conté diligentemente los días de dicha pura que me han caído en suerte: sólo llegan a catorce”
La felicidad es un hábito mental que podemos cultivar y debemos desarrollar “La mayoría de los individuos son tan felices como quieren serlo mentalmente”, decía Abraham Lincoln
“La felicidad es un estado de ánimo puramente interno –dice el psicólogo Dr Matthew N. Chappel-. Se produce no por los objetos, sino por la idea, los pensamientos y las actividades que pueden desarrollarse y formarse por la propia actividad de los individuos, no importa el ambiente en que éstos se hallen”
Nadie más que un santo puede ser feliz el ciento por ciento del tiempo. Y, como George Bernard Shaw dice bromeando, todos seríamos unos indigentes si nos consagrásemos a un estado de continua santidad. Pero podremos, meditando en ello y haciendo una simple decisión, ser felices y pensar en cosas agradables la mayor parte del tiempo al observar que multitud de acontecimientos y circunstancias de la vida diaria son las que nos convierten realmente en seres desgraciados. En gran parte, solemos reaccionar a los pequeños y despreciables disgustos, a las frustraciones y cosas parecidas, con insatisfacción, resentimiento e irritabilidad, sobre todo, por no tener el hábito de reaccionar de manera distinta. Hemos practicado durante tanto tiempo el reaccionar de ese modo que el mismo se nos ha hecho habitual. Muchas de estas desgraciadas reacciones habituales fueron producidas por algún acontecimiento que interpretamos como un golpe dirigido a nuestra autoestimación: un conductor que nos toca su bocina innecesariamente; alguien que nos interrumpe y no pone atención a lo que estamos hablando; este otro individuo que no viene a nuestro encuentro como habíamos pensado que lo haría. Inclusive, podemos interpretar algunos acontecimientos dé carácter impersonal, y hacernos reaccionar a ellos, como si hubiesen sido meras afrentas infligidas a nuestro sentimiento de auto estimación. Por ejemplo: el autobús que intentábamos tomar llega demasiado tarde; ha estado lloviendo precisamente cuando queríamos ir a jugar al golf; el tráfico se halla interrumpido en el preciso momento en que teníamos que ir a tomar un avión. Reaccionamos, entonces, con ira, resentimiento y auto piedad, es decir con actitudes de infelicidad
Cese de dedicarse a los asuntos que le hagan caminar confuso alrededor de lo que verdaderamente tiene que hacer El mejor procedimiento que he logrado hallar para combatir esta clase de cosas consiste en el empleo de la propia arma de la infelicidad, esto es, el sentimiento de la auto estimación. “¿Ha presenciado alguna vez un espectáculo de T.V., tratando de observar cómo dirige el auditorio el maestro de ceremonias? –Le pregunté a un paciente- . Nos hace una seña que quiere decir ‘aplaudan’, y todo el mundo aplaude, entonces
Nos hace otra que quiere decir ‘rían’, y todo el mundo ríe. Los espectadores actúan como corderos, como si fueran esclavos, y reaccionan exactamente lo mismo como se les dice que deben reaccionar. Usted sigue un comportamiento idéntico. Deja que pasen los acontecimientos por delante de sus narices, y otra persona le dicta el modo cómo debe sentirse y cómo debe reaccionar. Se comporta como un esclavo obediente, y obedece cómo una circunstancia u otro acontecimiento le indica que debe hacerlo: ‘enfádese’, ‘llénese de ira’ o ‘ahora es el momento de que se sienta infeliz’
En el momento en que aprenda el hábito de la felicidad, usted se convertirá en un patrón, en vez de transformarse en un esclavo, o, como dijo Robert Louis Stevenson: “El hábito de ser felices nos hace liberar, o nos libera, en la mayor parte, de la dominación de las circunstancias y condiciones superficiales circunstanciales”
Su opinión puede sumarse a los acontecimientos desgraciados El acontecimiento envuelto en las condiciones más trágicas, así como también el más adverso de los ambientes, podemos, con frecuencia, transformarlos en más felices – cuando no completamente felices-, si no le añadimos a la desgracia nuestros propios sentimientos de auto conmiseración, resentimiento y propias opiniones adversivas
“¿Cómo podría ser feliz?” –me demandó la esposa de un alcohólico-. “No lo sé – le dije-, pero usted podría alcanzar un mayor grado de felicidad si se resuelve a no añadirle sentimientos de auto conmiseración y resentimientos a las desgraciadas circunstancias que la cercan”
“¿Cómo puede ser posible que alcance yo la felicidad? –Me preguntó un hombre de negocios-. Acabo de perder doscientos mil dólares en el mercado. Estoy arruinado y me hallo hundido en la más honda desgracia”
“Usted puede ser más feliz –le dije-, si procura no añadir su propia opinión a los hechos incontrovertibles. Es un hecho que usted ha perdido doscientos mil dólares
Entonces, usted opina que se halla arruinado y en la desgracia”
Le sugerí, entonces, que tratase de memorizar un dicho de Epicteto, el cual ha sido siempre uno de mis aforismos favoritos: “Los hombres se inquietan y perturban –decía el sabio-, no por las cosas que acontecen, sino por la opinión que tienen respecto a las cosas que les ocurren”. Cuando anuncié que quería hacerme médico, se me dijo que eso no podría ser, porque mi familia carecía de dinero. Era un hecho que mi madre no poseía recursos monetarios. Constituía, pues, solamente una opinión la idea de que yo no podría hacerme nunca médico. Más tarde se me dijo que nunca podría hacer cursos de especialización en Alemania, y que sería imposible para un joven cirujano plástico pender su propia muestra de consultorio e ir a establecerse por sí mismo en Nueva York. Sin embargo, hice todas estas cosas, y, precisamente, uno de los argumentos que más me ayudó a ello consistió en recordarme a mí mismo que todos estos “imposibles” constituían meras opiniones y no hechos. No sólo me las arreglé para alcanzar mis objetivos, sino que llegué a sentirme feliz en el proceso de estas consecuciones, incluso cuando tuve que empeñar mi abrigo, para adquirir libros de medicina, ahorrándome los buenos menús y haciendo comidas miserables, con el objeto de adquirir cadáveres para mis estudios y prácticas. Además, estaba enamorado de una hermosa muchacha. Ella casó con otro. Estos eran hechos verdaderos. Llegué a considerar que todo ello constituía una mera opinión; que, en realidad, en hecho no era una catástrofe y que no había que tomarlo como si la vida no valiera la pena de vivirla. No sólo superé la desdicha, sino que logré transformarla en una de las circunstancias más felices que jamás me hayan acontecido
Actitud para el logro de la felicidad Hemos señalado anteriormente que ya que el hombre es un sujeto perseguidor de objetivos, funciona normal y naturalmente cuando se dirige a la consecución de alguna meta positiva y lucha por alcanzar un fin deseable. La felicidad constituye un síntoma de funcionamiento normal y natural, y cuando el hombre opera como perseguidor de objetivos, entonces tiende a sentirse completamente feliz cualesquiera que sean las circunstancias en que se halle. Mi joven amigo, ejecutivo de negocios, se sentía sumamente desdichado por haber perdido doscientos mil dólares. Thomas A. Edison perdió en un incendio un laboratorio que valía millones de dólares, el cual, además, no lo tenía asegurado. “¿Qué hará usted en el mundo?” –le preguntó alguien
-“Comenzaremos a reconstruirlo mañana por la mañana” –respondiole Edison
-Continuaba, pues, manteniendo una actitud agresiva, aún persistía, a pesar de las desgracias, en la persecución de sus objetivos. Precisamente porque continuó manteniendo esa agresiva actitud de “buscador de metas”, tuvo la buena suerte de no haberse sentido nunca infeliz a causa de la pérdida
El psicólogo H.L. Hollingworth ha dicho que la felicidad requiere la presencia de problemas más la actitud mental que nos prepare a enfrentarnos a los desastres, mediante la acción que ha de conducirnos a solucionarlos
“La mayor parte de nuestro concepto con respecto a lo que solemos llamar el mal, es debida al modo con que los hombres suelen apreciar los fenómenos psíquicos –decía William James-, éstos pueden ser convertidos, con frecuencia, en un buen tónico, mediante un simple cambio que se opere en la actitud interna del paciente, transformando ésta de temerosa a combativa; los remordimientos pueden obligarnos a apartarnos de nuestra senda, y volver al gusto, cuando, luego de haber tratado de hundirnos vanamente, llegamos a la determinación de enfrentarnos a ellos y conducirnos con alegría. Un hombre es simplemente herido en el honor a causa de la reverencia que profesa a muchos de los hechos que, al principio, parece perturbarle la tranquilidad al tratar de adoptar este modo de escape. Rehuse admitir el concepto de maldad que tenga con respecto a su persona; desdeñe la fuerza del mismo; ignore su presencia; vuelva su atención hacia la cosa opuesta, y, en tanto usted se interese en ello, en cualquier grado, aunque los hechos puedan existir todavía, el mal carácter de los mismos no existirá por más tiempo. Ya que usted hace a los hechos buenos o malos, por sus propias ideas acerca de ellos, es sólo la dirección de sus pensamientos la que demuestra ser su principal incumbencia”. (William James, The Varieties of Religious Experience, New York, Longmans, Green & Co.) Al examinar mi vida pasada, puedo ver que algunos de mis años más felices fueron aquellos en que luchaba denodadamente, para ganarme la vida, al mismo tiempo en que estudiaba medicina, exactamente igual que durante mis primeros días de práctica profesional. Muchas veces estuve hambriento. Padecí frío andaba mal vestido. Trabajé con dureza un mínimo de doce horas al día. Muchas veces, de mes a mes, no sabía de dónde me iría a venir el dinero para poder pagar la renta. Más tenía que llegar a una meta. Sentía un deseo tremendo de alcanzarla y manifesté una decidida persistencia que me hizo seguir trabajando hasta llegar a obtenerla
Relaté todo esto al joven ejecutivo de negocios y le sugerí que la causa real de su sentimiento de infelicidad no consistía en que hubiera perdido 200,000 dólares sino en que se había desviado de su meta; había perdido para decirlo con pocas palabras, la actitud agresiva y estaba comportándose en forma pasiva en vez de hacerlo activamente
“Debo haber estado loco –me dijo más tarde-, por dejarle convencerme que la pérdida del dinero no era lo que me hacía desgraciado, pero le estoy tremendamente agradecido porque lo haya hecho así”. Cesó de lamentarse acerca de su desgracia, “enfrentose a ella”, se puso a perseguir otro objetivo y comenzó a trabajar para llegar a conseguirlo. A los cinco años, no sólo tenía más dinero que en cualquier otro momento anterior de su vida, sino que, por primera vez, dedicose a un negocio de su completa satisfacción y gusto
Ejercicio práctico: Fórmese el hábito de reaccionar agresiva y positivamente – respecto a las amenazas y los problemas con que haya de enfrentarse. Fórmese el hábito de hallarse constantemente orientado a la consecución de un objetivo, sin cuidarse de lo que le acontezca. Haga ello practicando una actitud positiva de agresión, adaptándose a las diversas situaciones de cada día, tanto en la realidad como imaginativamente. Véase en su imaginación adoptando una actitud positiva e inteligente para solucionar un problema o alcanzar un objetivo. Véase reaccionando ante las amenazas sin rehuírlas o evadirse de ellas, sino enfrentándose a las mismas, tratándolas y dirigiéndolas de una manera inteligente y agresiva. “La mayoría de los individuos se muestran solamente valientes con respecto a los peligros a que están acostumbrados, ya sea en la imaginación o en la práctica de la vida real”, dijo Bulwer-Lytton, el célebre novelista inglés
Practique sistemáticamente “la sana elaboración de pensamientos” “La medida de la salud mental consiste en la disposición de hallarse bien en cualquier lugar”, expresó nuestro más famoso moralista Ralph Waldo Emerson
La idea de que la felicidad, o permanecer pensando en ideas agradables la mayor parte del tiempo, pueda ser cultivada deliberada y sistemáticamente, de una manera más o menos fría, en la práctica asombra a muchos de mis pacientes, y este asombro les obliga a concebirla, como increíble, si no burlesca, cuando se les llega a sugerir por primera vez. Sin embargo, la experiencia ha demostrado que no sólo se puede hacer esto, sino que es además el único modo en que podemos cultivar el hábito de la felicidad. En primer lugar, la felicidad no es algo que le acontezca. Es algo que usted se produce a sí mismo o se determina a hacer. Si espera que la felicidad llegue a usted de un solo golpe, o que se le presente de pronto, o se la traigan otras personas, tendrá posiblemente que esperar un largo rato. Nadie puede decidir lo que sus propias ideas harán de sí mismo. Si espera hasta que las circunstancias vayan a justificarle el pensar en ideas agradables, tendrá seguramente que esperar toda una eternidad. Cada día se nos presenta con una mezcla de bien y de mal; no existe un solo día o circunstancia que sea bueno en un ciento por ciento. El mundo aparece lleno de elementos y “hechos” que influyen a todas horas en nuestras vidas personales, los cuales “justifican” un estado de ánimo malhumorado y pesimista, o bien otro optimista y feliz, circunstancias que superan nuestras capacidades de selección. Esto depende, pues, de nuestra propia selección, de la atención que le dediquemos y de la decisión que hayamos de tomar al respecto. No tiene nada que ver con nuestra honestidad o carencia de honradez intelectuales. El bien es tan “real” como el mal. Todo dependerá, pues, del asunto que seleccionemos para concederle nuestra mayor atención y de las ideas que mantengamos en mente
La selección deliberada de pensar en ideas agradables es más que un paliativo
Con esta disposición podremos obtener resultados prácticos. Carl Erskine, el famoso pitcher de béisbol, ha dicho que el pensar mal le hace cometer más faltas que el lanzar mal la pelota: “Un solo sermón me ayudó más a superar mejor la presión que las circunstancias, que los consejos de cualquier coach. La idea del mismo es muy parecida a la que presenta una ardilla al guardar las nueces; también nosotros deberíamos almacenar en nuestras memorias los diversos momentos de felicidad y de triunfo que hayamos vivido, de tal forma que en una crisis podamos evocar estos recuerdos para que nos sirvan de ayuda e inspiración. Cuando era niño, solía pescar en la ribera de un arroyuelo que corría precisamente al lado de mi casa del pueblo. Puedo recordar vívidamente este lugar, el cual se hallaba en el centro de un gran prado verde rodeado por altos y frescos árboles. En cualquier momento en que suelo sentirme lleno de tensiones por algo, ya sea dentro o fuera del campo de juego, concentro mi memoria en esta descansada escena y, en seguida, se me sueltan y liberan los nervios”. (Norman Vincent Peale, ed., Faith Made Them Champions, Englewood Cliffs, N.J.,Prestice-Hall, 1954)
Gene Tunney nos da cuenta de la manera como se concentró en unos cuantos hechos falsos que casi le hicieron perder su primera pelea con Jack Dempsey. Cierta noche despertó presa de una pesadilla. “La visión era de mi misma persona, y apariencia sangrante, aporreado e inválido, hundido en la lona, en donde seguía después de que me hubiesen terminado la cuenta. No podía cesar de temblar. Allí mismo había perdido ese combate del cual esperaba tanto: el campeonato… ¿Qué podía hacer acerca de este terror? Podía adivinar la causa. Había estado pensando de un modo falso acerca del combate. Había leído los periódicos, y todo lo que decían era el cómo y el porqué Tunney iba a perder la pelea. A través de los diarios ya estaba perdiendo el combate en mi propia mente
“Parte de la solución consistía en algo obvio: cesar de leer periódicos; dejar de pensar en la amenaza de Dempsey, en su punch asesino y en la ferocidad de su ataque
Simplemente, tenía que cerrar las puertas de mi mente a las ideas destructivas y entretener mis ideaciones con otras cosas”
El agente de ventas que necesitaba una intervención quirúrgica en sus pensamientos más que en su nariz. Un joven agente de ventas se decidió a abandonar su empleo cuando me consultó acerca de la necesidad de hacerse una operación en la nariz. Su nariz era un poco más grande de lo normal, pero no “repulsiva” como el interesado sostenía. Sentía que sus posibles clientes reíanse secretamente de su nariz o que sentían repulsión hacia él a causa de ésta. Era un “hecho” que poseía una nariz grande. Era también un “hecho que tres clientes le habían llamado para quejarse del rudo y hostil comportamiento que había observado con respecto a ellos. Era, así mismo, un hecho que su jefe le había puesto en plan de prueba y que él no había ejecutado una sola venta durante dos largas semanas
En lugar de someterse a una operación de la nariz, le sugerí que debiera prestarse a que le operasen “su manera de pensar”. En el plazo de unos treinta días se le extirparían todas estas ideas negativas. Hallábase en completa ignorancia respecto a todos los “hechos” negativos y desagradables de su situación, y deliberadamente enfocó la atención en los pensamientos que le complacían. Al final de los treinta días, no sólo se sintió mejor, sino halló que tanto los clientes en prospecto como los clientes efectivos observaban mejores relaciones amistosas hacia él, sus ventas aumentaron progresivamente y el propio jefe le llegó a felicitar públicamente en una reunión de ventas
Un científico comprueba la teoría de la ideación positiva El Dr. Elwood Worcester, en el libro Body, Mind and Spirit, relata el testimonio de un científico de fama mundial: “Hasta cumplir los cincuenta años fui un hombre infeliz y sin valor. Ninguno de los trabajos en que se asienta mi reputación había sido publicado aún… Vivía con una sensación constante de melancolía y de fracaso. Quizás mi síntoma más doloroso era el que consistía en un ciego dolor de cabeza, el cual solía padecer dos días a la semana y, en este lapso, no podía hacer absolutamente nada
“Había leído algunos libros concernientes al Nuevo pensamiento, los que, por aquel tiempo, parecían ser demasiado ampulosos; también leí algunos artículos de William James respecto a la dirección de la atención hacia lo que es bueno y útil tratando de ignorar el resto. Una de las expresiones deslumbró mi mente: ‘Tenemos que vencer nuestra filosofía del mal, ¿mas qué significa este esfuerzo en comparación de poder ganar toda una vida de bondad?’, u otras palabras que conducían a este efecto
Hasta aquí todas estas doctrinas habíanme parecido simples teorías místicas, mas al observar que tenía el alma enferma y se me estaba poniendo peor y que mi vida me resultaba ya intolerable, decidí ponerlas a prueba… Me decidí, entonces, a limitar el período del esfuerzo consciente a sólo un mes, ya que pensé que este tiempo sería lo suficientemente largo para comprobar su valor o su carencia de validez con respecto a mi persona. Durante ese mismo mes resolví imponer ciertas restricciones a mis pensamientos. Si pensaba en el pasado, trataba que mi mente se fijara en los incidentes más felices y agradables, en los brillantes días de mi infancia, en la inspiración de mis maestros y en la lenta revelación de mi vida de trabajo. Al pensar en el presente, procuraba, de manera deliberada, volver mi atención a los elementos deseables del mismo, a mi casa, a las oportunidades que la soledad me prestaba para trabajar, etc., y, entonces, resolví hacer el mayor uso posible de todas estas oportunidades, así como ignorar los hechos que parecían no conducirme a nada. Al pensar en el futuro, determiné observar cada una de las ambiciones y valores posibles con que podría contar a mi alcance. Aunque por aquel tiempo me parecía ridículo este plan, observé, sin embargo, que el único defecto del mismo consistió en que lo apunté a una meta demasiado baja, que no incluía suficientemente cuanto yo deseaba conseguir
El científico prosigue narrándonos cómo cesaron sus dolores de cabeza en el transcurso de una semana y cómo empezó a sentirse más feliz y mejor que en cualquier otra época de su vida. He aquí lo que continúa diciéndonos: “Los cambios externos de mi vida, que resultaron de la transformación de mi manera de pensar, me sorprendieron más que los cambios internos, aunque éstos fueron producidos por los anteriores. Hubo ciertos hombres eminentes, por ejemplo, a quienes debo profundo reconocimiento. El más destacado de ellos me escribió invitándome a hacerme su asistente. Mis trabajos fueron publicados y, además, ha sido creada una fundación para publicar todo lo que yo pueda escribir en el futuro. Los hombres con quienes he trabajado se han mostrado sumamente cooperadores respecto a mí, principalmente en cuanto se refiere a la transformación de mi carácter. Anteriormente, no me hubiesen podido soportar… Cuando torno a mirar hacia todas estas transformaciones retrospectivas, me parece que, en algún momento, tropecé casualmente, en un camino oscuro, con un nuevo corredor, el cual puso a trabajar en mi favor las mismas energías que antes había operado contra mí”. (Elwood Worcester and Samuel McComb, Body, Mind and Spirit, New York, Charles Scribner’s Sons)
Cómo empleó un inventor “las ideas felices” El profesor Elmer Gates, de la Smithsonian Institution, ha sido uno de los inventores más importantes que alguna vez haya conocido este país y, así mismo, uno de nuestros genios que han merecido mayores reconocimientos universales. Pues bien; éste solía hacer a diario una práctica de “evocación” de ideas y de recuerdos agradables”, y tenía la firme convicción de que esto le ayudaba en sus labores. Si un individuo trataba de mejorar sus propias disposiciones personales, él solía decir: “Dejémoslas que exciten los mejores sentimientos de benevolencia y utilidad que pueden ser evocados y llevados a la práctica solamente de vez en cuando. Dejémoslas que hagan de ellas un ejercicio ordinario como el levantamiento de pesas. Dejémoslas que aumenten gradualmente el tiempo dedicado a esta gimnasia psíquica, y, a finales de primer mes, hallará en sí mismo transformaciones sorprendentes. La alteración de sus actos e ideas será notable. Hablando moralmente, el hombre experimentará una mejoría extraordinaria con respecto a su ser interno anterior”
Como aprender a adquirir el hábito de la felicidad Nuestra autoimagen y hábitos tienden a guardar estrecha relación entre sí
Transforme aquella, y éstos habrán de experimentar un cambio automático. El vocablo “hábito” posee el sentir original de adorno o vestido. Todavía hablamos de “vestir los hábitos” cuando nos referimos a ciertas prendas del vestuario humano. Esta expresión nos proporciona una comprensión más profunda acerca de la verdadera naturaleza del hábito. Los hábitos son, pues, literalmente las prendas que usamos para revestir nuestras personalidades. No son accidentales o circunstanciales. Los tenemos porque se acomodan a nuestras personas. Participan de nuestra autoimagen y de nuestra completa forma de la personalidad. Cuando consciente y deliberadamente desarrollamos mejores y nuevos hábitos, nuestra autoimagen tiende a abandonar los viejos hábitos y a desarrollarlos dentro de la transformación que experimenta nuestra nueva personalidad. Puedo ve diversos pacientes haciendo gestos exagerados cuando les menciono la transformación de las normas habituales de la conducta, o, por otra parte, exagerando las normas del nuevo comportamiento hasta lograr que éstas devengan automáticas
Estos confunden los “hábitos” con la “sumisión” a las sugerencias. La sumisión es algo a que el individuo se siente compelido causándole severos síntomas de retirada. El tratamiento de la sumisión está más allá de los alcances de este libro
Los hábitos, por otra parte, constituyen meras reacciones y respuestas que hemos aprendido a ejecutar automáticamente sin tener que pensarlas o decidirlas. Son ejecutados por nuestro mecanismo de la creación
Todo un noventa y cinco por ciento de nuestra conducta, sentimientos y reacciones es habitual
El pianista no decide qué teclas debe golpear. El bailarín no decide qué pie ha de mover. La reacción es automática y no pensada
Del mismo modo nuestras actitudes, emociones y creencias tienden a hacerse habituales. En el pasado aprendimos que ciertas actitudes, así como ciertos modos de sentir y de pensar fueron “apropiados” con respecto a ciertas situaciones. Ahora tendemos a pensar, sentir y actuar del mismo modo en donde quiera que encontremos lo que interpretamos como “la misma clase de situación”
Lo que necesitamos comprender es que estos hábitos, a diferencia de las sumisiones, pueden ser modificados, transformados o revertidos, solamente tomándonos el trabajo de hacer una decisión consciente y luego mediante la práctica de la nueva forma de responder o la nueva conducta. El pianista puede decidir conscientemente golpear a otra tecla si así lo prefiere. El bailarín puede conscientemente decidirse a aprender un nuevo paso de danza, y ello no se manifestará ningún sentimiento de ansiedad. Ello sólo requiere constante observación y práctica hasta que el modelo de la nueva conducta haya sido profundamente aprendido
EJERCICIO PRACTICO Habitualmente, usted se pone primero ya sea el zapato del pie derecho o el del pie izquierdo. Habitualmente, se ata los zapatos ya sea pasando el cordón desde la mano derecha a la mano izquierda o viceversa. Mañana por la mañana determine qué zapato debe ponerse primero y cómo va a atárselos. Ahora, decida que por los siguientes veintiún días va a tratar de formarse un nuevo hábito poniéndose primero el otro zapato y va a atárselos de diferente manera. Ahora, cada mañana cuando se haya decidido a ponerse los zapatos de una manera determinada, deje que este simple acto le sirva como un recuerdo para transformarse otros modos habituales del pensamiento, de la conducta y del sentimiento a través de un día. Dígase en tanto se ata los zapatos: “Voy a comenzar el día comportándome de un modo nuevo y mejor”. Luego, decida conscientemente que durante todo el día: 1. Estaré tan alegre y contento como me sea posible
2. Voy a tratar de sentir y comportarme un poco más amistosamente con respecto al prójimo
3. Voy a ser un poco menos crítico y un poco más tolerante con respecto a las faltas, las equivocaciones y los errores de las otras personas. Trataré de hacer la mejor interpretación posible de sus acciones.4. En tanto me sea posible voy a comportarme como si el éxito fuera seguro y que ya poseo la clase de personalidad que quisiera tener. Voy a practicar “el comportarme así” y “el sentir así” de esta nueva personalidad
5. No voy a permitirme una opinión propia, ya sea de modo negativo o positivo, con respecto al color de los hechos
6. Voy a practicar el sonreír tres veces al día por lo menos
7. Independientemente de lo que acontezca, voy a tratar de reaccionar en forma tan calmada e inteligente como me sea posible
8. Trataré de ignorar completamente, y así mismo trataré de cerrar la mente a todos esos “hechos” pesimistas y negativos que no pueda cambiarlos en absoluto
¿Es simple todo esto? Sí. Pero cada uno de los modos habituales de comportarse arriba mencionados, como también de sentir y de pensar tendrán una influencia benéfica y constructiva con respecto a su propia autoimagen. Trate de practicarlas durante veintiún días seguidos. “Experiméntelas” y observe si las preocupaciones, los sentimientos de culpabilidad y hostilidad no han disminuido y si la confianza no le ha ido en aumento
Capítulo Octavo
Ingredientes de la personalidad del “tipo de éxito” y cómo adquirirlos Exactamente lo mismo que un médico puede descubrir los síntomas de una enfermedad mediante el diagnóstico, también el psicólogo puede diagnosticar, mediante el estudio de las causas, el éxito y el fracaso. La razón consiste en que el hombre no halla simplemente el éxito ni tampoco llega con facilidad al fracaso. La verdad es que lleva consigo las simientes de su personalidad y carácter
He hallado que uno de los medios más efectivos para ayudar al individuo a adquirir una personalidad adecuada o de “éxito”, consiste antes de todo, en proporcionarle una imagen gráfica del aspecto que tiene la personalidad de éxito
Recuerde que el dispositivo de dirección creadora que poseemos cada uno de nosotros aspira constantemente a alcanzar metas y que el primer requisito para emplearlo consiste en tener una meta o blanco definido y claro a donde poder dispararlo. Mucha gente desea “perfeccionarse” y espera adquirir una “mejor personalidad”, a pesar de no poseer una clara idea de la dirección en que se halla este “mejoramiento” ni tampoco de los atributos e ingredientes de que consta el tipo de “una buena personalidad”. En efecto, este tipo individual es el que nos capacita a desenvolvernos en el ambiente, así como a enfrentarnos a la realidad de manera apropiada, de tal modo que nos ayuda a obtener las debidas satisfacciones por haber logrado alcanzar las metas o fines que considerábamos importantes para nosotros
Otra vez el tiempo. He visto a algunas personas sentirse infelices y confusas al abandonar sus derroteros cuando les fue dado un blanco al qué disparar y un camino derecho que seguir. Por ejemplo, el cuidadoso señor de apenas cuarenta años que se sentía extrañamente inseguro e insatisfecho inmediatamente luego de haber obtenido un importante ascenso en su carrera
Los puestos nuevos que ocupemos requieren nuevas autoimágenes “No tiene ningún sentido –decía este individuo-. He trabajado y soñado por ello
Es precisamente lo que siempre he querido. Sé muy bien que puedo desempeñar este trabajo, y, sin embargo –no sé por qué razón-, siento perturbado mi sentido de la autoconfianza. Me despierto de súbito como de un sueño y comienzo a preguntarme: ‘Qué podría hacer en el mundo un ser insignificante como yo, y, sobre todo, como podría desempeñar un empleo como este?’”. Había llegado a sentir extremada susceptibilidad con respecto a su apariencia y pensó que quizás la causa de su molestia pudiera consistir en su “débil barbilla”. No parezco un director de negocios, se decía
Pensó, entonces, que la cirugía plástica podría proporcionarle la resolución a su problema
Me enfrenté también con el ama de casa a quien los niños “la estaban poniendo loca” y cuyo marido la irritaba tanto que se sentía aburrida de él, por lo menos una vez a la semana, y ello sin ninguna causa. “¿Qué me ocurre? –se preguntaba-. Mis niños son realmente unos chicos guapos y me debieran producir orgullo. Mi marido es también un hombre atractivo y siempre me avergüenzo de él”. Sentía que un arreglo del rostro le podría proporcionar mayor confianza y hacer “que la apreciara más su familia”
Las dificultades con que se enfrentan esta clase de personas, y otras como ellas, no consiste en la apariencia física de las mismas, sino en sus autoimágenes. Se hallan desempeñando un nuevo papel y no están seguras de la clase de personas que se suponen ser para vivir y comportarse de esta nueva forma, o quizá nunca han desarrollado dentro de sí una clara autoimagen de cualquiera de los papeles que desempeñan en la vida
La imagen del éxito
En este Capítulo voy a prescribirle al lector la misma “receta” que le daría si viniera a mi consultorio
He hallado que una imagen de la personalidad de éxito fácil de recordar se halla contenida en las mismas letras que componen la palabra SUCCESS (ÉXITO)
“El Tipo de la Personalidad de Éxito” se halla compuesto de: S-ense of direction (Sentido de dirección) U-nderstanding (Comprensión) C-ourage (Valor) C-harity (Caridad) E-steem (Estimación o apreciación) S-elf Confidence (Autoconfianza o confianza en sí mismo) S-elf Acceptance (Auto aceptación o aceptación de sí mismo) 1. SENTIDO DE LA DIRECCIÓN En cauto ejecutivo “que abandonó sus propios derroteros” y que, en poco tiempo, tornó a conquistar la confianza de sí mismo, cierta vez vio con claridad que durante varios años había sido impulsado a trabajar por fuertes metas a que quería apuntar y atacar incluyendo la seguridad personal de que disfrutaba en el presente. Estos fines, que consideraba tan importantes para el desarrollo de su propia vida, le mantuvieron firme en la ruta que dirigía hacia la consecución de los mismos. No obstante, una vez que hubo conseguido el ascenso, cesó de pensar en los términos de lo “que deseaba” para pasar a pensar en los términos de lo que los otros esperaban de él, o sea, que se puso a vivir para adaptarse a los fines y estándares de vida de otros individuos. Se sentía como el patrón de una pequeña nave que hubiera abandonado el timón y, sin embargo, esperase seguir la orientación correcta. Hallábase también en la disposición del alpinista que en tanto miraba al pico que deseaba escalar se sentía y se comportaba valerosa y audazmente, pero, al alcanzar la cumbre, considera que ahora ya no tiene a dónde seguir, comenzando, entonces, a mirar hacia abajo y a sentir el vértigo. Estaba, pues, ahora, actuando a la defensiva, defendiendo su presente puesto, mucho más que desempeñándose como un luchador que pretende alcanzar un fin y pasa a la ofensiva apuntando a la meta que se propuso. Obtuvo sólo el dominio de sí mismo cuando se decidió a seguir nuevas metas y comenzó a pensar en términos que éstas requerían: “¿Qué voy a conseguir con este nuevo empleo? ¿Qué deseo alcanzar? ¿A dónde quiero ir?” “Funcionalmente, el hombre se parece a una bicicleta –le dije-. Una bicicleta se mantiene en equilibrio en tanto se la lleva hacia algún lugar. Usted posee, pues, una buena bicicleta. La dificultad consiste en que está tratando de guardar buen equilibrio, sentado todavía en ella, y, sin embargo, no se ha fijado de antemano el nuevo lugar a que desea ir. No me asombra que se sienta lleno de confusiones”
Los seres humanos “hemos sido construidos” como sujetos-mecanismos que luchan para conquistar ciertas metas o fines. Usted también ha sido hecho de esta manera. Cuando no estamos interesados en alcanzar un fin personal que signifique algo para nosotros, nos disponemos “a andar en círculos”, a sentirnos “perdidos” y hallarnos sumergidos en una vida sin objetivos y sin propósitos. Hemos sido hechos para conquistar el ambiente, solucionar problemas, perseguir objetivos, etc., y no hallamos en la vida verdadera satisfacción y felicidad si no tenemos obstáculos que superar y anhelos que satisfacer. La gente que suele decir que la vida no vale la pena de vivirla, o que no vale nada, son individuos que se están diciendo a sí mismos que sus objetivos personales no tienen valor alguno
Receta: Propóngase un objetivo que le valga la pena de alcanzarlo. Mejor aún, proyecte algo que hacer. Decida cuándo quiere abandonar una situación determinada
Enfréntese siempre con algo “que le lleve hacia delante”, algo en que confíe y por lo que tenga que luchar. Mire hacia delante, nunca hacia atrás. Desarrolle eso que los fabricantes de automóviles llaman “el aspecto de vanguardia”. Procure cultivar “la nostalgia del futuro” en vez de la del pasado. El “aspecto de vanguardia” y la “nostalgia del futuro” habrán de conservarle joven. Inclusive su cuerpo deja de funcionar bien cuando usted cesa de ser un “perseguidor de objetivos” y “no tiene nada por qué mirar hacia delante”. Esta es la razón por la que con frecuencia se mueren algunos hombres poco después de haberse retirado del trabajo o de sus negocios. Cuando no tienen fines que le interese perseguir y no mira hacia delante, en realidad, “ya ha dejado de vivir”
Además de las metas puramente personales, procure también desarrollar alguna de carácter impersonal, o sea, una “causa” con qué identificarse. Interésese en algún proyecto con el que pueda ayudar a su prójimo, no como algo dictado por su sentido del deber, sino porque usted lo quiere
2. COMPRENSIÓN El sentido de la comprensión depende de una buena comunicación. La comunicación es vital para cualquier sistema de guía o computador. No podrá reaccionar con propiedad si la información de que dispone es falsa o errónea. Muchos médicos creen que la confusión constituye el elemento básico que genera la neurosis
Para que podamos atacar algún problema real tenemos que disponer, por lo menos, de una ligera comprensión acerca de nuestra verdadera naturaleza. La mayor parte de los fracasos, en cuanto respecta a las relaciones humanas, débense a “los conceptos erróneos” que poseemos acerca de lo que estamos tratando
Esperemos que otras personas reaccionen, respondan y lleguen a idénticas conclusiones que nosotros con respecto a una misma serie de hechos y de circunstancias. Deberíamos recordar lo que hemos dicho en un capítulo precedente: “nadie reacciona a las cosas ‘como ellas son’, sino a sus propias imágenes mentales”. La mayor parte del tiempo, la reacción de otra persona o la posición que adopta con respecto a nuestra respuesta y postura no la produce por el simple objeto de hacernos sufrir, tampoco por cabezonería ni malicia, sino simplemente porque comprende e interpreta la situación de manera distinta a la nuestra. Responde apropiadamente a lo que a ésta –a él o ella- le parece ser la verdad. La confianza que otorguemos con respecto a la sinceridad de las otras personas, considerándolas más bien equivocadas que maliciosas, puede hacer mucho para allanar las relaciones humanas y producir mejor comprensión entre la gente. Pregúntese: “¿Cómo habré de parecerle a él? ¿Cómo podrá interpretar esta situación? ¿Cómo se irá a sentir acerca de ello?” Procure comprender, por último, “cómo puede él comportarse de esa manera”. El hecho contra la opinión Muchas veces producimos confusión cuando solemos añadir nuestra propia opinión a los hechos y llegamos a conclusiones equivocadas. HECHO: un marido tamborilea con sus nudillos sobre la mesa. OPINIÓN: la esposa cree que lo hace sólo para molestarla. HECHO: el esposo se escarba los dientes después de la comida
OPINIÓN: la esposa concluye: “Si guardara hacia mí algún miramiento, procuraría enmendar sus maneras”. HECHO: Dos amigos están susurrándose algo cuando usted llega a donde están ellos: Ambos cesan de hablar al momento y tienen aspecto embarazado. OPINIÓN: “Deben haber estado murmurando de mí”
El ama de casa mencionada, anteriormente debiera haber comprendido que las molestas maneras de su marido no habían sido deliberadamente manifestadas para molestarla. Cuando ésta cesó de reaccionar como si no hubiera sido ofendida personalmente, fue capaz de detenerse a analizar la situación y seleccionar una respuesta apropiada
Trate de ver la verdad Con cierta frecuencia solemos deformar los datos de nuestras sensaciones internas por medio de los temores, las ansiedades o los deseos. Más para que podamos llegar a un conocimiento real del ambiente, debemos tratar de reconocer la verdad acerca del mismo. Sólo cuando comprendemos cómo es éste, podemos reaccionar en forma adecuada. Debemos ser capaces de ver la verdad y aceptarla tanto si es buena como si es mala. Bertrand Russell dijo que la única razón de que Hitler perdiera la segunda Guerra Mundial consistió en que no logró comprender el todo de la situación con que se enfrentaba. Los portadores de malas noticias eran castigados. Muy pronto nadie se atrevía a decirle la verdad. Así, pues, sin conocer la verdad, tampoco podía tomar medidas a propósito de ella
Muchos de nosotros somos individualmente culpables del mismo error. No nos gusta admitir nuestros propios errores, faltas y defectos o incluso admitir simplemente que hemos estado equivocados. No nos gusta reconocer que una situación dada es distinta a como quisiéramos que fuese. Luego persistimos en mantener los rasgos de nuestros caracteres infantiles. Y, naturalmente, debido a que no vemos o no queremos ver la verdad, no podemos actuar de manera adecuada. Alguien ha dicho que sería un buen ejercicio que nos dedicásemos a tratar de admitir diariamente algún hecho doloroso acerca de nosotros mismos. La personalidad de tipo de éxito no sólo no engaña a la otra gente, sino que enseña a ser honestos consigo mismos. Lo que llamamos sinceridad se halla basado en la auto comprensión y la honradez individuales. No puede ser sincero el hombre que se miente a sí mismo “raciocinando o se dice “mentiras racionales”
Receta: Trate de hallar y averiguar la información verdadera que ataña a sus problemas, al prójimo o a la situación en que se encuentra, ya sean buenas o malas noticias. Adopte la consigna que dice: “No importa quién tiene razón, sino lo que está bien”. Un sistema automático de dirección corrige el curso de los datos negativos que se le hayan suministrado al “feed-back” y reconoce los errores con el objeto de corregirlos y de permanecer sobre su curso. Así debe hacer también usted. Admita sus faltas y errores, pero no se lamente acerca de ellos. Corríjalos y prosiga su camino. Al tratar con otra persona, procure comprender el punto de vista que ésta le manifiesta tan objetivamente con el de usted mismo
3. EL VALOR Comprender la situación en que se halla y disponer de un fin que perseguir, no es lo suficiente para el logro de la felicidad. Debe tener también el valor de actuar, ya que sólo mediante la acción se pueden transformar en realidades los fines que perseguimos, así como los propios deseos y las creencias
La consigna personal del almirante William F. Halsey consistía en la siguiente cita de Nelson: “Ningún capitán podrá cometer un error demasiado considerable si enfrenta a su nave con la del enemigo” “La mejor defensa consiste en una buena ofensiva –decía Halsey-, éste es un principio militar, mas su aplicación es más amplia que la misma guerra. Todos los problemas, ya sean de carácter personal, nacional o de combate, se hacen más pequeños si no los abandonamos, sino, al contrario, nos enfrentamos a ellos. Toque un cardo tímidamente, y le pinchará; agárrelo con audacia, y le aplastará usted las espinas”. (William Nichols, Words to Live By, Simon and Schuster, New York)
Alguien ha dicho que la Fe no consiste en creer en algo que vemos de modo evidente: el VALOR de emprender cualquier cosa sin tener en cuenta las consecuencias
¿Por qué no apostar sobre sí mismo? Nada existe en el mundo que sea absolutamente cierto o que pueda garantizarse
Con frecuencia, la diferencia existente entre un hombre que tuvo éxito y otro que fracasó, no consiste en que aquél poseyera más capacidad o ideas, sino en el valor que este último impuso a sus ideas para la adopción de un riesgo calculado y actuar con arreglo al mismo
Pensamos casi siempre en el valor remitiéndonos a los hechos heroicos que tienen lugar en el campo de batalla, en un naufragio o en una crisis parecida. Mas la vida diaria también requiere valor si queremos hacerla eficiente
Todavía más, el fracaso al actuar hace que la gente que se enfrenta con un problema se ponga nerviosa, se sienta “intimidada”, “como cogida en una trampa” e inclusive puede conducirla a toda una serie de miedos fisiológicos. Suelo decirle a esta clase de gente: “Estudie la situación profundamente, procure imaginarse los diversos procesos de cada una de las posibles maneras de actuar y las distintas consecuencias que deben y pueden surgir de cada proceso. Siga el camino que más le prometa y vaya hacia delante. Se espera hasta que esté absolutamente cierto y seguro del camino que debe emprender antes de ponerse a actuar, usted nunca podrá hacer nada. Cada vez que actúe puede equivocarse. Cualquier decisión que haga puede ser la equivocada. Pero no debemos permitir que ello nos detenga en la búsqueda del fin propuesto. Debemos tener el valor de arriesgarnos a cometer errores a diario, arriesgarnos a fracasar y también a recibir algunas humillaciones. Un paso en la dirección equívoca vale más que quedarse detenido en el mismo punto durante toda la vida. Una vez que haya emprendido el camino, podrá corregirlo en cualquiera de los puntos en que se halle mientras prosigue andando. Su sistema automático de guía no podrá dirigirle en tanto se queda detenido en constante duda.”.La fe y el valor son instintos naturales ¿No le ha asombrado alguna vez “el porqué”, la “urgencia” o el deseo de jugar parecen ser instintivos en la naturaleza humana? Mi propia teoría consiste en que esta universal “urgencia” de arriesgarse o jugarse el todo por el todo es un instinto que al emplearlo correctamente nos excita a aventurar algo de nosotros mismos para tener la oportunidad de comprobar nuestras propias fuerzas creadoras. Cuando poseemos la suficiente fe y actuamos con valor, eso es precisamente lo que estamos haciendo: arriesgarnos y valernos de una oportunidad para poner en funcionamiento los dones creadores que Dios nos concedió. También incluyo en mi teoría la idea de que el individuo que frustra en sí este instinto natural, al rehusar vivir en una manera creadora y comportarse con valentía, es la misma persona que se convierte en “jugador febril” y se aficiona de manera harto perjudicial a las mesas de juego. El hombre que no se vale de la oportunidad de exponer su propia vida debe desafiar alguna cosa externa. También el hombre que no se comporta con valor, a veces busca en la bebida este sentimiento. La fe y el valor son instintos naturales del ser humano y, por lo tanto, sentimos la necesidad de expresarlos, ya sea de una u otra manera
Receta: Propóngase, desde luego, cometer las menos faltas posibles y sentir el menor dolor que pueda para tratar de conseguir lo que quiera. No se venda barato. “La mayoría de la gente –dice el general R. E. Chambers, Jefe de la Sección Consultora de Neurología y Psiquiatría del Ejército, no sabe lo valiente que es. En realidad, muchos héroes en potencia, hombres y mujeres, viven en deuda perpetua con sus propias vidas
Si pudieran saber que poseen estos profundos recursos, ello les ayudaría a proporcionarles la autoconfianza necesaria para enfrentarse a la mayoría de los problemas que se les pudieran presentar inclusive en las más grandes crisis”. Usted dispone de los recursos necesarios, pero nunca sabrá que los posee hasta que no tenga una ocasión en qué emplearlos para que funcionen en su propio beneficio
Otra sugestión que podría ayudarle consiste en practicar un comportamiento audaz y valeroso en relación con las cosas menos importantes. No espere hasta que pueda convertirse en un gran héroe en alguna crisis peligrosa. La vida diaria también requiere valor, y, al practicar el valor en las pequeñas cosas, también desarrollamos la fuerza y el talento para actuar valerosamente en asuntos de mayor importancia
4. LA CARIDAD Las personalidades de éxito siempre observan con interés lo que concierne al prójimo: respetan los problemas y las necesidades de las personas ajenas, honran la dignidad de la persona y tratan a los individuos extraños como si fueran seres humanos en vez de considerarlos como a piezas que se hallasen incluidas en su propio juego
Reconocen que cada persona es una criatura de Dios y que ésta constituye una individualidad que merece respeto y digno trato
Es un hecho psicológico que nuestros sentimientos acerca de nosotros mismos tienden a corresponder con los sentimientos que observamos hacia las otras personas
Cuando un individuo comienza a sentirse más magnánimo con respecto a los seres ajenos, también, y ello de manera invariable, empieza a mostrarse más caritativo consigo mismo. La persona que cree que “la gente no es importante” no puede concebir un profundo respeto ni una gran consideración hacia sí, ya que ella es también “gente”, y, con el juicio idéntico que aprecia a los demás, exactamente habrá de juzgarse en su propio pensamiento. Uno de los mejores métodos que existen para superar el sentimiento de culpabilidad estriba en el hecho de cesar de condenar al prójimo en nuestra propia mente, en dejar de juzgarlo, culparle y odiarle por sus errores. Podrá, pues, cultivar y desarrollar una autoimagen mejor y más adecuada cuando comience a sentir que las personas ajenas valen más que lo que usted creía
Otra razón por la que la caridad hacia el prójimo constituye un síntoma de la personalidad de éxito, débese a que ello significa que la persona que tal siente y hace, sabe enfrentarse con la realidad. La gente es importante. Los seres humanos no pueden ser tratados durante mucho tiempo como animales, máquinas o fichas de juego para valerse de ellos como de instrumentos de los fines personales que se persiguen. Hitler llegó a descubrirlo bien. Asimismo lo lograrán averiguar otros tiranos en cualquier lugar que desempeñen sus funciones y actúen sus caracteres, ya sea en el hogar, en los negocios o en cualquier otra circunstancia o lugar concernientes a las relaciones entre los seres humanos
Receta: La receta para la adquisición o conservación del sentimiento de caridad se compone de tres partes: 1) Procure cultivar un aprecio genuino hacia la gente mediante la percepción de la verdad acerca de ella, pues los individuos son criaturas de Dios que constituyen personalidades únicas y seres creadores. 2) Tómese la molestia de inhibirse de juzgar los sentimientos, puntos de vista, deseos y necesidades del prójimo. Piense más en lo que una persona ajena pueda querer y en cómo se debe sentir. Un amigo mío suele mantener con su esposa el siguiente diálogo: “¿Me quieres?” –“Sí, en el instante en que dejo de pensar en ello”. Hay mucho de verdad en esto. No podemos sentir nada acerca de otra persona, al menos que cesemos de pensar en ello. 3) Procure concebir que los individuos ajenos son importantes y compórtese con ellos de la manera que corresponde a este principio. Cuando trate a otras personas observe la debida consideración acerca de los sentimientos de las mismas, pues es absolutamente cierto que es idéntica forma que tratamos a las personas y a los objetos, así consideramos a las unas y a los otros
5. LA ESTIMACIÓN Hace algunos años escribí un comentario a “Las palabras por qué vivir”, el cual fue publicado en This Week Magazine. En este artículo, comentando lo dicho por Carlyle: “¡Alas! La irreligión consiste en no creer en sí mismo”, decía yo lo siguiente: “De todas las trampas y engaños que nos presenta la vida, el auto menosprecio aparece como el sentimiento de más laboriosa y difícil superación, ya que ha sido proyectado y cultivado por nuestras propias manos y la síntesis del mismo se concentra en esta frase: ‘No tengo empleo posible; no puedo hacer nada’
“La pena se sucumbir a este sentimiento es pesada, tanto para el individuo, en términos de las recompensas materiales perdidas, como para las ganancias de la sociedad, en cuanto concierne al progreso alcanzado
“Como médico puedo señalar también que el derrotismo presenta aún otro aspecto –uno bastante curioso muy difícil de reconocer-. Es más que posible que las palabras citadas constituyen la propia confesión de Carlyle, tanto respecto al secreto que se esconde detrás de su aseveración como en lo que concierne a su tempestuoso temperamento, irascible voz y espantosa tiranía doméstica.“Carlyle, naturalmente, constituía un caso extremo. ¿Pero no es acaso en esos días en que estamos sometidos a la incredulidad cuando dudamos con mayor fuerza y nos sentimos más incompetentes para cumplir nuestras tareas; no es precisamente entonces cuando nos hallamos más intranquilos por encontrarnos solos?” Podemos simplemente meter en nuestras cabezas la idea de que mantener una baja opinión de nosotros mismos no constituye una virtud sin un defecto. Los celos, por ejemplo, que a tantos matrimonios conducen al desastre, casi siempre son producidos por la duda. La persona que posee adecuada auto estimación no siente la hostilidad hacia el prójimo, no se cree dispuesta a comprobar nada, puede ver los hechos con mayor claridad y tampoco implora, quejumbrosamente, la compasión de nadie
El ama de casa que cree en que una insignificante operación en el rostro podría hacer que la apreciaran más sus hijos y su esposo, realmente necesita valorizarse más a sí misma. La edad madura, más unas cuantas arrugas y unos pocos cabellos blancos le han hecho perder su auto estimación, convirtiéndola en un ser super susceptible a las inocentes indicaciones y actos de su familia
Receta: Cese de soportar una imagen mental en que se represente como un ser derrotado y sin valor. Deje de dramatizarse como sujeto digno de piedad a quien ha perseguido la injusticia. Haga uso, por último, de los ejercicios prácticos de este libro para tratar de formarse una autoimagen adecuada
La palabra “estimación” significa literalmente “aprender el valor de”. ¿Acaso los hombres han de asombrarse y empavorizarse ante el espectáculo que forman las estrellas, la luna, la inmensidad del mar, la belleza de un crepúsculo florido, y, al mismo tiempo, han de rebajarse a sí mismos? ¿No hizo el mismo Creador al hombre? ¿No es el hombre, acaso, la más maravillosa de todas las criaturas? Esta estimación del valor propio no representa el egotismo, a menos que se presuma que el individuo se ha auto hecho. No menosprecie el producto a causa de que no lo haya empleado correctamente. No culpe infantilmente al objeto por los errores que usted mismo cometa; ello sólo digno del escolar que dice: “Esta máquina no sabe escribir con ortografía”
El mayor secreto de la auto estimación consiste en comenzar a apreciar más a la gente y en mostrar respeto a cualquier ser humano por el hecho de que es una criatura de Dios y un objeto de valor. Deténgase y piense en cómo va a tratar a su prójimo. Está tratando con una “única creación individual del Creador”. Practique el tratamiento con la persona ajena como si ésta tuviera su valor propio, y, bastante sorpresivamente para usted mismo, su auto estimación aumentará sin cesar, ya que el verdadero “auto aprecio” no deriva de lo que haya hecho ni de sus propios pensamientos, sino de la apreciación de lo que es usted por sí mismo: una criatura de Dios. Cuando llegue a obtener esa creencia habrá necesariamente de concluir que todas las demás personas deben ser apreciadas por esta exclusiva y única razón
6. LA AUTOCONFIANZA (LA CONFIANZA EN SI MISMO) La experiencia del éxito produce la confianza. Cuando iniciamos una empresa cualquiera, lo más probable es que nos sintamos poco confiados con respecto a la misma ya que no hemos aprendido por experiencia propia cómo vamos a conseguir el éxito. Este es un principio verdadero en lo que concierne a aprender a montar en bicicleta, a hablar en público o a practicar la cirugía. Es absolutamente cierto que el éxito conduce al éxito. Inclusive un pequeño éxito puede ser empleado como el primer paso que damos en el camino que ha de llevarnos a otro éxito mayor. Los managers de los boxeadores se muestran sumamente cuidadosos en escogerles a sus pupilos una serie de combates graduados para que éstos vayan adquiriendo, a través de una carrera de éxitos, la experiencia que necesitan. También nosotros podemos emplear la misma técnica: comenzar a experimentar –por grados- el éxito en pequeña escala
Otra técnica importante consiste en formarnos el hábito de recordar los éxitos del pasado y olvidar los fracasos. Este es el medio con el que tanto el computador electrónico como el cerebro humano parecen operar. La práctica mejora la habilidad en el juego de básquetbol, golf, etc., lo mismo que en el arte de la venta, y ello no porque la repetición tenga algún valor en sí misma. Esta hace que aprendamos de los errores más que de los aciertos. Una persona que se halla aprendiendo el hockey perderá el golpe muchas más veces que logre acertarlo. Si el mejoramiento de la habilidad considera en la mera repetición, la práctica de la misma la haría mejor experto con respecto a la obtención de golpes acertados conforme practicase más. Sin embargo, aunque las pérdidas de golpes puedan hallarse en la proporción de diez por un golpe acertado, a través de la práctica las pérdidas disminuyen gradualmente y los hits se consiguen con mayor frecuencia. Ello es debido a que el computador que existe en el cerebro recuerda y enfatiza los intentos mediante los cuales se obtuvo el éxito apetecido, así como olvida golpes fracasados
Este es el medio por el cual, lo mismo el computador electrónico que nuestro propio mecanismo del éxito, aprenden a obtener lo que se proponen
Bien, ¿Mas que hacemos la mayoría de nosotros? Destruimos nuestra autoconfianza al recordar los fracasos del pasado y al olvidar todo lo que concierne a los éxitos que obtuvimos en tiempos anteriores. Además, no sólo recordamos los fracasos, sino que también los imprimimos con emoción en nuestras propias mentes; luego, nos condenamos a nosotros mismos. Nos ahogamos en la vergüenza y el remordimiento (ambas emociones son de carácter egotista e introvertido), y así logramos que desaparezca la confianza dentro de nosotros
No importa cuántas veces haya fracasado en el pasado. Lo que interesa es que intentemos conseguir el éxito, el cual debe ser recordado, enfatizado y hacer que more dentro de nosotros. Charles Kettering ha dicho que cualquier joven que quiera ser un científico debe estar dispuesto a fracasar noventa y nueve veces antes de obtener el éxito apetecido, y, sin embargo, debe procurar que estas fallas no le causen daño alguno
Receta: Procure emplear los errores y equivocaciones como un medio para aprender; luego vaya menospreciándolos en su mente. Recuerde y grábese en la mente, de manera deliberada, los éxitos que alcanzara en el pasado. Todos los individuos han obtenido algún éxito en alguna vez. Especialmente, cuando comience una nueva tarea procure evocar los sentimientos que experimentó en algún éxito del pasado, no importa lo pequeño que éste haya sido
El Dr. Winfred Overholser, Superintendente del Hospital de St. Elizabeth, manifestó que la evocación de los momentos en que actuamos con valentía es un medio excelente para recuperar la autoconfianza; que mucha gente tiende a borrar todas las buenas memorias por haber recibido del destino uno o dos golpes desafortunados. Si procuramos revivir sistemáticamente en la memoria todos los buenos momentos que vivimos, dice, nos hallaremos sorprendidos al descubrir que poseemos mucho más valor del que pensamos. El Dr. Overholser recomienda la práctica de revivir los recuerdos de nuestros éxitos y de los instantes de valentía de nuestro pasado como una ayuda imponderable para hacer reaccionar bien a nuestra autoconfianza, cualquiera que sea el caso o el acontecimiento que pueda perturbarla.7. LA AUTOACEPTACION No es posible la obtención del éxito ni de la felicidad genuina sin que la persona desarrolle en sí misma cierto grado de auto aceptación. Los sujetos más desgraciados y que más se torturan en todo el mundo son los que se están quejando en forma continua, para convencerse a sí mismos y a los demás de que ellos son básicamente distintos a como se manifiestan. No hay nada que alivie y satisfaga tanto como cuando el sujeto se desprende, finalmente, de todas sus pretensiones y se dispone a ser él mismo. El éxito que procede de las meras palabras de uno, elude con frecuencia a los individuos que se preocupan demasiado de la lucha por ser alguien, produciéndose en cambio, casi siempre, cuando la persona cesa de preocuparse y se halla dispuesta a descansar y “a ser ella misma”
El camino de la autoimagen no tiene que ver nada con la transformación del ser individual o con el mejoramiento del mismo sino que, al cambiar éste su propia imagen mental, transforma también su propia estimación, la concepción y las creencias de ese ser suyo. Los asombrosos resultados que siguen al desarrollo de una “autoimagen” realista y adecuada, se producen no como resultado de la auto transformación sino por la autoconfianza y la autor revelación. Su ser interno, ahora mismo, es lo que siempre ha sido y todo lo podrá ser siempre. Usted no lo ha creado, tampoco lo podrá cambiar
Usted puede, sin embargo, reconocerle su propia naturaleza y hacer lo que más pueda respecto a lo que ya es, mediante la obtención de un grabado mental de su ser auténtico
Luego no tiene por qué tentarse con ser alguien. Usted es como es ahora. Es alguien no a causa de que haya ganado un millón de dólares o conduzca el automóvil más grande de toda su calle o porque gane el bridge, sino porque Dios le creó a su propia imagen y semejanza
La mayoría de nosotros somos mejores, más sabios, fuertes y competentes ahora de lo que creemos. La creación de una autoimagen mejor no tiene que ver nada con que nos creemos nuevas capacidades, talentos o fuerzas, sino en desempeñar y en emplear adecuadamente las que poseemos
Podemos transformar la personalidad, pero no el ser básico. La personalidad es como una herramienta, un utensilio, un punto focal del ser que empleamos en nuestros tratos con el mundo; constituye la suma total de nuestros hábitos y actitudes y las habilidades aprendidas que empleamos como método de expresión de nosotros mismos
Uno mismo no es su error ni su equivocación La auto aceptación significa que tenemos que ponernos de acuerdo ahora con nosotros mismos y aceptarnos como somos con todas nuestras faltas, debilidades, defectos y errores, y también con nuestras disponibilidades y fuerzas. La auto aceptación es más fácil de adquirir, sin embargo, si confiamos en que todos esos rasgos negativos de “nos pertenece a nosotros” no son nuestros. Muchas personas rehúyen la saludable auto aceptación al insistir en identificarse a sí mismas con sus errores. Se puede haber cometido un error, pero ello no significa que uno sea el error mismo. Puede ser que un individuo determinado no se pueda expresar con propiedad y a su entera satisfacción, más ello no tiene que implicarse con el concepto de que uno “no es bueno”
Debemos ser capaces de reconocer nuestros errores y defectos antes que intentemos corregírnoslos
El primer paso que ha de llevarnos al logro del autoconocimiento consiste en reconocer las áreas del mismo que ignoramos. El primer paso que nos conduce a la fuerza consiste en el reconocimiento de que somos débiles. Por otra parte, todas las religiones manifiestan que el primer paso hacia la salvación reside en que reconozcamos que somos pecadores. En el viaje que nos ha de conducir a la meta de la autoexpresión ideal, debemos emplear los datos negativos almacenados en el feed-back con el objeto de corregir el camino que seguimos como en cualquier otra situación en que nos hallamos persiguiendo un fin determinado
Ello requiere que admitamos y aceptemos el hecho de que nuestra personalidad, autoexpresión, o lo que algunos psicólogos llaman el “se real” es siempre imperfecto y no abraza a todo el ser interno
No existe nadie en el mundo que en el transcurso de la vida alcance a expresar completamente las potencialidades del ser real. Nuestro ser real y nuestra autoexpresión nunca llegan a agotar las diversas posibilidades y fuerzas de que están dotados: sólo pueden aprender más, a actuar y a conducirse mejor. El ser real es necesariamente imperfecto. A través de la vida, se mueve constantemente en la dirección que le lleva hacia un objetivo ideal, mas nunca habrá de poder alcanzarlo. El ser real no es sujeto estático, sino dinámico. Jamás logra formarse por completo, sino que siempre se halla en estado de desarrollo
Es importante, entonces, que aprendamos a aceptar al ser real con todas sus imperfecciones, ya que es el único vehículo de que disponemos “para viajar por la vida”. Los neuróticos rechazan el ser real y lo odian por todas sus imperfecciones. En su lugar procuran crearse uno, auto ideal y ficticio, que es casi perfecto y “casi ha alcanzado la meta”. Tratar de mantener el engaño y la ficción no constituye sólo una terrible tendencia mental, sino que también ello invita al individuo a la frustración y a la desilusión, sobre todo, cuando éste trata de operar en un mundo real con un “Yo” totalmente ficticio. Puede ser que una diligencia no constituya el medio más favorable de transporte, mas una diligencia real podrá conducirnos de costa a costa mucho mejor y más satisfactoriamente que un “Jet” ficticio
Receta: Procure aceptarse tal como es y comience con ello el tratamiento
Aprenda a aceptarse emocionalmente las imperfecciones que posea. Es necesario que reconozcamos intelectualmente nuestros propios defectos, pero también debemos evitar el desastre de odiarnos a causa de los mismos. Establezca la diferencia que exista entre el ser y la conducta. “Usted” no es una ruina ni un sujeto sin valor porque haya cometido alguna que otra falta o se haya desviado de su camino, exactamente igual que tampoco queda sin valor una máquina de escribir “porque haya cometido un error ortográfico” o un violín “que haya falseado una nota”. No se odie por no ser perfecto
Usted posee muchas disposiciones. Nadie es perfecto y quien pretende que lo es engaña ingenuamente a sí mismo
Usted es alguien ahora mismo Mucha gente se odia y muestra repugnancia hacia su persona debido a que siente y experimenta deseos biológicos perfectamente naturales. Otros sujetos se repugnan porque, debido a sus proporciones físicas, no se creen iguales a los patrones corrientes de la moda. Recuerdo la década del año 1920 en adelante, cuando muchas mujeres se sentían avergonzadas de poseer pechos grandes. Estaba en boga entre las muchachas la figura del mancebo y los pechos constituían tabú. Hoy muchas mujeres se llenan de ansiedad por no poseer un busto de cuarenta pulgadas. Durante los años veinte muchas mujeres solían acudir a mi consultorio y decirme así: “Hágame algo que reduzca el volumen de mis pechos”. Hoy la petición es esta: “Haga lo que sea para aumentar el tamaño de mi busto”. Esta rebusca de la identidad, este deseo de parecerse a todo el mundo, esta urgente necesidad de ser alguien es universal, pero estamos equivocados cuando la buscamos de conformidad y con la aprobación de las otras gentes, y, además, casi siempre en los aspectos materiales. Nuestro cuerpo es un don de Dios. El individuo sólo es un punto entre otros puntos. Mucha gente se dice a sí misma: “A causa de que soy flaco, gordo, bajo, demasiado alto, etc., no soy nada en realidad”. Procure decirse lo siguiente, en vez de lo anterior: “Puede que no sea perfecto, quizá tenga defectos y debilidades, puede ser que salga del tipo común, quizá tenga que emprender un camino muy largo, pero soy algo y alguien, y voy a hacer todo lo que me sea posible de ese alguien y de ese algo”
Es precisamente, el joven de poca fe quien suele manifestar: “No soy nadie ni nada”. Comentaba Edward W. Bok.: “Es el joven que posee una verdadera concepción de la vida quien afirma: “Soy todo y voy a demostrarlo”. Ello no se refiere al egoísmo, y si hay gente que piensa así debemos dejarla pensar de esa manera. Nos basta con saber que ello significa fe en sí mismo, verdad y confianza, la expresión humana que tenemos de Dios dentro de nosotros. Dice: ‘Hago mi trabajo’. Ve y hazlo. No importa como sea: hazlo, pero ejecútalo con celo, con gusto suficiente para superar los obstáculos y alejar de ti la falta de valor y la carencia de entusiasmo”
Acéptese. Sea usted mismo. Nunca podrá percibir las potencialidades y posibilidades inherentes en ese algo especial y único que es USTED si se da la espalda a sí mismo, se siente avergonzado o, al odiarse, rehúsa reconocerse.
Capítulo Noveno
El mecanismo del fracaso: Cómo hacer que opere en su favor en vez de que funcione en su contra
Las calderas de vapor tienen medidores de presión que muestran cuando ésta alcanza un punto peligroso. Cuando reconocemos el peligro en potencia, debemos emprender la acción correctiva, salvando así nuestra seguridad. Las calles sin salida o los callejones ciegos y los caminos en que se cierra el paso pueden producirle varios inconvenientes y retrasarle la llegada a su destino en el caso que no tengan marcada una señal fácil de reconocer que indiquen lo que son. No obstante, si logra leer las señales y emprende la acción correctiva apropiada la enfrentarse con callejones sin salida, ello le puede ayudar a alcanzar su destino con mayor facilidad y eficiencia
El cuerpo humano posee su propia luz roja y sus “señales de peligro” a las cuales llaman los médicos “síntomas” o “síndromes”. Los pacientes tienden a mirar los síntomas con cierta malevolencia: una calentura, un dolor, etc., es siempre algo “malo”
En efecto, estas señales negativas funcionan en propio beneficio del paciente si éste las interpreta por lo que realmente son y emprende la acción correctiva necesaria. Son, en verdad, los medidores de presión y las luces rojas que nos ayudan a que mantengamos la salud del cuerpo. El dolor de la apendicitis puede parecer “malo” al paciente, pero en realidad opera a favor de su sobrevivencia pues si éste no sintiera dolor no se dispondría a que le extirpasen el apéndice
El tipo de personalidad de fracaso también tiene sus síntomas. Necesitamos ser capaces de reconocer en nosotros mismos estos síntomas de fracaso de tal modo que podamos hacer algo acerca de ellos. Cuando aprendemos a reconocer ciertas tendencias personales como típicas señales del fracaso, estos síntomas actúan automáticamente como datos negativos de la retroacción y, entonces, la guía auxiliar nos desvía del camino que conduce a las realizaciones creadoras. Sin embargo, no necesitamos solamente hacernos conscientes de ellas. Todo el mundo las siente. Necesitamos, pues, reconocerlos como “indeseables”, como cosas que no queremos y lo más importante de todo consiste en que nos convenzamos profunda y sinceramente de que estas cosas no conducen a la felicidad
Nadie se halla inmune ante estos sentimientos y actitudes negativos. Incluso las personas de mayor éxito suelen experimentarlos de vez en cuando. Lo más importante consiste en reconocerlos por lo que son en sí mismos y en que emprendamos la debida acción positiva para corregir el curso de los mismos
La imagen del fracaso También hallado que los pacientes pueden recordar estas señales negativas de la retroacción, o sea lo que denomino “el mecanismo del fracaso”, cuando se les asocian a las letras que forman la palabra Failure = fracaso-disparate-desliz o defecto. Estas letras son las siguientes: Frustration, hopelessness, futility = Frustración, desesperanza, futilidad
A-ggressiveness (misdirected) = Agresividad (mal dirigida)
I-nsecurity = Inseguridad
L-onelines (lack of “oneness”) = Soledad (carencia de unidad con la gente).U-ncertainty = Incertidumbre
R-esentment = Resentimiento
E-mptiness = Vaciedad, o, en este caso, sensación de vaciedad
La comprensión conduce a la cura A nadie le gusta permanecer quieto, con deliberad premeditación, cultivando estos defectos y decidiendo desarrollar estas tendencias negativas por el solo gusto de sentirse perverso. Eso no acontece. Tampoco estas tendencias indican la imperfección de la naturaleza humana. Cada una de estas tendencias negativas fue adoptada originalmente por el individuo como “medio” de resolver alguna dificultad o problema
Las adoptamos a causa de que las vemos equivocadamente como un “medio” que nos ayuda a salir de alguna dificultad. Poseen, pues, sentido y propósito, aunque éstos se basan en la premisa errónea. Constituyen un “modo” o “medio de vida” para nosotros
Recuerde que una de las más fuertes necesidades de la naturaleza humana consiste en reaccionar adecuadamente al medio en que vivimos y a los problemas que se nos presentan. Podemos curar estos síntomas del fracaso, no por la fuerza de la voluntad, sino por la comprensión, por la capacidad que tengamos de “ver” que no operan positivamente y que son inapropiadas para un buen desarrollo de la personalidad. La verdad puede liberarnos de las mismas. Así, pues, cuando podamos ver la verdad, entonces las mismas fuerzas instintivas que nos hicieron adoptarlas en primer lugar, habrán de operar sobre nuestra conducta ayudándonos a erradicarlas
1. LA FRUSTRACIÓN La frustración es un sentimiento emotivo que desarrollamos cuando no hemos logrado alcanzar algún objetivo importante que nos habíamos propuesto, o cuando se nos suscitan obstáculos a la realización de algún deseo vehemente. Todos tenemos necesariamente que sufrir algunas frustraciones por el mismo hecho de ser seres humanos y, por lo tanto, criaturas imperfectas, incompletas y no formadas totalmente
Conforme alcanzamos la madurez, vamos aprendiendo poco a poco que no podemos satisfacer de inmediato todos nuestros deseos. También aprendemos que nuestros hechos nunca pueden ser tan buenos como las intenciones que nos impulsan a ejecutarlos. Asimismo, percibimos a aceptar el hecho de que para ejecutar bien las cosas no se requiere ni se necesita de la perfección absoluta y que las aproximaciones relativas son suficientes para la consecución de nuestros propósitos prácticos. Aprendemos, pues, a tolerar cierta suma de frustración sin llegarnos a sentir molestos debido a ello
Sólo cuando una experiencia de frustración nos produce un exceso emocional de sentimientos de profunda insatisfacción y futilidad, llega a transformarse la experiencia mencionada en un síntoma de fracaso
La frustración crónica suele indicar que los fines que nos hemos propuesto seguir son irreales o bien que la imagen que poseemos de nosotros mismos es inadecuada o quizá ambas cosas a la vez. Objetos prácticos contra metas perfeccionistas Para su amigo, Jim S. Era un hombre de éxito. Habíase ido elevando desde conserje del despacho hasta vicepresidente de la compañía en que trabajaba. Su promedio de golf no llegaba a los ochos. Tenía una bella esposa y dos hijos que le querían mucho. Sin embargo, se sentía frustrado crónicamente por lo excesivo de los fines irrealistas que perseguía. No era, naturalmente, perfecto en nada, pero debería serlo. Ya debería ser el jefe del consejo. Debería tirar más debajo de los setenta. Debería ser un marido y padre tan perfecto que su esposa no pudiera nunca hallar una causa de desacuerdo con él ni sus hijos excusa alguna para comportarse mal. Atinar al ojo de buey no era lo suficiente para él: tenía que atinar al mismísimo centro infinitesimal del ojo de buey. “Debería emplear en todos sus asuntos la misma técnica que Jackie Burke recomienda al empujar –le dije. Esta no consiste en sentir que tiene que lanzar la bola derecha al mismo hoyo a través de un largo camino, sino apuntar a un área que tenga el tamaño de un lavabo. Eso le ayudará a relajar la tensión y le capacitará para que tenga mejor actuación. Si ello es bueno con respecto a los profesionales también lo debe ser para usted”
La profecía de lo que ha de acontecerle le conducirá a un fracaso cierto Harry N. era un tanto distinto. No había conseguido poseer ninguno de los signos externos de éxito. Sin embargo, había tenido muchas oportunidades, todas las cuales había desperdiciado. Tres veces llegó a casi conseguir el empleo que quería y otras tantas “le había acontecido algo”, algo le había hecho fracasar siempre, precisamente, cuando parecía que ya el éxito lo tenía entre las manos. Dos veces también había sufrido serios reveses en asuntos amorosos. Su autoimagen era la de una persona indigna, incompetente e inferior, que no tenía derecho al éxito o a hallar satisfacción en las mejores cosas de la vida, e involuntariamente trató de serle fiel a ese papel. Sentía que no era de esa clase de personas que merecían suerte y siempre se las arreglaba para hacer algo con lo que la profecía se convirtiera en certidumbre
La frustración empleada como medio para solucionar los problemas no conduce a metas satisfactorias Los sentimientos de frustración, el descontentamiento y la insatisfacción son los medios de solucionar los problemas que “aprendimos” cuando éramos niños. Si un niño tiene hambre expresa su descontento mediante gritos y llantos. Una mano cálida y tierna aparece entonces mágicamente para darle leche. Al sentirse incómodo, de nuevo expresa su descontento mediante el llanto y torna a aparecer otra mano cálida y tierna que le proporciona comodidad. Por último, no son pocos los niños que continúan comportándose de esta manera, y así logran que les solucionen todos sus problemas padres super indulgentes. Todo lo que tienen que hacer es sentirse frustrados e insatisfechos y así tener solucionado el problema instantáneamente. Este modo de vida “opera” de manera satisfactoria con respecto a los nenes de pecho y los niños pequeños
Pero no opera, en absoluto, cuando se trata de la vida de los adultos. No obstante, muchos de nosotros continuamos practicándolo al sentirnos descontentos y al expresar nuestras quejas contra la vida, aparentemente con la esperanza de que la misma vida tenga piedad de nuestros males y corra a nuestro socorro para solucionarnos los problemas en el caso de que nos sintamos lo suficientemente mal. Así, pues, Jim S
Empleaba inconscientemente esta técnica infantil con la esperanza de que alguna magia le pudiese proporcionar la perfección que anhelaba. Harry N., por otra parte, había practicado los sentimientos de frustración y de derrota de tan alto grado que éstos llegaron a hacérsele habituales. Los proyectaba, pues, hacia el futuro, a la espera del fracaso en el porvenir. Sus sentimientos habituales de derrota le impulsaron a crearse una autoimagen de persona vencida. Las ideas y las sensaciones caminan siempre unidas. Los sentimientos forman la tierra en que brotan los pensamientos y las ideas
Esta es la razón por la que se le ha aconsejado a través de todo este libro que debe imaginarse como persona que ha conseguido alcanzar el éxito, y, entonces, sentirse así desde ahora mismo
2. LA AGRESIVIDAD La agresividad excesiva y mal dirigida sigue a la frustración como la noche sigue al día. Esto fue comprobado, de manera definitiva, hace algunos años por un grupo de científicos de la Universidad de Yale que publicaron un libro titulado “La frustración y la agresividad” (Frustration and Aggressiveness, John Dollard, et al., Yale University Press, New Haven)
La agresividad misma no constituye una forma anormal de la conducta como alguna vez creyeran ciertos psiquiatras. La agresividad y la presión emotivas son condiciones necesarias para alcanzar una meta. Es mejor que empleemos, en la persecución de lo que queremos, una actitud agresiva que no una defensiva o meramente de intento. Debemos enfrentarnos agresivamente con todos los problemas
El hecho mismo de tener un importante fin que perseguir es suficientemente para crear una presión emocional en nuestra caldera que nos permita desempeñar las tendencias agresivas enfocadas a la consecución de la meta que nos proponemos alcanzar. No obstante, surgen siempre las dificultades cuando nos sentimos cercados o frustrados en el camino que habría de conducirnos a la meta deseada. La presión emocional es, entonces, contenida, y busca, inmediatamente, un orificio de salida. La agresividad mal dirigirá o empleada puede convertirse en una fuerza destructora. El trabajador que quiere darle a su jefe un puñetazo en la nariz, pero no se atreve a ello, llega a casa y les pega a su mujer y a sus hijos o simplemente le da de patadas al gato. O puede tornar la agresividad contra sí mismo, de manera sumamente parecida a la de cierto escorpión de la América de Sur, que se pica a sí cuando se halla irritado y muere a causa de su propio veneno
Procure no desenfrenarse y perder el dominio de sí. Concentre su fuego El tipo de la personalidad de fracaso no dirige su agresividad a la consecución de un fin que valga la pena. En vez de ello la suele emplear en canales que resulta tan autodestructivos como las úlceras, la alta presión arterial, las preocupaciones, el fumar con exceso, la sobrecarga nerviosa de trabajo, etc., o puede desarrollarla contra otras personas en las formas de irritabilidad, rudeza, murmuración, hallazgo de defectos, etc
También puede ser que si las metas que el sujeto se ha impuesto son de carácter irrealista o imposibles de alcanzar, la solución del tipo de la personalidad de fracaso, cuando se encuentra con la derrota, consista en “tratar de volver a probar con más tozudez que siempre”. Ahora bien, cuando observa que sólo da cabezazos contra la pared de piedra, entonces se imagina inconscientemente que toda la solución del problema reside en golpear el muro con más y más fuerza
La respuesta a la agresividad consiste en no erradicarla, sino en comprenderla y en procurar hallar los canales verdaderos y apropiados para su expresión auténtica. Hace poco tiempo, el Dr. Konrad Lorentz, famoso médico vienés y no menos célebre especialista de sociología animal, dijo a los psiquiatras en el Centro de Postgraduados de Psicoterapia, de la ciudad de Nueva York, que el estudio de la conducta de los animales ha demostrado durante muchos años que la conducta agresiva es de naturaleza básica y fundamental, y que un animal no podrá sentir ni expresar afecto hasta que sus capacidades no hayan sido provistas de las debidas expresiones de agresión. El Dr Emanual K. Schwartz, ayudante del decano del mencionado centro dijo que los descubrimientos del Dr. Lorentz han producido conclusiones a tremenda influencia para el hombre e incluso pueden llegar a requerir una revaluación total de las diversas opiniones que existen respecto a las relaciones humanas. Indican, dijo, que la provisión de una salida apropiada para la agresión es tan importante, si no más, que el proveernos de una salida para el amor y la ternura
El saber da fuerza Sólo mediante la comprensión de lo que es inherente al mecanismo psíquico se puede ayudar a la persona a manejar el ciclo de la frustración agresiva. La agresión mal dirigida consiste en la tentativa de dar en un blanco (la causa original) sin apuntar a ningún blanco. Esto, desde luego, no produce fruto alguno. No se puede solucionar un problema creando otro que tenga como causa el problema original. Si siente como si el problema que persigue solucionar se le divide o “escapa de las manos”, deténgase un momento y pregúntese: “¿Es que se halla operando mi mecanismo de la frustración?” “¿Qué es lo habrá frustrado mis planes?” Cuando observe que su respuesta es inadecuada, habrá andado un largo trecho del camino que conduce al dominio del problema. También esta observación con respecto a lo inapropiado de la respuesta le aliviará de remordimientos y preocupaciones cuando alguien se muestre rudo hacia usted, si cree en ello es debido, probablemente, no a un acto voluntarioso, sino a la influencia del mecanismo automático en el proceso de su funcionamiento. La presión del otro individuo ha descendido en alto grado y ya no puede usarla como fuerza impulsora destinada a alcanzar algún fin. El mecanismo de la frustración agresiva produce numerosos accidentes automovilísticos. La próxima vez que alguien se la muestre tosco entre el fárrago del tráfico, procure observar la siguiente conducta: en vez de ponerse agresivo, de tal modo que constituya una amenaza hacia sí mismo, dígase: “El pobre hombre no tiene nada contra mí personalmente. Quizá su esposa haya quemado las tostadas esta mañana, quizá no haya podido pagar la renta, o puede ser que le haya regañado su jefe”
Adquisición de valores de seguridad mediante la presión emotiva Cuando ve bloqueado el camino que le habría de llevar a la consecución de alguna meta importante, se siente en estado parecido al que una locomotora llena de vapor que no tiene a dónde dirigirse. Cuando se halle en ese caso, necesitará una válvula de seguridad que dé escape al exceso de vapor emocional que guarda en sus “calderas”
Las diversas clases de gimnasia y de ejercicios físicos conviértense, entonces, en excelentes medios para sacudirse los impulsos agresivos. Resultan especialmente buenos los deportes que usted haya cultivado y domine con algún éxito: el golf, el tenis, etc. Muchas mujeres que se sienten frustradas reconocen intuitivamente el valor de los ejercicios musculares pesados en cuanto respecta al rechazamiento de la agresividad y sienten impulsos de destrozar todos los muebles de la casa luego de haberse puesto furiosas. Otro remedio excelente consiste en sacudirse la ira escribiendo lo que se le antoje. Por ejemplo, escriba una carta al individuo que haya sido la causa de su frustración o de su ira. Redacte los asuntos que le hayan herido. No abandone nada a la imaginación. Luego, queme la carta
Lo mejor de todo consiste en canalizar la agresividad apuntándola al fin que se haya propuesto conseguir. El trabajo constituye siempre una de las mejores terapias y de los tranquilizadores más efectivos para serenar a un espíritu conturbado
3. LA INSEGURIDAD El sentimiento de la inseguridad se basa en el concepto o creencia de la insuficiencia e imperfección internas. Si nota que no “dispone de las fuerzas suficientes” para lo que se requiere de usted, es indudable que habrá de sentirse inseguro. Gran parte de nuestras sensaciones de inseguridad no se deben al hecho de que nuestros recursos interiores sean efectivamente inadecuados, sino que son debidas al hecho de que empleamos, para medirlos, inadecuados instrumentos de medición
Comparamos nuestras capacidades efectivas a las de un ser “ideal” absolutamente perfecto. El conceptuarse a sí mismo en términos absolutos conduce a la inseguridad
La persona insegura siente que “debiera” ser buena, y punto. Que “debiera” ser feliz, y también punto. Que “debiera” obtener éxito, ser competente, etc., todo ello de manera redondeada y definitiva. Todos estos son objetivos dignos y de gran valor, más no se deben pensar en ellos, al menos en su sentido absoluto, como fines que conquistar, sino como en algo que hay que alcanzar más que como en algo que “se debiera” ser
Ya que el hombre es un mecanismo que lucha por la consecución de sus fines, el “ser” cumple solamente sus funciones cuando está moviéndose hacia delante “en busca de algo”. ¿Recuerda la comparación de la bicicleta de que hablamos en el capítulo anterior? El hombre sólo mantiene su balanceo, equilibrio y sentido de seguridad cuando camina en persecución de algo, cuando busca algo. Cuando se halla pensando en sí mismo como en un sujeto que había tenido una meta hacia que orientarse, el hombre se convierte en un ser estático y pierde, entonces, la seguridad y el equilibrio en que se hallaba cuando se dedicó a moverse hacia delante “en busca de algo”. El hombre que se halla convencido de su “bondad” en un sentido absoluto no sólo carece del incentivo de hacerse mejor, sino que también se siente inseguro a causa de que tiene que defender su ilusión y pretensiones acerca de su supuesta bondad. “El hombre que cree haber llegado a su fin, ya ha agotado su utilidad para nosotros”, me dijo, recientemente, el presidente de una gran firma comercial. Cuando alguien llamaba “bueno” a Jesús, Él le reprendía: “¿Por qué me llamas bueno? Sólo hay uno bueno, y Ése es el Padre.” A San Pablo se le consideraba generalmente como a un hombre bueno, más su actitud era la siguiente: “Yo mismo considero que no he llegado a la perfección … pero trato de ir hacia el fin”
Asiente los pies en la tierra firme. Es inseguro el tratar de permanecer en la punta de un pináculo. Trate mentalmente de descender de su caballo y sentirá mayor seguridad
Ello tiene aplicaciones sumamente prácticas. Cuando un equipo que participa en un campeonato comienza a considerarse “campeón”, ya no tiene en el futuro conquista por la que luchar, mas se ve obligado a defender su campeonato. Los campeones, pues, defienden algo, y, al mismo tiempo, tratan de demostrar “algo”. Las personas que se sienten oprimidas luchan por hacer algo, y, con frecuencia, sólo logran sacar algún trastorno de todo ello
En otros tiempos conocí a un boxeador que luchó muy bien hasta que conquistó el campeonato. Fue vencido en la siguiente lucha y perdió lo que tan bien había conseguido. Ello le produjo una gran desilusión. Más, poco tiempo después de haber perdido el título, volvió a luchar bien y reconquistó el campeonato. Un manager, que conocía a la perfección el oficio a que se dedicaba, le aconsejó sabiamente: “Usted podrá luchar tan bien como un campeón en el momento en que se dé cuenta de una sola cosa: cuando suba al ring, piense en que no está defendiendo el título, sino en que va a tratar de conquistarlo. Ya no lo posee; lo dejó en la lona en el instante en que comenzó a resbalar por las cuerdas”
La actitud mental que engendra la inseguridad consiste sólo en “el modo” con que se enfrenta uno a las cosas y los acontecimientos. Hay un modo de substituir el fingimiento y la pretensión por la “verdadera” realidad. Consiste en la manera de demostrarse a sí mismo y a los demás individuos la superioridad propia. Más ello conduce a la auto derrota. Si usted es perfecto y superior ahora, entonces no tiene necesidad de luchar, de aferrarse a algo ni tampoco de intentar nada que le conduzca a un perfeccionamiento. En efecto, si usted posee esta idea de sí mismo ello puede ser considerado como la mayor evidencia de que en realidad no es un sujeto superior, ya que no intenta hacer nada para “probarlo”. Así, sólo pierde la lucha y la voluntad de ganar
4. LA SOLEDAD Todos nosotros solemos hallarnos solos a veces. Ello constituye el tributo natural que pagamos por ser humanos y sujetos individuales. Mas en el sentimiento extremo y crónico de la soledad –de haber sido separados de las gentes- el que forma uno de los síntomas más notables del mecanismo del fracaso
Este tipo de soledad se produce por un enajenamiento de la vida. Es pues, la soledad de su “Yo” real. La persona que se siente enajenada de su ser real se ha cortado a sí misma el contacto básico y fundamental con la vida. La persona solitaria se crea con frecuencia un círculo vicioso. A causa del sentimiento de enajenación de sí mismo, los contactos humanos del individuo no son muy satisfactorios y poco a poco va convirtiéndose en un recluso social. Al hacer esto se auto prohíbe el paso por las sendas que le conducían a hallarse a sí mismo, lo que, al mismo tiempo, le obliga a perder las actividades sociales en que debería participar con las personas ajenas. Hacer algo en colaboración con el prójimo y hallar satisfacción en hacerlo nos ayuda a olvidarnos de nosotros mismos. Al participar en una conversación estimulante, al danzar o jugar juntos, o, por otra parte, al colaborar con la gente en la persecución de una meta común, nos interesamos en algo más que de nuestros propios espejismos y pretensiones
Conforme vamos conociendo más al prójimo, sentimos menor necesidad de mostrarnos pretenciosos. Nos “deshelamos” y nos convertimos en sujetos más naturales. Cuanto más nos dediquemos a ello, sentiremos mejor que debemos alejarnos de nuestros “castillos de arena” y pretensiones para sentirnos más cómodos con el hecho “de ser nosotros mismos”
La soledad constituye un “modo de conducta humana” que no labora en el desarrollo de la personalidad La soledad es sólo un medio de autoprotección. Las líneas de comunicación con el prójimo –especialmente, cualquiera de los lazos emocionales con el mismo-, quedan cortadas. Representan el modo de proteger a nuestro ser “idealizado” contra los riesgos de diversa índole, el dolor y la humillación. La personalidad solitaria teme a la gente. La persona solitaria se queja con frecuencia de que no tiene amigos y que no hay gente con la que ella pueda mezclarse. En la mayoría de los casos arregla los cosas involuntariamente, de tal manera que pueda justificar su actitud pasiva, esto es, tratar de que los otros vengan hacia ella, que el individuo ajeno dé el primer paso. Jamás se le ocurre que ella debe también contribuir con algo a las diversas situaciones sociales
Sean cuales fueren sus sentimientos, fuércese a mezclarse con otras personas
Luego del primer intento, se hallará en una atmósfera más cordial sintiéndose cada vez más a gusto si persiste en ello. Procure cultivar algún arte o gracia de carácter social con que contribuya a la felicidad del prójimo: la danza, el bridge, tocar el piano, el tenis, la conversación, etc. Es un antiguo axioma psicológico el que nos habla de que la constante exposición al objeto de nuestros temores nos inmuniza el miedo. Conforme la persona solitaria prosiga forzando las relaciones sociales –no de forma pasiva, sino activamente- hallará, poco a poco, que la mayoría de la gente es de naturaleza amistosa y que es aceptada por ésta. La vergüenza y la timidez comenzará a desaparecer, y, entonces, el individuo se hallará más cómodo en la presencia de otras personas que consigo mismo. La experiencia de que es aceptado por la sociedad le capacitará también a auto aceptarse
5. LA INCERTIDUMBRE Elbert Hubbard dijo: “El mayor error que puede cometer el hombre consiste en el temor de cometerlo”
La “incertidumbre” es una “manera” de evitar los errores y la irresponsabilidad
Esta actitud se basa en la falaz premisa de que si no se adopta una decisión, nada se podrá hacer bien. El “estar equivocado” sujeta a horrores indescriptibles a la persona que tiende a concebirse como perfecta. Nunca se equivoca y hace perfectamente todas las cosas. Si fuera a equivocarse alguna vez, su imagen de la perfección y su “Yo” todopoderoso derrumbaríase al instante. Por lo tanto, la decisión de hacer se convierte, para el individuo en este carácter, en un asunto de vida o muerte
Una de las maneras de la incertidumbre consiste en evitar tantas decisiones como sean posibles. Otro modo estriba en disponer de un chivo expiatorio al que culpar del error propio. El tipo de personalidad perfecta suele adoptar decisiones temerarias, prematuras y atrabiliarias. El atreverse a adoptarlas no le ofrece ningún problema: es un individuo perfecto. En cualquier caso, carecer de razón es imposible para él. Entonces, ¿por qué habría de considerar los hechos y sus consecuencias? Es capaz de continuar manteniendo esta ficción, incluso cuando las cosas le han salido al revés de lo que pensaba, simplemente convenciéndose que ello consistió en el error de alguna otra persona. Es fácil, entonces, observar por qué yerran los dos tipos que acabamos de describir. Uno se halla sumergido constantemente “en agua hirviendo”, debido a sus impulsivas y mal consideradas acciones, mientras que el otro se halla intimidado a causa de su absoluta falta de acción. Para decirlo con otras palabras, el modo de ser que para tener razón se halla basado en la “incertidumbre” tampoco labora en beneficio del individuo de este tipo
Nadie está en lo cierto durante todo el tiempo Crea que no se requiere que un hombre esté en lo cierto el ciento por ciento de todo el tiempo. Ningún bateador del béisbol tiene un 1,000 de promedio. Si acierta tres de cada diez tantos solemos considerarlo bueno. El gran Babe Ruth, que mantuvo el record del mayor número de home runs, también tenía el record de la mayor cantidad de strike-outs. Reside en la propia naturaleza de las cosas el que progresemos mediante los hechos, cometiendo errores y corrigiéndolos mientras los estamos haciendo. Un torpedo guiado llega al blanco luego de haber cometido una serie de errores y de haberlos ido corrigiendo en el curso de su carrera. Desde luego, usted no podrá corregir el curso de su propio camino si todavía no ha emprendido la marcha. Así, pues, en ese estado, no podrá transformar no corregir nada. Debe considerar los hechos conocidos de una situación determinada, imaginar las diversas consecuencias de los distintos cursos que emprenda al actuar, escoger uno de los que le parezca ofrecerle la mejor solución y arriesgarse en él. Podrá, entonces, corregir su camino en la propia marcha
Sólo “las gentes pequeñas” nunca se equivocan Otro medio auxiliar para superar la incertidumbre consiste en confiar en el papel que desempeña la auto estimación en cuanto se refiere a emprender una decisión. Mucha gente no se decide a hacer algo a causa de que teme perder la auto estimación en el caso de llevar la decisión a la práctica y que ésta resulte equivocada. Procure emplear el auto aprecio en su propio beneficio en vez de usarlo contra sí mismo, y trate, al mismo tiempo, de convencerse de esta verdad: los grandes hombres y las grandes personalidades cometen errores y siempre los reconocen; es sólo la persona insignificante la que teme admitir que se ha equivocado
“Ningún hombre llega a hacerse grande o bueno si no ha cometido grandes y numerosas equivocaciones”, decía Gladstone. “He aprendido más de mis errores que de mis éxitos”, dijo Sir Humphry Dhabi. “Aprendemos mucho mejor a ser prudentes y sabios a causa de nuestros errores que de nuestros éxitos; descubrimos, con frecuencia, lo que debemos hacer al averiguar lo que no debimos realizar, y, probablemente, en hombre que nunca cometió un error, tampoco logrará descubrir nada”. –Samuel Smiles
“Mr. Edison trabajaba incesantemente sobre un problema empleando el método de la eliminación; si alguien le llegaba a preguntar si no le producían desaliento los intentos desafortunados, él le replicaba: ‘No, no me desanimo, porque cada intento fracasado lo descarto de mi investigación y ello representa otro paso hacia delante’. –Mrs. Tomas A
Edison
6. EL RESENTIMIENTO Cuando el tipo de personalidad de fracaso trata de hallar un chivo expiatorio o excusa para justificar su error, culpa frecuentemente a la sociedad, al “sistema”, a la vida o a las diversas “vaciedades” que suele hallar en todo. Se llena de resentimiento al observar el éxito y la felicidad de los otros, ya que ello le demuestra que la vida le ha proporcionado “a él” pocas oportunidades y le ha tratado rigurosamente. El resentimiento constituye un intento de hacernos pasar nuestros propios fracasos explicándonoslos en términos de los malos tratos y de las injusticias que nos ha hecho experimentar la vida. Mas la tratar de remediar la derrota, el resentimiento constituye un medio de curación que es peor que la misma enfermedad. Es un veneno mortal para el espíritu, hace imposible la felicidad y contribuye al gasto de tremendas energías que pudieran ser aplicadas a satisfacer un fin deseado. La persona que se siente constantemente agraviada y “carga una viga” sobre el hombro, no se nos manifiesta, desde luego, como el mejor compañero o colaborador posibles. Cuando sus colaboradores no le tratan cordialmente o el jefe le señala algunas deficiencias en su trabajo, entonces toma ello como razones adicionales con que ha de alimentar un resentimiento aún mayor
El resentimiento es sólo un “medio” que conduce al fracaso El resentimiento es también un modo de hacer que nos sintamos importantes
Mucha gente logra una satisfacción perversa al sentirse agraviada. La víctima de la injusticia o el individuo que ha sido maltratado, manifiéstanse superiores, moralmente, al individuo que le ocasionó la injusticia o le produjo el mal
El resentimiento constituye también un “modo” o un intento de borrar o erradicar un agravio imaginado o una injusticia que ya aconteció. La persona resentida trata de demostrar su caso, por así decirlo, ante el jurado de la vida. Si puede mostrarse lo suficientemente resentida, y, por lo tanto, comprobar la injusticia, algún proceso mágico llegará a recompensarla “por no ser así” el acontecimiento o la circunstancia que le hubo causado el resentimiento. En este sentido, el resentimiento aparece como una resistencia mental a la no aceptación de lo que ya hubo ocurrido. La palabra, por sí misma, procede de dos vocablos latinos: re, que significa “repetición”, y sentire, que denota “sentir. El resentimiento se basa en la “recreación” emotiva o en la vuelta a la lucha contra un suceso que ya aconteció. En tal caso, el resentido nunca podrá obtener la victoria, ya que trata de luchar contra lo imposible: cambiar el pasado
El resentimiento produce una autoimagen inferior El resentimiento, incluso cuando se basa en injusticias y agravios reales, no constituye el modo de vencer. Rápidamente se convierte en hábito emotivo. Si uno se acostumbra a sentirse víctima de la injusticia, pronto comienza a imaginarse a sí mismo en el desempeño del papel de persona victimada. El individuo lleva constantemente consigo un sentimiento interior que le obliga a buscar una excusa con que justificarse
Entonces le es fácil observar la “evidencia” de la injusticia o suponerse que ha sido agraviado, inclusive mediante la más inocente de las advertencias que le hayan sido hechas en cualquier circunstancia
El resentimiento habitual conduce, invariablemente, a la auto piedad, que es el peor de los hábitos emocionales que uno puede cultivar. Cuando el individuo llega a asimilar firmemente estos hábitos, no se siente “bien” ni “natural” en el momento en que se halla privado de ellos. Entonces, comienza a analizar en busca de injusticias cuanto le acontece. Alguien ha dicho que esa clase de gente sólo se siente bien cuando se halla en un estado de miseria moral o de desgracia absoluta
Los hábitos emocionales del resentimiento y de la auto conmiseración van unidos a una autoimagen inferior e inefectiva: El individuo comienza a imaginarse a sí mismo como persona digna de piedad y como víctima destinada a la desgracia
La causa real del resentimiento Recuerde que el resentimiento no se produce por la acción injusta de las personas, los acontecimientos o las circunstancias. Se produce por las propias respuestas y reacciones emocionales del individuo. Solamente la misma persona tiene poder sobre el resentimiento y sólo ella podrá dominárselo firmemente, convenciéndose a sí misma de que éste y la conmiseración no constituyen, de ninguna forma, los medios que han de llevarla al éxito y a la felicidad, sino al contrario, que son los caminos que habrán de conducirla a la derrota y a la desgracia
En tanto un individuo abrigue resentimientos, será literalmente imposible para él imaginarse como sujeto lleno de confianza, independientemente y decidido, o sea, no podrá manifestarse como “capitán de su propia alma” ni “dueño de su destino”. La persona resentida trata siempre de pedirle las riendas a los otros individuos. Está constantemente dispuesta a que le dicte el prójimo cómo debe sentir y comportarse. Se hace totalmente dependiente del ser ajeno lo mismo que los mendigos. Propone demandas y reclamaciones irrazonables a los demás individuos. Por otra parte, si alguien quisiera hacerla feliz, la víctima de estos hábitos se mostrará más resentida aún y no se prestaría a ello. Si el resentido “cree” que otras personas le deben gratitud eterna o reconocimiento constante a causa de su valor superlativo, multiplicará el resentimiento en el caso de que estas “deudas” no le lleguen a ser pagadas. Si la vida le debe el modo de subsistir, el resentimiento mostrará mayor resentimiento aun si éste tarda en llegarle
El resentimiento, pues, no se aviene bien con la persecución de una meta creadora
En el proceso de la búsqueda de un fin el individuo es siempre el “actor” y nunca “el recipiente pasivo”. El individuo se marca sus propios objetivos y cree que nadie le debe nada. El sujeto no se responsabiliza, entonces, de su propio éxito y felicidad y el resentimiento no tiene cabida en la autoimagen, y, a causa de ello, éste no forma un “mecanismo de fracaso”
7. FUTILIDAD Quizás cuando haya leído este capítulo llegará a pensar que pueden existir personas que han logrado obtener éxito y felicidad no obstante las frustraciones, la agresividad mal dirigida, los resentimientos, etc. que hayan podido experimentar. Más no esté seguro de ello. Mucha gente adquiere los símbolos externos del éxito, pero cuando tratan de abrir el arca del tesoro, escondida durante tanto tiempo, suelen hallarla vacía. Se produce algo así como si el dinero que con tanto afán han tratado de conseguir se les volviera de pronto falso en sus propias manos. Para decirlo con pocas palabras: han perdido la capacidad de divertirse. Y cuando se ha perdido la capacidad de gozar de la vida, ninguna cantidad de riquezas –ni ninguna otra cosa tampoco-, podrá conducir a la felicidad ni al éxito. Esta clase de personas llegan a obtener el dinero del éxito, mas cuando van a abrirlo y lo rompen se encuentran con que éste era vano o estaba vacío
La persona que posee la capacidad de gozar y de divertirse, incluso con su propio Yo individual, hallará alegría en muchas de las cosas más ordinarias, simples y triviales de la vida. También logrará gozar de cualquier éxito de aspecto material que haya obtenido. La persona cuya capacidad de divertirse ha muerto no podrá gozar de nada
No le valdrá la pena de dedicarse a obtener un fin. La vida se le habrá de presentar como un terrible ladrón. Nada tendrá valor para ella. Se puede ver a esta clase de individuos pululando en los clubes nocturnos, durante noche tras noche, tratando de convencerse a sí mismos de que están divirtiéndose. Viajan constantemente de lugar a lugar, se entremezclan en multitud de grupos y siempre esperan divertirse, mas en realidad constantemente se hallan buscando una cáscara vacía. La verdad es que la alegría acompaña el proceso creador que encierra en sí mismo la lucha por alcanzar un objetivo. Es posible obtener un éxito fantasma, mas cuando lo consigue, el sujeto de esta clase se halla condenado a recibir una alegría nueva y privada de sentido
La vida es valiosa cuando el sujeto lucha por alcanzar objetivos de valor La sensación de vacío o “futilidad” constituye el principal síntoma de que el sujeto no vive creadoramente. El individuo, en este caso, no dispone de ningún fin que le resulte lo suficientemente importante, o no emplea sus talentos y esfuerzos en la lucha que habría de llevarle a la consecución de un objetivo valioso. La persona que se siente carente de propósitos llega a la pesimista conclusión de que “la vida no tiene propósitos”. El individuo que no se dispone a conseguir un fin valioso concluye afirmando que “la vida no vale nada”. La persona que carece de un trabajo importante se queja de que “no hay nada que hacer”. El individuo que se halla entregado activamente a la lucha por la vida o que hace todo lo posible por alcanzar un fin importante no se expresa con filosofías pesimistas, las cuales conciernen, únicamente, a “la futilidad de una vida sin sentido”
La futilidad no constituye el “medio” indicado para llevarnos a la victoria El mecanismo del fracaso llega a auto perpetuarse si no nos atrevemos a dar el primer paso que ha de conducirnos a romper su círculo vicioso. La futilidad, cuando uno ha llegado a experimentarla, puede convertirse en un “medio” de evitar el esfuerzo, el trabajo y la responsabilidad. Se convierte en una excusa o en la justificación de una vida carente de sentido creador. Si todo es vanidad, si no hay nada nuevo bajo el sol, si no vamos a lograr la alegría de vivir en ningún sitio, ¿por qué, entonces, nos hemos de molestar? ¿Por qué, además, habríamos de intentar de hacer nada? Si la vida sólo nos proporciona esfuerzo y fatiga; si trabajamos durante ocho horas cada día con el objeto de adquirir una casa en donde dormir; si hemos de reposar ocho horas para levantarnos y comenzar una nueva jornada de trabajo… ¿Para qué excitarnos por tan poca cosa? Todos estos razonamientos intelectuales se desvanecen, sin embargo, y llegamos a experimentar alegrías y satisfacciones cuando logramos escapar al “instrumento de tortura” y cesamos de darle vueltas al círculo vicioso de la futilidad, nos elegimos un fin determinado que perseguir y, en seguida, nos lanzamos el camino que, victoriosamente, habrá de conducirnos a la obtención de nuestro propósito. La futilidad y la imagen inadecuadas suelen ir juntas La futilidad puede también constituir el síntoma de una autoimagen inadecuada
Es imposible aceptar psicológicamente algo que uno cree que no lo pertenece o no se aviene con su Yo. La persona que mantiene una mezquina autoimagen puede guardar tendencias negativas durante tanto tiempo que, al conseguir un éxito genuino, llegue a incapacitarse a aceptarlo psicológicamente para poder gozar del mismo. Puede inclusive sentirse culpable de su autoimagen como si la hubiera robado. La autoimagen negativa quizás espolee a tal persona a la consecución del éxito mediante el bien conocido principio de la super compensación, mas ello no obsta para que yo me muestre partidario de la teoría de que el individuo debe enorgullecerse de su complejo de inferioridad o estar agradecido de poseerlo a causa de que a las veces logre adquirir, mediante éste, los símbolos del éxito. Cuando, finalmente, esta clase de persona los conquista, siente poca satisfacción en ello ya que es incapaz de “acreditar” a su propia mente la obtención del éxito. Para el resto del mundo, ésta es una persona que ha obtenido el éxito. Mas el mismo sujeto habrá de sentirse inferior e indigno, casi como si fuese un ladrón que hubiera robado “la relación de los símbolos” que él creyó sumamente importante. “¡Si mis amigos y asociados pudieran saber qué clase de tipo soy!”, se dirá el aludido personaje
Esta reacción es tan común que los psiquiatras la denominan “el síndrome del éxito” y se refiere al hombre que se siete culpable, inseguro y lleno de ansiedad cuando percibe que ha obtenido lo que deseaba. Esta es la razón a que se debe que el vocablo “éxito” se haya convertido para el sujeto de este tipo en una mala palabra. El verdadero éxito nunca daña a nadie. La lucha por la obtención de los fines más importantes para el individuo, no como “reacción de símbolos” sino en cuanto concierne a la avenencia que guarda con las más profundas necesidades de la persona, es siempre saludable. El esfuerzo que dedicamos a alcanzar un éxito real –el éxito logrado mediante la lucha-, al través de un proceso creador, nos produce grande satisfacción interior. La lucha llevada a cabo para conseguir un éxito fingido con el que arranquemos la admiración de los demás producirá siempre una satisfacción simulada
Eche un vistazo a las metas negativas, pero enfoque la imaginación a los fines positivos Los automóviles vienen equipados con “indicadores negativos” que se colocan enfrente del conductor para anunciarle el momento en que no carga la batería, cuando se recalienta el motor o la presión del aceite está demasiado baja, etc. La ignorancia de estas indicaciones negativas puede producir la ruina del coche. Sin embargo, no hay necesidad de sentirse indebidamente molesto cuando algunas de estas señales indican las necesidades que el automóvil requiere en este mismo instante. Simplemente, se le detiene en la primera gasolinera o en el primer garaje que se encuentra y se adopta la necesaria acción positiva con qué corregir las deficiencias del vehículo. Una indicación negativa no significa que el automóvil no sea bueno. Todos los autos se recalientan a veces. No obstante, el conductor del automóvil no debe mirar al tablero de control exclusiva y continuamente. El hacerlo así pudiera resultar desastroso. Tiene que enfocar su mirada a través del cristal, observar por dónde va, mantener la atención en la meta que persigue y a dónde quiere ir. El conductor sólo mira a los indicadores negativos muy de vez en cuando. Cuando hace esto, no mantiene por mucho tiempo la mirada sobre ellos. Enfoca rápidamente la vista en el camino que extiende delante de él y concentra la atención en la meta positiva que se propone alcanzar
Cómo emplear la ideación negativa También nosotros debiéramos adoptar una actitud similar en cuanto concierne a nuestros síntomas negativos. Yo mismo soy un firme creyente en lo que respecta a la “ideación negativa” cuando ésta es empleada con la debida corrección. Necesitamos “tener conciencia” de las ideas negativas de tal modo que podamos guiarnos, con respecto a ellas, con toda claridad. El jugador de golf necesita conocer donde están los hoyos y las trampas, pero no debe pensar continuamente en el hoyo a donde él no quiere dirigirse. Su mente “mira” al hoyo pero “se fija” en la yerba. El empleo correcto de este tipo de “ideación negativa” puede ayudar a conducirnos al éxito, si 1) nos mostramos lo suficientemente sensibles a la acción negativa de modo que ésta pueda servirnos de aviso de peligro. 2) reconocemos “lo negativo” por lo que en sí mismo, o sea, algo indeseable, algo que no queremos algo que no nos va a proporcionar la verdadera felicidad. 3) adoptamos la inmediata acción correctiva y la substituimos por el opuesto factor positivo inherente al mecanismo de éxito. Con esta práctica nos iremos creando, en el transcurso del tiempo, cierta clase de reflejo automático que se convertirá en parte de nuestro sistema de guía. El depósito de datos retroactivos y negativos de la retroacción funcionará como una especie de control automático, para ayudarnos a sortear claramente el rumbo de los fracasos y conducirnos al éxito.
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